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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Uranio rico, uranio pobre

"Cuando el error se hace colectivo adquiere la fuerza de una verdad". Este pensamiento podría ser ejemplo las muy numerosas, y de muy diversas índoles, reflexiones posibles referidas a la reciente alarma, recogida y amplificada con insistencia y generosidad, por todos los medios de comunicación, sobre las secuelas de la utilización de proyectiles conteniendo uranio empobrecido en la guerra de los Balcanes.

En el mundo que vivimos los medios de información, y sus frutos, escritos, escuchados o vistos, son múltiples y variados. Pero tal abundancia no significa que deriven obligadamente en una mayor calidad de la información. Por el contrario, es una realidad el aspecto positivo de un acceso masivo a la información, pero acompañado del negativo de su origen y consumo homogéneos. Más aun, las fuentes de la producción de información, cada día más, poseen una filosofía propia de las industrias multinacionales de bienes de consumo, preocupadas por ofrecer productos atractivos, fáciles de consumir y muy semejantes en todo el mundo. Ello tiene sus consecuencias sobre sus consumidores, la población.

LE BON. Gustave Le Bon (1841-1931), autor de la frase del comienzo de este artículo, fue un gran psicólogo social francés, aparte de médico, antropólogo y arqueólogo, especializado en los estudios de las características sociales de las multitudes. En su obra más conocida, La Sicología de las Masas (1895), ya anticipaba que, en una multitud, la personalidad consciente del individuo se encuentra sumergida dominando la mentalidad colectiva, siendo el comportamiento colectivo de tipo unánime, emocional e intelectualmente débil. Acorde con ello analizaba la naturaleza y las consecuencias de los errores y en su obra Ayer y Mañana" (1917) también se podía leer que "Para destruir un error hace falta más tiempo que para darle vida".

¿Qué sucede con el uranio empobrecido y el "síndrome de los Balcanes"?. Lo más sorprendente es que, dada la abundancia y profusión de informaciones y suposiciones, muchas de ellas totalmente gratuitas, las aproximaciones científicas hayan sido tan extremadamente escasas. Y ello es tanto más curioso por cuanto las características y efectos biológicos de los isótopos del uranio son bien conocidos. La culpabilidad del uranio empobrecido es difícilmente sostenible. Primeramente habría que demostrar si realmente han existido consecuencias negativas sobre la salud en unos determinados colectivos y en unas determinadas circunstancias, temporales y ambientales. Si la respuesta fuese positiva entonces habría que investigar ese complejo asunto en el que podrían participar multitud de factores diversos.

URANIO. Los átomos podemos considerarlos formados de un núcleo de neutrones (con masa, sin carga) y de protones (con masa y carga positiva) rodeados de un número de electrones (casi sin masa, con carga negativa) igual al de protones. Las características químicas de un elemento vienen definidas por su número atómico, que equivale a su número de protones o electrones. El número atómico del uranio es 92. Pero un mismo elemento puede presentarse con un número variable de neutrones, dando lugar a los diferentes isótopos de ese elemento, todos con el mismo número atómico, pero con distinta masa (suma de protones, invariables, y de neutrones, variables). De 1.000 kilos de uranio natural aproximadamente 992,9 kilos corresponden al uranio 238 (92 protones y 146 neutrones), 7,1 kilos son de uranio 235 (92 protones y 143 protones), y solo 54 gramos son de uranio 234 (92 protones y 142 neutrones). Aparte de estos isótopos, suelen estar presentes unos pocos gramos de otros isótopos de protoactinio, actino, torio, radio, plomo y polonio.

En los diferentes átomos algunos isótopos son inestables y tienden a desintegrarse (transformarse) en otros elementos e isótopos más estables. En el transcurso de las desintegraciones suelen emitirse partículas alfa (dos protones con dos neutrones), partículas beta (electrones o positrones) y/o partículas gamma (radiaciones electromagnéticas. Es la radiactividad natural. Precisamente los orígenes o primeros elementos de las tres cadenas naturales de desintegración radiactiva más importantes son el uranio 238 (con unas 14 etapas, hasta alcanzar un elemento estable, de las que la primera consiste en la transformación del uranio 238 en uranio 234)), el uranio 235 (con unas 10 etapas) y el torio 232 (10 etapas). Periodo de semidesintegración es el tiempo necesario para que, al transformarse, la cantidad de un determinado isótopo se reduzca a la mitad. El del uranio 238 es de 4.479 millones de años, el del uranio 235 es de 713 millones de años, y el de uranio 234 es de 247 millones de años. Por tanto, es evidente que la mayor o menor radiactividad de un isótopo depende de la naturaleza de sus emisiones e, inversamente, de su periodo de semidesintegración

RIESGOS. El efecto biológico (riesgo) de las radiaciones sobre las personas se mide en unidades mSv (miliSievert). La radiación de origen natural (rayos cósmicos, radón, radiaciones de minerales, etcétera) que todos recibimos equivale a una media algo superior a los 2 mSv por año, aunque en algunas zonas terrestres supera los 10mSv. A semejanza de lo que sucede con el consumo de vino, parece existir el fenómeno de hórmesis, es decir, que pequeñas dosis las radiaciones pueden ser beneficiosas (¿estímulos de sistemas biológicos de protección y reparación?), aunque las dosis superiores a 250 mSv son potencialmente perjudiciales.

Actualmente el principal uso del uranio es para los reactores de las centrales nucleares que producen el 17% de la electricidad mundial. La superficie terrestre contiene unos 3 gramos de uranio por tonelada (1.000 veces más abundante que el oro) pero para que una mina sea rentable debe poseer más de 10 kilos por tonelada. En la naturaleza la relación uranio 235/uranio 238 es aproximadamente del 0,7%. Para ser usado en los reactores nucleares se necesita una mayor riqueza en uranio 235, lo que se consigue mediante diversos procesos químicos, a partir del uranio natural, obteniéndose finalmente dos fracciones purificadas: uranio de origen natural enriquecido al 3,5% en uranio 235, y uranio de origen natural empobrecido, con un 0,2% de uranio 235.

¿Cuáles son sus radiactividades?. Los valores para el uranio soluble serían 10 veces menores. Considerando las formas insolubles al uranio natural (con todos sus componentes y descendientes) le corresponde un valor de 0,72. El del uranio natural (solo los diversos isótopos del uranio, sin otros elementos acompañantes) sería 0,22. El del uranio enriquecido en U 235 es 0,75, semejante al natural original, pues aunque posee más de U 235, está desprovisto de los elementos radiactivos acompañantes del natural. El del uranio empobrecido sería 0,12, es decir, la sexta parte del valor del uranio natural original y la mitad del valor correspondiente al del uranio natural purificado.
Simplificando. Las guerras y armamentos, aun los más justificados, son injustificables. Pero, aprendamos a buscar las verdaderas causas y los verdaderos culpables de los daños encontrados.