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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La producción de tejidos humanos

Sean G. McCormack, nacido en Norwood, Massachussets, se puede considerar como el prototipo de los jóvenes adolescentes americanos de su edad y su comportamiento es idéntico al de ellos, salvo, quizá, un punto de insensatez, dada su pasión por los deportes que demandan esfuerzos grandes, no en vano es el lanzador del equipo de béisbol de su colegio, aparte de ser un avezado ciclista de montaña. Pero, sobre todo, Sean tiene una particularidad única: es el primer humano que posee una gran parte de su pecho biotecnológicamente fabricado en un laboratorio.

Su problema fue que nació aquejado de una rara enfermedad congénita, el síndrome de Poland, lo que implicaba la inexistencia de cartílago o hueso bajo la piel del lado izquierdo de su pecho. El cartílago situado bajo el centro de su esternón se hacía señalar y su corazón estaba prácticamente desprotegido, de modo que se podían observar sus latidos a través de la piel.

INGENIERÍA DE TEJIDOS. La posible solución la abordó un grupo investigador del Hospital Infantil de Boston que están trabajando en Ingeniería de tejidos humanos. Tomaron una pequeña porción del trozo prominente del cartílago del joven y utilizaron sus células para "sembrarlas" sobre un soporte fabricado con un polímero biodegradable, a base ácido poliglicólico, moldeando el conjunto con la forma del torso izquierdo. Entonces se situó el conjunto, durante varias semanas, en un biorreactor, con un medio de cultivo celular adecuado, suministrándole ciertos factores de crecimiento. Se produjo el crecimiento celular y la reconstitución física de la estructura cartilaginosa, procediéndose a su implantación al paciente, sin problemas de rechazo, dado que se trataba de células derivadas de sus propias células. El sistema funcionó y el joven no solamente recuperó una apariencia física normal, sino que una vez transcurridos dos años desde la operación se ha comprobado que el tejido implantado funciona normalmente con el mismo ritmo de crecimiento que el normal de la porción derecha de su pecho.

Es indudable que esta es una bella historia de interés humano. Pero lo mejor de todo es que se trata de un mero ejemplo aleccionador del avance conseguido en los últimos 20 años en el campo de la bioingeniería de tejidos y órganos humanos. Y que, con mucha probabilidad en un futuro inmediato conoceremos de aplicaciones prácticas cada vez más interesantes y espectaculares. No en vano, aparte de las investigaciones oficiales, numerosas empresas están embarcadas en proyectos de este tipo, algunos de ellos muy avanzados. Algunos llegan a calificar las expectativas como de una nueva revolución en la Medicina.

PROYECTOS. Los conocimientos ya existentes sobre el crecimiento de células animales y humanas en el laboratorio y los avances vertiginosos realizados últimamente en sus aspectos científicos están permitiendo abordar temas de gran interés. Es sabido que las glándulas salivares secretan proteínas antifúngicas para luchar contra las infecciones de garganta o que la piel libera hormonas como la hormona del crecimiento. Entonces, ¿por qué no establecer nuestras propias factorías en el laboratorio, liberándolas de su pertenencia a un cuerpo humano?.

Otro ejemplo muy divulgado ha sido el éxito de la empresa americana Organogenesis que, a partir de unas pocas células epiteliales del prepucio de un niño, pudo obtener metros y metros cuadrados de piel viva, que puede ser manejada, cortada, mantenida viva e implantada sobre diferentes pacientes, sin riesgos de rechazo. El nombre comercial escogido fue el de Apligraf y, desde mayo pasado, tuvo la autorización para su uso médico, especialmente útil en el tratamiento de las úlceras de extremidades, tan usuales en los ancianos. La misma empresa está finalizando los ensayos clínicos sobre un cartílago biotecnológico que pudiera usarse para fortalecer la uretra o reparar los accidentes de rodilla o sobre un sistema de sustitución de tibias que se cree pudiese estar operativo en un par de años.

En varios laboratorios del mundo se están cultivando tejidos óseos procedentes de personas que perdieron algún(os) dedo(s) en accidentes. El propósito es fabricar dedos biotecnológicos que les serán reimplantados, adicionándoles factores de crecimiento con la fundada esperanza de conseguir también la regeneración de nervios y tendones, con la consiguiente recuperación de funcionalidad.

El verano pasado los investigadores de un hospital de Boston consiguieron el gran éxito de implantar, con éxito, 10 nuevas vejigas urinarias biotecnológicas en los correspondientes 10 corderitos a los que se les había despojado de las suyas naturales. Como es lógico, ahora están implicados en la repetición del proceso, pero sobre humanos, es decir, en conseguir en breve tiempo la implantación de vejigas urinarias, crecidas a partir de células fetales, en adultos humanos necesitados de ellas.

Y, el pasado mes de junio, diversos importantes científicos se reunieron en Toronto, para dar comienzo a una iniciativa cuya consecución se estimó en unos diez años: el crecimiento y obtención, en el laboratorio, de un verdadero corazón humano. Puede parecernos dificilísimo o inalcanzable, pero el proyecto científico ya está en marcha.

EMPRESAS. Esta posibilidad, como las demás, sería un gran logro humanitario pero, también, un gran negocio. Se ha estimado que el monto potencial de los tejidos y órganos crecidos en laboratorio podría superar la cifra de 80.000 millones de dólares anuales. Aunque esto no es casi nada si lo comparamos con datos como que, solo en EE.UU., se gastan anualmente más de 400.000 millones de dólares en pacientes que sufren pérdidas de órganos o tejidos, suponiendo casi la mitad de su factura sanitaria. O, que se realizan anualmente 8 millones de intervenciones quirúrgicas para ese tipo de patologías. O, que mueren 4.000 personas en espera de un trasplante. Y otras 100.000 mueren incluso antes de entrar en la lista de espera de trasplantes.

Aunque existen actualmente en el mundo más de un centenar de empresas activas en este campo, he aquí el nombre y los productos perseguidos por unas pocas de ellas, para que nos sirvan de muestrario de posibilidades: Atrix Laboratories y Creative Biomolecules, con tejidos conectivos, para tratar problemas de tejidos blandos y soldar fracturas óseas; Biomatrix, que ya ha tenido un buen éxito con el Synvisc, un producto para tratamiento de osteoartritis en la rodilla; Cytotherapeutics, desarrollando productos útiles para desórdenes del sistema nervioso central tales como las enfermedades de Hungtinton o de Gehrig; Gilford Pharmaceticals, desarrollando productos de regeneración nerviosa para la enfermedad de Parkinson o las víctimas de daños en la médula espinal; Lifecell, que trabaja en válvulas cardíacas crecidas en laboratorio así como en tejidos dentales; Regeneron Pharmaceuticals, intentando desarrollar tratamientos basados en proteínas para combatir a enfermedades neurodegenerativas, atrofias musculares, formaciones óseas anormales, etcétera.

En suma, una nueva ventana de esperanza hacia el futuro, que se abre gracias a las investigaciones científicas, con el deseo de que su aplicación práctica biomédica se pueda hace realidad en el menor plazo posible.