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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Un espléndido balance

El final de año, siglo y milenio se presta, de modo espontáneo, a la realización de un balance sobre lo acaecido atrás y las perspectivas futuras. También en la Ciencia, más aun cuando la Ciencia actual penetra en todos los aspectos de la existencia humana, no solo en el terreno de la tecnología y hábitos de vida sino, incluso, en nuestra concepción del mundo, de la vida, de la propia existencia.

No es de extrañar, pues, que algunos de los principales foros mundiales de la Ciencia también realicen balance científico en estas fechas de paso del año 2000 al 2001. Y nunca había habido tanta unanimidad como hasta ahora. Solamente nos vamos a referir a dos de estos foros, los correspondientes a las revistas Science y Popular Science. En ellas ha habido coincidencia: los honores científicos del año pasado e, incluso, del siglo y del milenio, corresponden al conocido como Proyecto Genoma Humano, al que acompañan otra docena de importantes consecuciones. A ello dedicaremos esta colaboración y en la próxima también comentaremos brevemente las principales predicciones futuras, el principal fiasco del año, etcétera.

GANADOR. El genoma (los genes) de los seres vivos es la antorcha que transporta la vida de una generación a la próxima en todos los organismos vivos. Y cada genoma, sus moléculas de ADN, están "escritas" en un lenguaje cuyo alfabeto consta solo de cuatro letras, sin espacios de separación entre las palabras, todas ellas de tres letras, siendo cada palabra de tres letras la codificadora de uno de la veintena de aminoácidos diferentes que en forma de largas secuencias constituyen cada proteína o enzima.

El año 2000 ha sido emblemático para los científicos empeñados en descifrar este "libro de la vida", obteniendo billones de bytes de datos de secuencias, como consecuencia de una afortunada concurrencia de conceptos y metodologías de la biología, química, física, matemáticas, ingeniería e informática. El avance realizado ha sido fantástico. Hace un año se conocían las secuencias genómicas de unos pocos microorganismos y de un solo organismo pluricelular, el del pequeño gusano Caenorhabditis elegans.

¿Cómo es la situación actual?. Aparte del propio genoma humano, se han completado o están finalizando los genomas de unas cinco docenas de microbios (incluyendo los responsables de la meningitis o el cólera), de la mosca de la fruta, de la planta Arabidopsis thaliana, del ratón, de la rata, del pez cebra, o del venenoso pez globo o pez pelota. Otro dato: en mayo de 1999 los archivos públicos habían registrado unos 700 millones de datos del genoma humano; en mayo del 2000 la cifra se había cuadruplicado y el pasado agosto se superó la cifra de 4.000 millones de datos. Se han completado los cromosomas 21 y 22 humanos. Y lo mejor de todo es que la mayor parte de este aluvión de datos está accesible gratuitamente para todos los científicos del mundo, ocasionando que la Genómica, el estudio de los datos genómicos, se haya convertido en uno de los campos científicos más activos actualmente. Ello ha sido posible por la acción combinada de la Investigación pública y privada, que se inició como una feroz competición y que se ha transformado en una fructífera y colaborativa competición.

PERSPECTIVAS. Una de las consecuencias más inmediatas ha sido la de descubrir que tenemos más en común con el resto de los seres vivos terrestres de lo que previamente habríamos sospechado. Mirando hacia atrás, ello nos permitirá conocer con más detalle los caminos de la evolución humana y los análisis comparativos de secuencias nos descubrirán la historia de las migraciones prehistóricas humanas.

También, el Proyecto Genoma Humano, con el estudio de los genes humanos y el de otros seres vivos, ha conducido al descubrimiento de los componentes genéticos de muy diversas enfermedades. Entre ellas se encuentran diversos tipos de cáncer de mama (el gen BRCA2 hace a las mujeres más susceptibles), la ceguera total al color, sordera genética, ciertas epilepsias, Alzheimer y un largo etcétera, lo que permitirá desarrollar métodos eficaces de detección de susceptibilidades a las enfermedades y, con ello, abordar las adecuadas prevenciones o terapias tempranas. Todo ello con independencia del deseable despegue futuro de la Terapia Génica.

Los investigadores ya están usando las nuevas tecnologías para estudiar multitud de genes así como sus proteínas codificadas. Con millares de bits de información genética se fabrican chips genéticos que están permitiendo investigar simultáneamente la expresión cualitativa y cuantitativa de millares de genes. Ello está posibilitando un conocimiento más profundo sobre aspectos tan interesantes como la heterogeneidad del cáncer, las causas del envejecimiento o la complejidad de nuestro sistema inmunológico. En el año 2000 se ha realizado otra aproximación tecnológica parecida a las ya existentes con los ADN, pero basada en proteínas. Así, con un estudio de interacciones entre proteínas, usando la información procedente de 27 proteínas de un nematodo, los investigadores han sido capaces de descubrir las funciones de otras 100 proteínas que, hasta ahora, constituían un misterio total.

Sin duda, con el futuro conocimiento genómico humano individualizado, por medio del conocimiento de los conocidos como polimorfismos de nucleótidos simples, la medicina conseguirá alcanzar la etapa en la que los medicamentos y otros tratamientos médicos se podrán ajustar a la medida de los genes de cada enfermo en lugar de tratar sus síntomas físicos externos.

EL FIASCO. El que se puede llamar el mayor fiasco científico del año 2000, fue el descubrimiento del Archaeoraptor, o soñado enlace perdido entre las aves y los dinosaurios, un problema muy candente, merecedor de su presentación por todo lo alto, a finales de 1999, en las páginas de la revista National Geographics. El fósil, con 125 millones de años de antigüedad, consistente de dos porciones, un cuerpo y una cola, procedía de la provincia de Liaoning, en China, muy rica en yacimientos de dinosaurios emplumados y otros fósiles.

En febrero de 1999 se había presentado ese fósil en una exposición americana, donde fue comprado por 80.000 dólares por el artista y paleontólogo amateur Stephen Czerkas. Czerkas le pidió a un paleontólogo amigo, al Dr. Philip Currie, que fuese coautor de un artículo que describiese el descubrimiento, y este científico puso como condición que el fósil fuese devuelto a China. El Dr. Currie mencionó el hecho a la revista National Geographics que, sin más preámbulos, en octubre de 1999, publicó con gran despliegue informativo la descripción y el nombre propuesto para el hallazgo. Pero cuando el Dr. Currie examinó los restos detenida y personalmente no pudo descubrir la conexión entre cuerpo y cola, aunque siguió pensando que procedían del mismo animal.

Pronto, todo se vino abajo, cuando el Dr. Xu Xing, del Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Vertebrados de Beijing, notificó la existencia de un hallazgo de otra cola semejante a la que se había adjudicado al dinosaurio Archaeoraptor. Profundos e incuestionables estudios científicos, publicados en Nature y en Science demostraron que ese tipo de cola o rabo no estaban unidos a ningún animal volador sino a un tipo de dinosaurio corredor conocido como dromaesaurio. En el mes de abril del año 2000 National Geographics, tras un estudio asesorado por un gran panel de científicos, hubo de reconocer que los restos del buscado enlace perdido Archaeoraptor realmente pertenecían a dos animales distintos. Se había desvanecido el hallazgo del posible eslabón perdido entre las aves y los dinosaurios.