Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La polución estrogénica

En los seres vivos complejos, como los humanos, han de existir complicados y delicados sistemas de intercomunicación y control entre los diversos órganos y tejidos. De ahí la importancia de nuestro sistema neuroendocrino, ya que para esa intercomunicación utilizamos como mediadoras a las señales nerviosas y hormonales. Por tanto, cualquier sustancia que pueda afectar a estas señales puede tener un peligro potencial para la salud.

Este es el caso de los que podemos bautizar como perturbadores endocrinos, que en la jerga científica son más conocidos como disruptores endocrinos, por la traducción literal de la expresión anglosajona "endocrine disruptor". Se trata de cualquier sustancia o molécula química capaz de alterar una función endocrina y con ello el equilibrio hormonal, lo que puede originar efectos adversos sobre la salud. El número de perturbadores endocrinos conocidos crece sin cesar y comprende desde sustancias usualmente presentes en el medio ambiente hasta otras muchas que, de modo más o menos controlado, se sintetizan y usan industrialmente, a veces a escala planetaria. Como para realizar su acción fisiológica una hormona debe ser reconocida previamente por un receptor proteínico determinado ello significa que la alteración puede ocurrir tanto sobre la propia hormona como sobre su receptor.

ESTRÓGENOS. Aunque cualquier sistema hormonal puede ser perturbado, la información más completa existente hasta ahora de este fenómeno se refiere al sistema estrogénico o de las hormonas sexuales que regulan el crecimiento, desarrollo y diferenciación de los órganos sexuales femeninos. Aunque la mayor concentración de estas hormonas se da en las hembras, hay que recordar que los andrógenos y estrógenos químicamente son estructuras esteroides que se encuentran en ambos sexos, aun cuando en diferentes concentraciones. De ahí que cualquier alteración del equilibrio entre estas hormonas pueda tener unas consecuencias importantes ya que regulan o participan en un sinnúmero de diferentes e importantes procesos fisiológicos.

Aparte de los estrógenos animales existen también algunos compuestos vegetales o fúngicos naturales no esteroides que poseen actividad estrogénica: son los fitoestrógenos y los micoestrógenos. Su potencial papel fisiológico en plantas y hongos e, incluso, en los humanos (tras su ingestión), es objeto de múltiples polémicas relacionadas con su posible participación en la producción o prevención de diversas enfermedades.

Los mecanismos de actuación de las sustancias que actúan como perturbadoras endocrinas y, en concreto, como perturbadoras estrogénicas pueden ser muy variados: a) simular la acción de una determinada hormona; b) antagonizar o anular la acción de la hormona; c) modificar los sistemas bioquímicos de biosíntesis o actuación de la hormona; d) modificar la cantidad de los receptores hormonales; e) alterar el comportamiento de esos receptores, activándolos, bloqueándolos, modificando su vida media, etcétera.

CONSECUENCIAS. La capacidad de los xenoestrógenos (sustancias externas con actividad estrogénica) para interferir en las funciones de los seres vivos se sabe desde hace más de 30 años. Las consecuencias del uso masivo del DDT todos las conocemos. Sin embargo, la cantidad y variedad de estos perturbadores sigue aumentando sin cesar. Los efectos negativos de los perturbadores estrogénicos se pueden dar de modo diferente sobre el adulto, el organismo perinatal, el feto o el embrión, pero lo usual es que los efectos se manifiesten más intensamente en la progenie que en los progenitores, aunque tales manifestaciones pueden ocurrir muy posteriormente respecto al momento de la exposición.

Existe la sospecha fundada de que estos perturbadores tienen un alto grado de responsabilidad en el deterioro que se viene observando en los últimos años respecto a la salud reproductiva humana en los países más industrializados, lo que se concreta en observaciones como las siguientes: a) caída notable de la cantidad y calidad de los recuentos espermáticos en los varones; b) menarquia (inicio de menstruación) cada vez más adelantada, en las jóvenes; c) mayores incidencias de alteraciones genitourinarias, como criptorquidia (no descenso testicular) e hipospadias (defecto congénito uretral); d) mayor incidencia de enfermedades como endometriosis o cánceres de los órganos dependientes hormonalmente (mama, ovario, próstata y testículos)

Diversas catástrofes animales debidas a contaminaciones concretas han tenido amplia repercusión. Aparte del caso ya citado del DDT, como ejemplos significativos podríamos recordar otras dos: la que afectó a la población de caimanes del lago Apopka en Florida, debida al pesticida dicofol, y las aberraciones halladas en peces, en las cercanías de diversas plantas inglesas de tratamiento de aguas residuales, ocasionadas principalmente por sustancias alquilfenólicas. En cualquier caso, en diversas especies animales se han hecho numerosas observaciones conducentes a relacionar los perturbadores endocrinos con diversos efectos encontrados. Entre ellas, se ha comprobado la disminución de la fertilidad en aves, peces, moluscos y diversos mamíferos; una menor eficacia de las incubaciones en peces, tortugas o aves; una desmasculinización o una feminización de los ejemplares machos de ciertos peces, aves o mamíferos; una desfemenización o una masculinización de los ejemplares hembras de peces, aves y otros animales; alteraciones inmunológicas en aves y mamíferos, y alteraciones tiroideas de variados peces y aves.

Dada la importancia del problema nos interesaría poder identificar la naturaleza y los procesos en que son originadas de todas aquellas sustancias que pudieran poseer estas características de perturbadores endocrinos.

CATÁLOGO. En primer lugar habría que citar a los estrógenos sintéticos ya que las industrias química y farmacéutica han desarrollado diversos estrógenos con actividad biológica que son utilizados, por ejemplo, como componentes de las píldoras anticonceptivas o de los tratamientos de terapia hormonal en la postmenopausia. Entre ellos se encuentra el conocido como DES o dietilestilbestrol. Hay que recordar que durante algunos años se usó este compuesto en la práctica ginecológica, en casos de déficit estrogénico. Pues bien, resulta que las madres tratadas con DES durante el embarazo mostraron tener una mayor probabilidad de tener descendencia con enfermedades del tracto genitourinario, así como una mayor incidencia de cáncer de vagina.

Muchos xenoestrógenos han aparecido como consecuencia de la industrialización y de la agricultura intensiva. Así sucedió con diversos pesticidas, cuyos efectos suelen ser persistentes y acumulables. Actualmente existen más de 1.500 principios con actividad plaguicida, y en algunos de ellos se han descrito efectos estrogénicos: DDT, metoxicloro, clordecona, endosulfán, toxafeno, dieldrín, etcétera. En los países de normativas más rígidas ya no se utilizan, pero su fabricación para otros países continúa. Otros compuestos ya poco usados, pero de uso industrial en el pasado aun siguen mostrando efectos debido a su persistencia medioambiental. Así sucede con algunos utilizados como refrigerantes o aceites industriales, con moléculas poseyendo átomos de cloro en alguno de sus extremos, de los que el ejemplo más patente lo constituyen los PCB o bifenilos policlorados, algunos de los cuales muestra actividad estrogénica. También la muestran algunos derivados de alquilfenoles, bisfenoles, ftalatos o parabenos.

Por ahora, no existen datos incuestionables en los humanos sobre la posible relación causa-efecto entre exposición a perturbadores endocrinos, más concretamente, a sustancias estrogénicas y efectos indeseables causados. Una de las razones ha sido la carencia de un método sencillo para cuantificar la capacidad estrogénica de una determinada sustancia. Pero recientemente, en la revista Nature Biotechnology, se ha descrito un procedimiento analítico que podría resolver la situación. En todo caso hacen falta más investigaciones básicas y aplicadas sobre todos estos temas. Pero los datos ambientales y epidemiológicos por ahora existentes deberían obligar, mientras tanto, a los legisladores y autoridades competentes a actuar con prudencia y adoptar medidas preventivas respecto a los posibles riesgos derivados de la producción y exposición a estas sustancias estrogénicas.                                  

Medio Ambiente y Vida Saludable
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