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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

DHEA, ¿la hormona rejuvenecedora?

"Melatonina, ¿la hormona de la juventud?". Así titulábamos hace 5 años un artículo de divulgación al hilo de la expectación provocada en todo el mundo al ocuparse los medios de comunicación, extensa e intensamente, de los supuestamente casi milagrosos efectos rejuvenecedores obtenidos por el suministro de esta hormona a ciertos ratones.

En aquella divulgación pretendíamos poner de relieve los aspectos especulativos y reducir el tema a los hechos científicos comprobados, muchos más modestos que las elucubraciones realizadas. Un lustro después le llega el turno a las hormonas DHEA (dehidroepiandrosterona) y DHEAS (sulfato de dehidroepiandrosterona). También en los últimos días muchas informaciones de TV, radio y prensa nos han relatado algo así como que la DHEA era una hormona capaz de rejuvenecer o, al menos, detener el proceso del envejecimiento en las personas mayores a las que, por tanto, deberían ser prescritas cantidades adecuadas de estas hormonas. La pregunta inmediata a la que, por tanto, intentaremos responder es: ¿cuál es la realidad científica respecto e este tema?.

EXPECTATIVAS. El último Informe global de 1999 sobre la salud mundial publicado por la OMS (Organización Mundial de la Salud) destaca el gran aumento que en este siglo ha habido respecto a las expectativas de vida, que en los países desarrollados alcanza la cifra de 78 años, mientras que en los de desarrollo medio, como China e India, ya supera los 61 años. El ejemplo más llamativo es el de la mayoría de países europeos en los que durante dos siglos (XVIII y XIX) el incremento de dicha expectativa no superó el 25%, para casi alcanzar los 50 años. Sin embargo, en este último siglo el aumento ha superado el 50%, de modo que la actual expectativa de vida al nacer, para los varones supera los 75 años y para las mujeres los 80 años.

La longevidad y el envejecimiento dependen de diversos factores genéticos, nutricionales y ambientales de algunos de los cuales nos hemos ocupado en otros artículos. En el ámbito molecular podríamos considerar que se trata de un proceso estocástico resultante del incremento del desorden en los mecanismos reguladores intracelulares e intercelulares. Ello conduce a que se reduzca la resistencia del organismo a los efectos ocasionados por la enfermedad y el estrés.

En cualquier caso, el sistema endocrino, nuestras hormonas, regulan aspectos tan diversos como la composición corporal, el peso, los depósitos grasos, la masa esquelética, la fuerza muscular, nuestro metabolismo o nuestro bienestar físico. En todos los seres vivos se ha encontrado que el envejecimiento viene acompañado de importantes cambios endocrinos, siendo normal que algunas manifestaciones fisiológicas del envejecimiento vayan paralelas al decline en los niveles de producción de ciertas hormonas. De ahí que se postule el suministro de estas hormonas para combatir más eficazmente los efectos del envejecimiento.

ADRENOPAUSIA. Quizá las primeras investigaciones sobre el posible papel del sistema endocrino en el proceso de envejecimiento se deban al médico francés Charles-Edouard Brown-Séquard, nacido en 1817 en la isla Mauricio. Se le suele considerar como un pionero en la neurofisiología y endocrinología, siendo uno de los primeros científicos en abordar la fisiología de médula espinal. Fue profesor de Fisiología y Neuropatología en la Universidad de Harvard, en EE.UU. y, en 1878, sucesor de Claude Bernard en el Colegio de Francia. Parte de su popularidad la alcanzó cuando en 1889, a los 72 años de edad, se autoinyectó intramuscularmente diversos extractos acuosos de tejido testicular procedentes de perros jóvenes, cobayas y otros animales. Su convencimiento era que las hormonas presentes en esos extractos incrementaban la fuerza muscular y el vigor sexual, por lo que defendía el uso médico de tales extractos como un medio de prolongar la vida.

La realidad es que, en los humanos, el envejecimiento va acompañado de una disminución de la producción gonadal de estrógenos en las mujeres (menopausia), de la de testosterona en los hombres (andropausia), de la de DHEA y de DHEAS en las adrenales (adrenopausia), así como de la actividad de la hormona del crecimiento (GH) y del factor similar a insulina (IGF) (somatopausia). Por ello, se está investigando intensamente en las terapias basadas en el reemplazamiento hormonal de dichas hormonas. Precisamente, hace unos pocos meses, para evaluar la situación al respecto se celebró durante 4 días un Simposio Internacional sobre la Endocrinología del Envejecimiento, en Tempe, Arizona, que reunió a los especialistas más prestigiosos del mundo, siendo uno de los tópicos analizados el del papel de la DHEA y DHEAS, así como su posible utilización terapéutica. Veamos las conclusiones principales obtenidas, así como las deducidas de las 8 investigaciones más relevantes que se han publicado al respecto durante el pasado y presente año.

DHEA y DHEAS. La DHEA es un metabolito de la biosíntesis de las hormonas esteroides androgénicas, presentando por sí misma una actividad hormonal androgénica, a la vez que posee neuroactividad. Las concentraciones normales de DHEAS son dos veces más altas en hombres que en mujeres. Con la edad se reduce la producción de esas hormonas. Por ejemplo, en mujeres recién menopáusicas esa reducción ya alcanza el 50%.

¿Qué sucede al disminuir la DHEA o la DHEAS?. En varias investigaciones epidemiológicas realizadas a lo largo de varios años, publicadas en 1999, en el caso de varones se han asociado niveles más bajos de DHEAS con mayores incidencias de enfermedades vasculares, cardiovasculares, demencia, diabetes, desórdenes musculares y malignizaciones. Sin embargo, un análisis más profundo pareció indicar que un bajo nivel plasmático de DHEA no constituye un indicador específico de riesgo para esas patologías sino que se trata de un fenómeno secundario a las mismas.

En cuanto a las mujeres se había relacionado la hiperinsulinemia, frecuente en obesas, con unos niveles más bajos de DHEAS y con un mayor riesgo cardiovascular. Pero en una más reciente Investigación italiana realizada sobre cerca de 400 mujeres se llegó a la conclusión de que no existían pruebas fehacientes de que los niveles de DHEAS estuviesen implicados en la patogénesis de las enfermedades vasculares durante el envejecimiento de las mujeres obesas.

Respecto a los usos beneficiosos de la ingesta adicional de estas hormonas para combatir el envejecimiento o sus efectos la situación tampoco parece claramente determinante. Una de las investigaciones usó dosis diarias de 100 mg sobre varones y hembras estudiando las concentraciones plasmáticas de las diferentes hormonas sexuales, la fuerza muscular, la composición corporal y otros parámetros. No hubo cambios adversos, pero los beneficiosos, de haberlos, fueron muy ligeros. Otra Investigación se realizó sobre mujeres menopáusicas con sintomatologías adversas. Se estudiaron los perfiles endocrinos sanguíneos, los parámetros lipídicos y la variación de sus síntomas relacionados con malestar, disminución de la libido, malhumor, etc. La conclusión fue que no hubo variación en estos síntomas y que la de los perfiles lipídicos fue muy leve. Citaremos una última Investigación, realizada durante 9 meses, con dosis diarias de 100 mg de DHEA. Se estudió la masa corporal, los datos hematológicos y de orina, los niveles sanguíneos hormonales y ciertas valoraciones sicológicas. Cualquier variación encontrada había desaparecido a los tres meses de finalizar el tratamiento.

En resumen, por ahora y a pesar de las informaciones triunfalistas, derivadas de algún estudio aislado, lo cierto es que no hay datos científicos suficientes para avalar la existencia de un importante efecto antienvejecimiento de las hormonas DHEA o DHEAS, así como tampoco existe suficiente base experimental que apoye su utilización terapéutica rutinaria.