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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¡Agere aude, Universidad!

El conocido "sapere aude" (¡atrévete a saber!) de Kant podría convertirse en un "agere aude" (¡atrévete a obrar!) aplicado a la Universidad, como respuesta a su situación. En la colaboración anterior comentamos la existencia, ya real, de una verdadera "aldea global académica" lo que obliga a replantear las tres funciones esenciales universitarias: a) descubrir y crear saberes; b) depósito de la Ciencia, en el sentido amplio de esta palabra; y c) transmisión de conocimientos.

Hay que obrar, pero ¿en qué sentido?. Posiblemente algunas de las claves las encontremos en las motivaciones que acompañaron, en la Edad Media, la propia creación de las Universidades que, como verdaderos polos atractivos, motivaron en aquellos azarosos tiempos, el desplazamiento desde lejanos lugares de alumnos y profesores.

UNIVERSIDAD ESPAÑOLA.Fue la gran olvidada de los Pactos de la Moncloa, que trataron de revitalizar la sociedad española. El posterior proyecto de Ley de Autonomía Universitaria pretendía modernizar la Universidad pero naufragó junto con la UCD. A pesar de las encomiables declaraciones de intenciones que acompañaban la Ley, la siguiente Administración aprobó la de Reforma Universitaria, que poco reformó, salvo algunas situaciones del profesorado, funcionarizándolo. La transferencia de competencias estaba predeterminada constitucionalmente y el interesante propósito de armonizar los intereses sociales y universitarios se articuló mediante los Consejos Sociales, que han resultado ser entes excesivamente oficializados, con un influjo real escaso, comparado con las expectativas existentes.

La actual estructura del profesorado se traduce en una endogamia que afecta a más del 95% de los puestos, así como en una confusión de competencias entre diversos y múltiples órganos, lo que dificulta la elaboración y realización de una política universitaria definida. La burocratización esteriliza un buen número de esfuerzos. Como consecuencia, una considerable proporción de los universitarios más valiosos han optado por retraerse de la participación en los múltiples órganos de gobierno, cuyos puestos suelen ser ocupados por personas de menor proyección académica. Por otra parte la "democratización" de la Universidad ha favorecido la política del "café para todos". Como el gran universitario y ex-Rector de la Universidad de Murcia que fue el profesor Sabater expresaba claramente, hace unos años: "en la Universidad española la rechazable dictadura de los catedráticos ha sido sustituida por la igualmente rechazable dictadura de los mediocres".

CREACIÓN DE CIENCIA. En la Universidad española no todo es negativo. En el periodo 1982-1990, bastó con inyectar algunos fondos económicos en el sistema español de Ciencia para que, medidos con parámetros internacionales, se produjese un incremento anual del 9% en la producción investigadora, cuya calidad, también evaluada internacionalmente, se incrementó al doble. Ello demuestra que la capacidad de respuesta existe. Sin embargo, desde 1990, con cuatro ministros diferentes, los presupuestos están congelados. A pesar de las promesas, no hemos alcanzado la inversión del 1% del producto bruto, que, aun así, sería menos de la mitad que la media de la Unión Europea. Lo mismo sucede con el número de científicos por 10.000 habitantes, que es 26 frente a más de 50 en la Unión Europea.

CONSERVACIÓN Y TRANSMISIÓN DE CONOCIMIENTOS. La fortaleza de las Universidades se traduce en múltiples indicadores. Uno de ellos es el número de libros de sus bibliotecas. En USA más del 30% de sus más de 300 instituciones universitarias poseen más del millón de volúmenes y, a cada alumno, le corresponden unos 100 libros. En España solo una Universidad supera el millón de ejemplares y, como media, cada estudiante cuenta únicamente con 10 libros, cifras que, desde luego, son muy superadas por naciones de características comparables a las de España.

Poseemos uno de los mayores porcentajes de estudiantes universitarios del mundo. La consecuencia ha sido una tremenda masificación en centros en los que, irresponsablemente, no se ha permitido ninguna limitación o las limitaciones son irreales. Según el profesor Fernández de Carvajal: "nuestros alumnos...apretujados en el aula, creen que el problema se resolvería dividiendo el gran grupo en cuatro o seis grupos de cincuenta, y así lo proclaman y aun reclaman. Pero la división, por falta de profesores preparados, tan solo generaría una mecánica conversión de masa en masitas". Cabe añadir que, además, ello significaría un engaño a los estudiantes (sin futuro profesional posterior), una estabilización laboral de profesores comparativamente mal preparados y una dilapidación de los escasos recursos financieros existentes, que se destinan al desarrollo de tejidos universitarios enfermos en lugar de alimentar a los sanos. Sorprende mucho que algunas de nuestras universidades, en nuestro entorno más próximo, sigan actuando en esa dirección justificándolo con el peregrino pretexto de la "mejora de la enseñanza".

SOLUCIONES. Bill Gates, con gran sentido de la anticipación, en su "Camino al futuro" indica claramente que el objetivo final de la enseñanza cambiará "ya que no consistirá en obtener un diploma, sino en disfrutar del aprendizaje a lo largo de toda una vida". Ello significará volver a algunos de los signos que acompañaron el nacimiento de las universidades entre ellos a un amplio sentido de la cultura ya que como explica el ya citado profesor Fernández de Carvajal: "la cultura general es el común denominador que unifica...; por tanto...es el aglutinante que hizo ayer y sigue haciendo posible la existencia de la Universidad. Sin ella esta se disgrega en un caos".

Otro retorno será el de la movilidad de profesores y alumnos. Por ello, las universidades que sobrevivan han de basarse en su atractivo, en su competitividad, en la excelencia de la Ciencia que hagan y transmitan, sin dejar sitio para la mediocridad. Ello podrá significar no crecer en tamaño (la divisa actual de la Universidad de Michigan es "más pequeña, para mejorar") sino en calidad y satisfacción al usuario. La administración será más descentralizada (lo contrario que ciertas tendencias próximas), telecomunicada y desburocratizada.

La actividad docente e investigadora funcionarial ser sustituirá paulatinamente por la contractual, ya que, sin ello, se imposibilitaría la evolución. Las universidades habrán de potenciar las colaboraciones interuniversitarias y primar a sus grupos investigadores de calidad, ya que por las características de financiación de éstos, son menos costosos para la Universidad y proporcionan un mayor valor añadido. En resumen, parece que, citando nuevamente al profesor Fernández de Carvajal, adquirirá su mayor validez el principio de que "el ideal de atracción de los mejores es la clave del arco universitario". En cualquier caso las universidades habrán de tener claro que el énfasis recaerá en que la enseñanza es algo más que la mera información y transmisión de conocimientos. Hacen falta otros conceptos como comunidad, liderazgo, guía, etcétera, para que se haga real el deseo de Benjamín Disraeli de que la Universidad sea un lugar de luz, libertad y aprendizaje.