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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

El crimen amazónico

La Naturaleza, ante una acción nociva, automáticamente tiende a desarrollar mecanismos de compensación. Pero los satélites, como el europeo ERS-1, muestran que la intensidad de la deforestación en el mundo merece nuestra gran inquietud respecto a sus efectos nocivos sobre los recursos del planeta, la alteración del clima y la biodiversidad de las formas vivientes.

Un cuarto de la superficie terrestre está todavía cubierta de bosques y selvas, es decir, cerca del 7% de la superficie del globo. Junto a los océanos, los bosques constituyen nuestro principal tesoro ecológico: aparte de albergar materias primas y alimentos, colaboran importantemente a la regulación del clima, el ciclo del agua y la cadena alimentaria, albergando más especiales vivas que cualquier otro ecosistema. Pero el hombre provoca la desaparición anual de 200.000 kilómetros cuadrados de selva tropical, con una eliminación de carbono a la a atmósfera, en forma de dióxido de carbono, de más de 5.000 millones de toneladas anuales. He aquí algunos ejemplos: en Brasil la superficie anual deforestada se triplicó en tres años. En Tailandia, la cubierta forestal disminuyó un 30 % en cuatro años. En Filipinas, las dipterocarpáceas, de bosques de gran altura, han sido destruidas en un 90%, desde 1960. En Costa de Marfil y Ghana han desaparecido más del 80% de sus bosques. Aunque la deforestación de bosques y pluriselvas sea un fenómeno general, en América y, concretamente, en el Amazonas, es especialmente grave.

AMAZONAS. En sus incursiones por la selva, el conquistador Francisco de Orellana descubrió 70 poblados habitados por mujeres guerreras, a las que comparó con el Amazonas mitológico. Ello sirvió para designar tanto a la zona de pluriselvas como al río-mar que mide hasta 11 kilómetros de ancho, con 6.577 kilómetros de curso. El río nace en los Andes y recibe diversos nombres a su paso por Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, pero a partir de Manaus, en Brasil, es llamado Amazonas. Su cuenca, la más caudalosa del mundo, posee más de 1100 afluentes, con la quinta parte de la producción mundial de agua dulce. Sus selvas proporcionan el 50% del oxígeno que necesita la tierra y, en ellas, se albergan más de la mitad de las especies vivas de nuestro planeta. El profesor de Harvard E. Wilson estima que la selva amazónica cobija a más de 15 millones de plantas y animales. Aunque la mayoría sean insectos e invertebrados, la Amazonia cuenta con más árboles, mariposas, libélulas, anfibios, reptiles, peces, aves y murciélagos que cualquier otro ámbito planetario.

Los aborígenes creían que los árboles sostenían la bóveda celeste. Realmente no estaban muy equivocados, ya que cuando desaparece un árbol también lo hace en gran parte la vida vegetal y animal que le rodea, pues el enorme dinamismo metabólico de la selva tropical causa una fertilidad extraordinaria pero también una extrema fragilidad ecológica. E interesa saber que los científicos piensan que en las plantas amazónicas podrían encontrarse muchos componentes terapéuticos útiles, por lo que su desaparición sería desastrosa.

DEFORESTACIÓN. La deforestación está ligada con la búsqueda de riquezas: madera, oro, petróleo, uranio, níquel, cobre, etcétera. El ejemplo de Manaus, en la Amazonia brasileña, es significativo: el hevea brasiliensis, de cuya savia se extrae el látex, era un árbol abundante en la región. Cuando Goodyear descubrió la vulcanización y Dunlop patentó el neumático, explotó la fiebre del caucho y los seringueiros, es decir, los sangradores de heveas, se extendieron por la selva. Las inmensas riquezas que algunos explotadores consiguieron en poco tiempo hicieron aparecer caprichos extravagantes como los de planchar y almidonar sus camisas en Inglaterra. Pero, cuando algunas semillas de hevea fueron plantadas, racional, e industrialmente, en Asia, ello hizo ya imposible la competencia amazónica y se produjo la ruina subsiguiente.

Existen variados intereses económicos tras las actuaciones deforestadoras. El ansia de desarrollo de los países pobres les hace construir caminos y carreteras. Especialmente demostrativo es el caso de la carretera transamericana, paralela al río Amazonas, que ha facilitado tremendas deforestaciones en su entorno. Y no son los menores los intereses de las grandes compañías multinacionales, para la obtención de maderas valiosas o la extracción de recursos naturales. Tampoco podemos olvidar a los cazadores: un solo cazador puede eliminar, en un año, todas las águilas y primates vegetarianos, como el perezoso, que se encuentren en un radio de 10 km a la redonda. En los pasados años han sido miles los cazadores que han actuado impunemente en las selvas tropicales. Pero el mayor daño es el ocasionado por los colonos para lograr mayores y mejores terrenos de pastos.

El proceso de deforestación posee otro costo, además del ecológico. Es el humano, ya que los aborígenes no están inmunizados contra las enfermedades que introducen los blancos. Por ejemplo, los yanomani eran unas 10.000 personas. Tras una invasión de buscadores de oro, a mediados de los 80, en menos de cinco años habían muerto más del 20% de yanomani. Otra tribu, la puturo, fue diezmada por las enfermedades, tras la llegada de grupos de misioneros protestantes americanos.

SOLUCIONES. Según la ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DE LA MADERA TROPICAL menos del 0,1% de los bosques tropicales restantes se gestionan eficazmente, con respeto ecológico. Sin embargo, existen algunas esperanzas respecto a la situación, ya que, en los últimos años, la velocidad de deforestación no ha aumentado. Si los ríos, mares, atmósfera y suelo no conocen fronteras, tampoco puede haberlas para el medio ambiente. Fue en 1972, en una reunión auspiciada por la ONU, cuando se habló de gestionar el medio ambiente, al igual que se gestiona cualquier otra actividad económica. El concepto se fortaleció tras la cumbre mundial del medio ambiente de Río de Janeiro, en 1982, y tras la firma del protocolo de Montreal de protección de la capa de ozono.

Las medidas oportunas las toman tanto grupos sociales como países y organismos internacionales. Como ejemplos, podemos citar el premio ROLEX a la iniciativa, otorgada a la ornitóloga suiza Anita Studer por el programa ARCO IRIS, de repoblación forestal y educación ambiental, en el nordeste de Brasil. En cuanto a países, la mayoría de los afectados desarrollan programas de control, de creación de reservas protegidas o de fundaciones e institutos de Investigación, como los brasileños FUNAI (Fundación Nacional India) o el excelente centro de Investigación amazónica en Manaus. Respecto a esfuerzos internacionales, el BANCO MUNDIAL y otros regionales conceden préstamos para mejorar la gestión forestal. Pero, entre todos, destaca el PLAN DE ACCIÓN DEL BOSQUE TROPICAL, patrocinado por diversos entes internacionales, con planes de acción en 50 países, para gestionar y conservar mejor sus bosques, ya que los bosques tropicales no son solo tesoros nacionales sino componentes esenciales de la biosfera de la que dependemos todos. Actualmente la Ciencia permite comprobar, mediante satélites, la situación real de cada región, con la conclusión de que la fauna y la flora toleran cierto grado de actividad humana, siempre que ésta se mantenga dentro de límites razonables.