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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Cajal: el genio aislado

"Cómo surgió Cajal en el páramo científico de la España de su tiempo es para mí un milagro. También fue otro milagro para mí el que surgiese en la música una figura como la de Mozart. Ambos son, en cierto modo, seres sobrenaturales, poseídos de unas dotes y cualidades esencialmente sobrehumanas".

Así escribía otro Nobel científico, Severo Ochoa en un prólogo del libro de Cajal Reglas y consejos sobre Investigación científica. Añadiendo otras expresiones como "Cajal fue un autodidacto, un genio como...otros que han descorrido el velo que ocultaba a nuestros ojos la visión de la naturaleza". O lo siguiente: "A él y a su escuela, incluyendo la de don Pío del Río Hortega, debe el mundo los conocimientos esenciales sobre la fina estructura del sistema nervioso, que es en definitiva la clave de su actividad y de su significación funcional". La llamada generación del 98 consigue con Cajal una participación inigualable de la Ciencia, aunque lo sea a título individual, como una excepción rodeada de un entorno de mediocridad.

Transcurridos 64 años desde su muerte, la obra de Cajal adquiere tal magnitud que sus aportaciones siguen hoy siendo citadas y comentadas en numerosos artículos científicos sobre el sistema nervioso aparecidos en las más prestigiosas revistas científicas del mundo. Su nombre, frecuentemente va acompañado de expresiones como "el más famoso de los neuroanatomistas" o "el excepcional neurobiólogo español". Adelantado a su tiempo, al final de la década actual, científicamente declarada como "la década del cerebro", están ahora descubriéndose los aspectos fascinantes del cerebro que le hacían reflexionar a Cajal hace casi un siglo: "El arcano inescrutable de la organización del cerebro...nos atrajo. Veíamos que un conocimiento exacto de la estructura del cerebro era de supremo interés para la construcción de una psicología racional. Conocer el cerebro... es equivalente a averiguar el curso material de los pensamientos o los deseos". Cajal, que constituye una parte importantísima de la llamada generación del 98 es, también, el gran Premio Nobel español genuino e indiscutible. No olvidemos que Ochoa tuvo que nacionalizarse como ciudadano americano ni tampoco las controversias sobre la valía literaria de Echegaray o de Benavente.

SU VIDA. Nació Santiago Ramón y Cajal, en el año 1852, en la pequeña aldea de Petilla de Aragón, hijo de un cirujano rural. Su niñez y adolescencia transcurrieron en pequeñas localidades del Alto Aragón, estudiando el bachillerato en Jaca y Huesca. Cursó Medicina en una modesta escuela provinciana de Zaragoza, creada al amparo de la libertad docente proclamada tras la revolución democrática de 1868. Unas oposiciones a médico militar le llevaron a ejercer su misión primero en Cataluña (conflictos contra los carlistas) y, después, en Cuba (guerra colonial). En 1877, dos años tras su regreso a España, sus estudios de doctorado, en Madrid, le pusieron en contacto con la Universidad y con la Histología, materia de la que quedó permanentemente fascinado. Por ello, tras regresar a Zaragoza gastó todos sus ahorros en la instalación de un modesto laboratorio micrográfico donde trabajaba incansablemente.

Su verdadera labor investigadora la comenzó en Valencia, al ganar, en 1883, las oposiciones a una cátedra de Anatomía de su Facultad de Medicina. Allí publicó, también, su primer Manual de Histología, en fascículos, aunque esta materia era propia del doctorado y no se incluyó, hasta 1887, en la licenciatura de Medicina. Con este motivo se crearon diversas cátedras, entre ellas la que obtuvo ese mismo año en Barcelona, donde permaneció cinco años, dedicado a la Investigación "no ya con ahínco, sino con furia", siendo, sin duda, sus más productivos. En 1892 ya era universalmente famoso, sobre todo fuera de España.

Dos años antes había quedado vacante la cátedra de Histología de la Universidad de Madrid, a la que se presentaron varios candidatos, entre ellos el propio Cajal y Luis Simarro. Este era un ilustre psiquiatra de vasta cultura quien, unos años antes, le había enseñado a Cajal una técnica de tinción histológica con cromato de plata, original del profesor italiano Camillo Golgi, que permitía teñir de forma precisa y selectiva las células nerviosas y sus terminaciones. Simarro no había realizado ninguna contribución histológica notable, pero era un político notable, muy conocido en Madrid. Sus diversos subterfugios consiguieron demorar largamente la oposición y que Cajal consumiese su paciencia y sus ahorros, por lo que pensó abandonar y quedarse en Barcelona. Al conocerse en una reunión internacional de anatómicos la causa de la ausencia de Cajal, el famoso maestro de la histología alemana, Kölliker, le escribió: "Entre nuestros comunes amigos ha producido extrañeza el saber que usted tenía que hacer oposiciones a una Cátedra. ¿Quién será, dijimos, el que pueda competir con Cajal?. Pues desde Vesalio no sabemos que España haya producido un anatómico como usted". Finalmente, en 1892, la cátedra de Madrid fue para Cajal y allí permaneció investigando fructíferamente hasta su jubilación. En 1906 recibió el Premio Nobel de Medicina, junto con Golgi. Cumplidos los sesenta años, en 1912 y 1913, aun seguía ideando nuevos métodos de tinción. Al final de su vida su gran ilusión era la de publicar una tercera edición actualizada de su libro Textura del Sistema Nervioso, pero solo pudo concluir, antes de morir, en 1934, un primer gran capítulo sobre la teoría de la neurona que se publicó en la Revista de Neurobiología, con el título de "¿Neuronismo o reticularismo?".

SU OBRA. La que actualmente se conoce como teoría neuronal, origen de todos los estudios sobre el sistema nervioso, la postuló Cajal en 1889. Indicaba que el sistema nervioso se compone de unidades individuales, estructuralmente independientes entre sí, cuyos contenidos internos no se ponen en contacto directo, sino que la comunicación entre células nerviosas adyacentes, pero separadas, debe tener lugar a través del espacio y las barreras que las separan. Para demostrarlo usó, modificándolo y mejorándolo, el método de tinción de Golgi. Para resumir las ideas de Cajal, el gran neurofisiólogo inglés Sherrington acuñó el término sinapsis, indicando que: "¿Sería mucho decir que (Cajal) fue el anatómico del sistema nervioso más grande que se ha conocido?...hizo posible, incluso para un bisoño, reconocer con una ojeada la dirección que toma la corriente nerviosa en la célula viva y en la cadena compleja de células nerviosas".

Cajal sabía que para que se aceptasen internacionalmente sus buenas nuevas tenía que competir adecuadamente. Por ello publicó en revistas alemanas, francesas e inglesas y, personalmente, dio charlas y hacía demostraciones prácticas en las frecuentes reuniones internacionales a las que asistía asiduamente. Las investigaciones de Cajal se extendieron a la retina, el cerebro y los ganglios simpáticos. Y, además, realizó aportaciones teóricas perdurables como la ley de la polarización dinámica de las neuronas, o su teoría respecto de que la ontogenia del sistema nervioso reproduce, abreviadamente, su filogenia. La aplicación de sus propias técnicas de tinción con nitrato de plata le permitió estudiar, asimismo, la regeneración y la degeneración de los nervios y de las vías nerviosas centrales. También, hacer investigaciones comparadas de la textura del cerebelo y del bulbo raquídeo, la génesis de los nervios motores y sensoriales, las expansiones neuronales en el embrión y un largo etcétera. Sus últimas aportaciones fueron sobre los centros nerviosos de los insectos, entre ellos sus ojos y retinas, "abrumado por el soberano ingenio constructor que campea, no solo en la retina... sino hasta en el ojo más ruin de los insectos".