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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Menos carne para cuidar el clima

Las agresiones al medio ambiente y las consecuencias del cambio climático constituyen dos de las principales preocupaciones de la humanidad. Desde los gobiernos a las personas individuales, pasando por los grupos conservacionistas y/o ecologistas se proponen una multitud de medidas para minimizarlos. Pero algunas de ellas serían sencillas de adoptar, bastaría con nuestra propia voluntad.¿Es Ud. consciente de que si tenemos en cuenta, además del dióxido de carbono a los óxidos de nitrógeno y al metano nuestra alimentación supone mayor porcentaje de emisiones de gases de efecto invernadero que cualquier otra fuente?. Sí, el doble que la del uso de nuestros vehículos pues son unas 8,1 toneladas de “emisiones equivalentes de dióxido de carbono” (eqCO2, que tiene en cuenta a este gas y a los demás) contra las 4,4 toneladas de un vehículo que consuma 9 litros de combustible por 100 km y que recorra 19.000 km anualmente.

En esta colaboración nos haremos eco de algunos aspectos relevantes del año 2008 respecto al medio ambiente, entre los seleccionados recientemente por la revista NEW SCIENTIST, dedicando un interés especial a la relación entre nuestros hábitos alimenticios y el cambio climático.

 

MEDIO AMBIENTE
Respecto a medio ambiente y pasado escogemos la investigación de científicos muy competentes que han estudiado las burbujas de gases atrapadas en las zonas de hielo permanente. Según sus deducciones, hace unos 7000 años, la actividad humana, hizo aumentar los gases de efecto invernadero evitando una edad de hielo en la Tierra. Por esa época solamente existían unos 10 millones de personas pero la Agricultura se conocía desde unos 4000 años antes y para favorecerla era habitual provocar grandes incendios de modo que, en la época de Cristo, buena parte de Eurasia ya se encontraba deforestada. Las glaciaciones tienen lugar siguiendo un ritmo regular, que depende de la trayectoria planetaria, con distribuciones características del metano y del dióxido de carbono atmosféricos. Pero hace unos 7000 años las grandes cantidades de gases liberados por los incendios provocados por el hombre produjeron un cambio sustancial, calentando la tierra e impidiendo un periodo glaciar que correspondía de acuerdo a los parámetros regulares.

En cuanto a medio ambiente y presente, comentaremos la incorrecta aplicación de algunos acuerdos del protocolo de Kyoto. En Indonesia y zonas geográficas cercanas las grandes compañías están desecando y eliminando las turberas pantanosas para realizar plantaciones para producir aceite de palma y suministrar a Europa con biocombustibles. Sin embargo, esa eliminación supone una liberación de dióxido de carbono hasta 30 veces superior al ahorro que significa la sustitución del combustible fósil por biocombustibles. Irónicamente fue precisamente en Bali donde, hace poco más de un año, se reunían los responsables mundiales para estudiar la aplicación del protocolo de Kyoto. La realidad es que, en menos de cinco años, Indonesia ha pasado de ser una reserva natural a ser uno de los países más emisores de dióxido de carbono. En el sureste asiático se han cortado y desecado más de 130,000 kilómetros cuadrados de selvas turberas con el resultado de que se liberan anualmente más de dos mil millones de toneladas de dióxido de carbono derivados de la descomposición y quema de los vegetales. Ello significa un 8% de las emisiones anuales totales mundiales derivadas de la combustión de combustibles fósiles. 

En relación con medio ambiente y futuro resaltamos la necesidad de intensificar los esfuerzos en el reciclado para no estropear más nuestro medio ambiente. Pensemos el ejemplo del aluminio: en un sólo país, Estados Unidos, cada segundo se vacían 317 botes hechos con este material, es decir, 680.000 toneladas de aluminio anuales, valorados en unos dos mil millones de dólares, según el precio oficial del metal.  Y, señal de los tiempos actuales, se ha calculado que una tonelada de restos de ordenadores personales desechados contiene más oro que 16 toneladas del mineral normal explotable en una mina de extracción de oro. Y, asombrémonos, porque los residuos electrónicos mundiales superan ya los 18 millones de toneladas anuales.  

NUESTRA COMIDA
Dada la importancia de nuestros alimentos en la emisión de eqCO2, ¿podríamos influir en el cuidado del medio ambiente a través de nuestros hábitos alimenticios? En tal caso, ¿qué consejos debemos seguir respecto al consumo de alimentos producidos localmente o importados?. ¿Tendría ventajas el consumo de alimentos orgánicos sobre los convencionales?.¿Deberíamos modificar algunas de nuestras costumbres alimenticias?.

El grupo Carbon Trust, con sede en Londres, está empeñado en una campaña dirigida a que en el empaquetado de cualquier alimento que se ponga a la venta figure una etiqueta con la cifra de los eqCO2 que supone su producción. Algunos supermercados ingleses ya han iniciado las correspondientes campañas piloto.

Por ejemplo una bolsita de patatas fritas de 35 gramos, una vez ya puesta en la estantería del establecimiento de venta, ha supuesto un consumo de 75 gramos eqCO2 a lo largo de todo su ciclo agrícola (que ha de tener en cuenta el consumo de combustible en maquinaria, la participación de piensos, la recolección, etc.) e industrial (gastos energéticos de limpieza, empaquetado, transporte, etc.). Ya existen disponibles diversos programas informáticos capaces de calcular los valores de los eqCO2 para multitud de productos.

Los cálculos sobre eqCO2 han de tener en cuenta todas las circunstancias que intervienen en cada proceso y por ello no existe una alternativa clara general para escoger entre alimentos locales e importados o entre orgánicos y tradicionales. Así, el pollo o el salmón (y muchos otros peces) “orgánicos”, por las características de su alimentación, alcanzan peores cifras que los nutridos convencionalmente, mientras que sucede lo contrario en los cultivos de maíz, soja, colza o trigo.

 

CARNE
Lo que si está claro es que los alimentos asociados a emisiones más intensivas son las carnes rojas y los derivados lácteos. Se calcula que si sólo se comprasen productos locales, sin largos transportes, el ahorro podría ser del 4% de los eqCO2 antropogénicos emitidos, una cifra semejante a la que se obtendría porque un día semanal se sustituyese la carne roja y los lácteos por pollo, pescado, huevos o vegetales. La ganadería produce más del 18% de todas los eqCO2 antropogénicos, concretamente, el 9 % de todo el CO2, el 37 % del metano y el 65% del óxido nitroso (principalmente por los fertilizantes).

He aquí unas cifras: un huevo duro cocido supone 333 g de eqCO2, mientras que una taza de cereales con leche alcanza los 1224 eqCO2, principalmente por su contenido lácteo. Mientras que se necesita 2,3 Kg. de cereales para producir 1 kg de pollo, una cantidad equivalente de cerdo precisa 5,9 Kg. que, en el caso del vacuno se eleva a 13 kg de cereales más otros 30 kg de forraje.

Es un problema importante porque a través de la carne y los productos lácteos la humanidad obtiene actualmente más de un tercio de sus necesidades proteicas. En el año 2000 la producción global cárnica fue de 230 millones de toneladas y en los próximos 50 años esta cantidad será duplicada.  Pero los métodos actuales de producir carne según los científicos son muy poco eficaces ya que sólo entre el 5 y el 25% de los nutrientes se convierten finalmente en carne comestible. Los cultivos in vitro cárnicos pueden ser la solución futura.