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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Y tras Dolly, ¿qué?

"Sólo es un problema de tiempo y dinero, antes de que alguien lo haga en humanos". "La Ciencia sin conciencia no merece el nombre de Ciencia". La clonación de la oveja Dolly parece haber servido de detonante para expresar multitud de opiniones, tan opuestas como las anteriores.

Corresponde la primera frase al Dr. Cameron, profesor de Bioética de la Trinity International University, en Illinois, USA. La segunda, resume una intervención televisiva del representante de la Conferencia episcopal española. Posiblemente, ambas coincidan con el pensamiento de muchas personas. Tras la clonación de Dolly se acumularon las interrogaciones: ¿No tienen ningúna barrera los científicos?. ¿Se debe poner un límite?. ¿Quién se ocupa de la bioética de la Ciencia?. Parecía. por un momento que, junto a los comerciales Día del Padre, de la Madre, de San Valentín, etcétera, quisiese instituirse un Día de Responsabilidad Científica, en el que, como regalos, se lanzasen consejos a los científicos apelando a su responsabilidad y rechazando su propósito de querer saberlo todo. Pasado algo de tiempo, finalizada la tormenta informativa, podemos hoy examinar tranquilamente algunos aspectos científicos y bioéticos de la clonación, especialmente la humana.

CLONACIÓN. Seres clónicos son aquellos que poseen una misma dotación genética. En los animales superiores, incluso en el hombre, seste hecho ucede naturalmente, en el caso de los gemelos univitelinos, desarrollados a partir de varios embriones, procedentes de un mismo embrión inicial, cuyas células, todas, poseen los mismos genes. Respecto a clonaciones producidas por el hombre sobre animales, la primera documentada tuvo lugar, en 1968, en Oxford. El Dr. Gourdon, con ranas, implantó núcleos de células intestinales a otras células embrionarias desprovistas de núcleo, consiguiendo desarrollar embriones viables, con idénticos genomas, que originaron varias ranas clónicas. Después, llegaron consecuciones parecidas, en otros animales, destacando las truchas, ratones y conejos usados en Investigación. En un animal clónico se puede hablar de tres madres o ancestros diferentes. La genética es áquel o aquella de cuyas células procede el núcleo, es decir, el genoma. La aceptora es aquella que proporciona el oozito o embrión no fecundado, al que se le extrae el núcleo, que es sustituido por el de la madre genética. Finalmente, la madre reproductora es aquella a la que se le implanta el embrión y que, tras la gestación, sufre el parto.

DOLLY. En el caso de Dolly, algunos aspectos son singulares. Primero, que el equipo investigador de Ian Wilmut, su creador, ya había publicado un año antes, en la misma revista Nature, la obtención de varios corderitos clónicos, entre sí, usando núcleos procedentes de células embrionarias en cultivo. Segundo, que en todas las entrevistas detrás del Dr. Wilmut aparecía un logotipo comercial, de modo análogo a las entrevistas con ciertos deportistas. En este caso se trataba de la PLL Therapeutics, la compañía biotecnológica auspiciada por este investigador. Lógica e inmediatamente, en la Bolsa se disparó el valor de las acciones de esa compañía.Tercero y más importante, que el carácter clónico de Dolly no lo es respecto a posibles hermanas, ya que, entre varios centenares de embriones utilizados, el suyo fue el suyo el único viable. Dolly es clónica respecto a una de sus tres madres, concretamente, respecto a su madre genética.

El gran valor científico de la obtención de Dolly radica en que los núcleos celulares utilizados eran, no de células embrionarias, como en ocasiones previas había ocurrido, sino de células somáticas, procedentes de un tejido diferenciado, en este caso el de mama. Unas ingeniosas condiciones de cultivo de éstas células en el laboratorio las hacen comportarse genéticamente, no como células procedentes de tejidos diferenciados, sino como células germinales, permitiendo que sus núcleos funcionen igual que los núcleos de una célula embrionaria clásica.

¿Para qué clonar animales?. Para obtener animales idénticos que permitan realizar investigaciones diversas: efectos de fármacos, comportamiento de genes, animales transgénicos para conocer causas y tratamiento de las malignizaciones, o para la obtención de sustancias valiosas, o para que posean órganos humanizados, utilizables para trasplantes. Por ello, la producción de animales transgénicos, limitada en número, parece justificada. Pero, su uso comercial, aunque teóricamente posible, presenta todavía muchas dificultades prácticas que, aun en el caso de ser resueltas, harán que el proceso no sea factible en un tiempo inmediato.

CLONACIÓN HUMANA. A pesar de tales dificultades, entra dentro de lo científicamente posible la clonación de un ser humano. Ello abre la discusión inmediata sobre algunos aspectos científicos, éticos y legales. Evidentemente, la libertad científica es necesaria para el progreso. En frase de Jules Henri Poincaré "La libertad es para la Ciencia lo que el aire es para un animal". Otros opinan lo contrario. Quizá la postura adecuada sea la expresada por el Movimiento Universal para la Responsabilidad Científica, de las Naciones Unidas: "Los conocimientos científicos deben ser utilizados solamente para servir a la dignidad, a la integridad y al futuro del hombre, pero nadie puede impedir su adquisición".

Dentro de las consideraciones éticas obviaremos las religiosas, por su carácter subjetivo. Pero los límites éticos parecen imprecisos. En campos afines, no repugna la existencia de hermanos gemelos univitelinos. Respecto a manipulaciones, en alguna de las técnicas de fertilización in vitro las manipulaciones que se realizan son muy parecidas, radicando la principal diferencia de la clonación en que el material genético procede de un solo progenitor. Por ello, los argumentos han de tener un mayor apoyo en conceptos éticos, cuya naturaleza frecuentemente está muy ligada a aspectos culturales, sociales y geográficos, mutables temporalemente. Por ahora, parece haber consenso en apreciaciones como la del Dr. Cameron: "Parte de nuestra noción de la dignidad humana radica en nuestra idea de que somos diferentes. La clonación humana disminuiría la dignidad de todos nosotros". En todo caso, dos individuos clónicos no serían totalmente idénticos. Sus genes mitocondriales (procedentes de la madre aceptora) podrían ser diferntes. Y en el total de la personalidad el peso genético es importante, pero no exclusivo.

Las recomendaciones del Consejo de Europa, UNESCO y ONU. van en la dirección de considerar que el patrimonio genético es la mayor intimidad biológica que poseemos. No se debe manipular. El principio de integridad o identidad genética consiste en el derecho a heredar un patrimonio genético no modificable (salvo para fines terapéuticos). Y lo que se pretende es adicionar este principio a los de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En 1974, ante los avances de la genética molecular, los científicos solicitaron la creación de un foro común con expertos en Ciencia, Etica, Leyes, Religión, etcétera. En 1975, se pudo celebrar la Conferencia de Asilomar, que tanta repercusión tuvo en el desarrollo posterior de la Bioética. Con la clonación, nuevamente los cientifícos han sido los pioneros para conseguir la celebración, en fecha próxima, en Washington, de una Conferencia Mundial sobre Clonaje de Mamíferos, abierta interdisciplinarmente, a fin de analizar las implicaciones tanto científicas como sociales y éticas de este tema.