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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

E-ELT, otro gran sueño en peligro

E-ELT, otro gran sueño en peligro
Ilustración :: ÁLEX

Francisco Sánchez, un astrofísico nacido en Toledo, es director del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), uno de los más prestigiosos centros científicos españoles. El Dr. Sánchez recibió la semana pasada el galardón Servicio a la Astronomía, concedido por la Royal Astronomical Society del Reino Unido.

Finalidad
Hace unos días, la revista 'Nature' publicaba un escrito del Dr. Sánchez defendiendo la candidatura de la isla de la Palma para la instalación del ELT. Estas siglas son del European Extremely Large Telescopy (Telescopio Europeo Extremadamente Grande) propuesta por el ESO (Observatorio Europeo del Sur) para denominar al que constituirá una nueva generación de telescopios ópticos, con un espejo de más de 42 metros.

Las características del E-ELT, con su gran espejo, permitirá abordar cómo y por qué el Universo ha pasado de su singularidad inicial a la complejidad que observamos hoy, rastrear la evolución hasta el nacimiento de la vida, y posibilitaría el estudio del cada vez mayor número de planetas extrasolares descubiertos, el de los discos protoplanetarios exteriores al Sistema Solar, la naturaleza de la energía oscura y los mecanismos de la formación de galaxias.

El E-ELT realizará las observaciones en la región de onda de la luz visible, cerca de los infrarrojos en una estructura de 80 metros de altura y cúpula semiesférica. Para competir con los observatorios espaciales, cuyas vistas no están empañadas por la atmósfera, los telescopios terrestres requieren espejos de diámetro gigantesco. Para solucionarlo se usará un novedoso diseño de cinco espejos, con la técnica de la óptica adaptativa, que compensa las interferencias de la atmósfera terrestre. El sistema cuenta con un espejo de 2,5 metros de diámetro que, gracias a más de 5.000 elementos móviles, ajusta su forma, mil veces por segundo, a las distorsiones atmosféricas. El 'truco' de la óptica adaptativa se basa en usar una estrella u objeto conocido como referencia, de tal forma que el sistema, que sabe como debería estar «viéndolo», es capaz de comparar las diferencias entre la imagen teórica y real, aplicando las compensaciones necesarias. Es parecido a los sistemas de estabilización de imagen de las cámaras de foto y de vídeo que corrigen las imágenes movidas. Los sistemas de óptica adaptativa más modernos pueden crear su propia referencia disparando un láser que crea esta guía, tal como hará el E-ELT.
Otras características del telescopio son: gira 360 grados; el espejo principal está formado por 984 unidades o segmentos hexagonales de 1,45 metros, recoge la señal luminosa y la refleja en otro espejo más pequeño (6 metros) situado sobre él; el segundo espejo refleja la luz hacia un tercero aún menor; el tercero lo transmite hacia otro nuevo espejo abatible ubicado sobre él; éste es el espejo adaptable mil veces por segundo; un quinto espejo estabiliza. Se espera que el E-ELT superará en más de cien veces la sensibilidad de los telescopios ópticos actuales más potentes, proporcionado una gran resolución angular de entre 0,001 y 0,6 segundos de arco, lo que permitiría detectar desplazamientos planetarios y estelares muy lentos, esenciales para el estudio de los exoplanetas, superando al telescopio Hubble en el detalle de muchas de sus observaciones.

Ubicación
Decidir la ubicación del E-ELT es urgente. Por lo que significa de inversión y de estímulo científico-tecnológico, la zona elegida disfrutará de unas repercusiones favorables inmensas. La construcción, contemplada en el Plan Europeo de Infraestructuras de Investigación y en el Plan de Infraestructuras de la organización Astronet está en la fase B de evaluación que terminará este año con diversos contratos con la industria para diseñar y producir prototipos de elementos clave. Como existen en el mundo otros proyectos parecidos como el del Thirty Meter Telescope y el Giant Magellan Telescope, la construcción no puede demorarse mucho más, y su costo estimado global es de casi mil millones de euros.

Por mucha tecnología que se utilice hay siempre un enemigo a vencer: la atmósfera terrestre, que actúa como escudo protector frente a ciertas radiaciones y como elemento distorsionador en la calidad de imagen. Los mejores sitios para la observación astronómica suelen ser aislados (sin contaminación lumínica), altos (menos atmósfera) y secos (poco vapor en la atmósfera), aparte de otras circunstancias: nubosidad, sismicidad, habitabilidad cercana, etc. La ubicación ideal sería la Antártica, pero ello es imposible por motivos económicos.

Entre los 6 posibles lugares de ubicación los dos finalistas seleccionados por la ESO fueron las Islas Canarias y el Cerro Armazones, en Chile. Para España y sus astrofísicos ha supuesto un jarro de agua fría el que el 4 de marzo de 2010 el Comité para la selección de la ubicación del ESO recomendase, aunque sin carácter definitivo, la «ubicación de referencia» de Cerro Armazones. Pero como la decisión final aún no está tomada aún queda un resquicio de esperanza para España. Bastantes expertos opinan que el cielo canario es tan bueno como el chileno y que se debe tener muy en cuenta el alto grado de sismicidad chileno, que sería una gravísima permanente amenaza.

El acceso al telescopio para los investigadores españoles será el mismo, independientemente de donde se ubique, pero es indudable que si lo fuese en suelo español el retorno económico de la inversión se multiplicaría, así como las oportunidades científicas.

Tibieza
¿Podría haber defendido mejor España la candidatura canaria? Así lo parece. Los parlamentarios europeos mostraron su apoyo a la opción canaria a principios de año. El gobierno español permaneció en silencio. Chile presentó su candidatura el 17 de febrero pasado. España, finalmente, lo hizo en el último instante, a punto de expirar el plazo y, prácticamente, coincidente con la recomendación del ESO favorable a Chile. El contenido de la propuesta no fue adecuadamente consultado con la comunidad científica ni conocido previamente, aunque es cierto que contempla una participación económica de 300 millones de euros.

Lo peor fue la poca confianza mostrada por los representantes políticos españoles. El siete de abril, la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, aseguraba en Bruselas que era difícil lograr la ubicación en La Palma. En otras declaraciones posteriores, en el Senado, la ministra fue crítica respecto a la inversión canaria en el proyecto, mientras que el gobierno canario, a su vez, criticaba la falta de diálogo con el Gobierno central.

La opinión pública y los profesionales están reaccionando aunque, posiblemente, tardíamente. Así, a principios del mes de abril el Consejo Superior de Cámaras se dirigió al Ministerio de Ciencia e Innovación a través de un escrito de su presidente, Javier Gómez-Navarro, dando respuesta a la petición de apoyo solicitada desde las islas.

También se han puesto en marcha otras iniciativas y plataformas de apoyo, en Internet, a través de Facebook, en alguna cadena de radio, etc. En cualquier caso, la idoneidad de Canarias viene avalada, como declaraba el director del IAC por «600 instalaciones científicas de un total de 18 países que han confiado en la calidad del cielo canario para la astronomía».

Una duda queda sin resolver. ¿Por qué esa falta de entusiasmo en defender la candidatura española para un proyecto que es tan beneficioso y real?

Más en: http://www.eso.org/public/teles-instr/e-elt/index.html.