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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Autobronceadores

Al iniciarse el verano existe un deseo general de mostrar un bronceado adecuado. Aparte del aspecto estético, ello es importante porque esa capa pigmentada externa sirve de filtro para las peligrosas radicaciones UV. En estas mismas páginas (consúltese el canal Ciencia y Salud de la versión electrónica de la verdad en www.laverdad.es) nos hemos ocupado de aspectos muy relacionados con ello: características de las razas, por qué nos bronceamos en verano, los efectos envejecedores del sol, los efectos cancerígenos del sol o la acción protectora de los filtros solares.

Hoy vamos a tratar de algunos aspectos científicos sobre las sustancias autobronceadoras, que se ofrecen con diversas modalidades con la pretensión, en algunos casos, de servir de estímulo para la pigmentación natural, sin necesidad de tomar el sol, o de facilitar, con sus componentes, la formación de una capa de pigmento no natural, también sin necesidad de tomar el sol.

PIGMENTACIÓN. La piel es nuestro mayor órgano corporal, poseyendo unos dos metros cuadrados de superficie, con un peso total de 3 o 4 kilos. Dentro de su compleja estructura se distinguen 3 zonas principales: epidermis, dermis y tejido subcutáneo.

La epidermis, la más externa, a su vez se estratifica en 4 capas: la externa o estrato córneo, con células muertas, que actúa de barrera retentiva del agua y protectora contra la entrada de microorganismos y tóxicos; la segunda o granular; la tercera o espinosa; y la cuarta o basal, con células en continua división que emigran hacia la superficie para reemplazar las pérdidas por descamación. En esta zona basal se sitúan unas células especiales, los melanocitos, donde se produce el pigmento natural o melanina.

En cuanto a la dermis proporciona a la piel su fuerza y elasticidad, mientras que en la tercera zona o tejido subcutáneo se sitúan células como las adipocitos, suministradoras de energía metabólica.

La vía de la melanización o formación de melanina se inicia en el aminoácido tirosina y se estimula por la radiación UV, posiblemente como una respuesta a los primeros daños metabólicos originados por esa radiación. En el proceso participa la hormona MSH (estimuladora de melanocitos) producida en el cerebro, en la hipófisis. La cantidad y tipo de melanina (eumelaninas oscuras, feomelaninas rojizas) están genéticamente determinados.

¿Cómo se puede intentar imitar la pigmentación natural sin exponerse demasiado a las peligrosas radiaciones solares? En la actualidad las tres soluciones más populares son: a) Tomar pastillas que contienen sustancias nutricionales que se dice estimulan la pigmentación; b) Usar una loción autobronceadora que contiene componentes que reaccionan con compuestos de la piel para producir la coloración; c) Utilizar un bronceador, es decir, un pigmento preparado industrialmente del que se deposita una capa sobre la piel. Examinaremos las principales características de tales posibilidades.

PASTILLAS. En general carecen de la utilidad que alardean. Suelen existir de tres tipos: las que contienen pigmentos carotenoides, las que se basan en el aminoácido tirosina y otras variadas.

Los carotenoides no tienen efecto sobre la melanogénesis pero ellos mismos son pigmentos como los que dan color a las zanahorias o a las gambas. Cuando se ingieren en la comida tienden a situarse en la zona interna de la piel, en las capas grasas del tejido subcutáneo. Un problema inicial radica en que para conseguir un aspecto coloreado de la piel es necesario tomar una cantidad tan grande de carotenoides que la FDA americana lo clasificado como peligroso para la salud y ha prohibido comercializar píldoras de este tipo. El resto de problemas de los carotenoides son de tipo práctico derivados de la falta de control sobre donde se van a depositar por lo que pueden aparecer coloraciones naranjas que duren meses en sitios insospechados. En resumen, si las píldoras de carotenoides no son perjudiciales es que no contienen suficiente pigmento y si lo contienen entonces son peligrosas.

Otras píldoras basan su acción en que poseen tirosina que es el aminoácido inicial de la melanogénesis. Pero la tirosina es un aminoácido no esencial, fácilmente fabricado por nuestras células (salvo en el caso de raras enfermedades genéticas) a partir de otro aminoácido que suele estar presente en cantidad más que suficiente en nuestra dieta. Además no hay ninguna demostración científica de que un suplemento oral de tirosina pueda estimular la melanogénesis.

En conclusión, actualmente no se conoce ninguna sustancia que tomada oralmente estimule la melanogénesis. Ni siquiera los peligrosos psoralenos que lo que hacen es aumentar la sensibilidad de la piel hacia la radiación UV.

AUTOBRONCEADORES. De acuerdo con la Academia Americana de Dermatología se trata de los productos más efectivos. Se presentan en forma de cremas, lociones o pulverizaciones. Su agente activo es un azúcar incoloro de solo tres átomos de carbono, la dihidroxiacetona (DHA). Su modo de acción responde a lo que en Química se denominan reacciones de Maillard, es decir, reacciones entre grupos químicos aldehídos o cetonas, como los que tienen los azúcares, y grupos amino libres como los que poseen los aminoácidos de las proteínas. Cuando se cocina una carne o pescado tienen lugar muchas reacciones de este tipo.

En el caso de los autobronceadores, la DHA interacciona con las células muertas que se encuentran en el estrato córneo de la epidermis y lentamente se van produciendo reacciones de coloración. Como diariamente vamos eliminando millones de células muertas de la epidermis sustituyéndolas por las procedentes de la zona basal ello significa que cada 35 o 45 días tenemos una nueva epidermis. Por ello, tras la aplicación del autobronceador y la obtención de color, éste va desapareciendo paulatinamente y a los 5 o 6 días ya no existen restos del mismo. Por ello, para mantener el color hay que realizar reaplicaciones cada 3 o 4 días. Sin embargo, un beneficio de esta acción temporal es la de tener lugar el proceso sobre células muertas, sin implicaciones ni peligros biológicos.

Respecto a los bronceadores, polvos y humectactes, depositan una capa de pigmento que se puede eliminar fácilmente con agua y jabón. Es como una capa ligera de pintura.

En cualquier caso lo importante a recordar es que ninguno de estos productos, sean del tipo que sean, salvo la adición expresa de un protector solar, no protegen contra las radiaciones solares UVA y UVB, por lo que para conseguir tal protección hay que acudir al uso habitual de las aplicaciones de cremas con factores de protección solar elevados.