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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Cómo vivir más

En la colaboración anterior repasamos los resultados de una amplia serie de investigaciones relativas a los efectos saludables que ejercen ciertos hábitos saludables alimenticios sobre la longevidad. Tal como prometíamos entonces, hoy nos ocuparemos de otras investigaciones y estudios realizados con la misma finalidad, pero relacionados con otros diferentes apartados que podríamos dividir en: 1) cuidado de la salud; 2) actitudes vitales y 3 )evitación de riesgos.

Nuevamente es oportuno insistir que se trata de serios estudios que analizan, en cada caso, un elemento único y que, de ningún modo, los efectos observados serían acumulativos. Por otra parte, en ocasiones es muy difícil distinguir entre causas y efectos. Por ejemplo, una cierta predisposición genética puede facilitar que una persona sea más curiosa o que conduzca con más precaución, por lo que si estos comportamientos se asocian a una mayor longevidad, la causa última puede ser no la conductual, sino la genética.

CUIDADOS. No es bueno, ni siquiera para lograr una mayor longevidad, el vivir obsesionado con las enfermedades, pero unas ciertas prácticas preventivas al respecto son esenciales. Por ejemplo, a partir de los 50 años, es recomendable un análisis anual de sangre oculta en las heces, así como un examen rectal cada cinco años. Estas prácticas supondrían un incremento medio de dos o tres años en la longevidad, el mismo aumento que está ligado a un adecuado tratamiento de los dolores de estómago, según el American Journal of Enterology, sobre todo en el caso de las úlceras de estómago, controlando el problema con bloqueantes de la acidez y eliminando las bacterias H. pylory con los oportunos tratamientos con antibióticos.

Algo parecido sucede con el control de la presión arterial diastólica (el valor inferior). Si se parte de una cifra de 90-94 la reducción hasta 88 supone un aumento medio de vida de 13 meses. Y el aumento de longevidad alcanza los 5,3 años si el valor de partida fuese superior a los 105 mm de Hg. Respecto a los fumadores es bien claro que además de fumarse el cigarrillo, simultáneamente se están fumando una parte de su vida. Un fumador de 35 años perderá unos cinco años de ese preciado don que es la vida. Pero si, además, es un fumador inquieto que no deja de moverse durante esa actividad, ello le supondrá otro año perdido adicional, por término medio.

ACTIVIDADES. Anteriormente nos referíamos al cuidado que hay que tener para asignar a un determinado factor la causa de unos resultados observados. Pero, en todo caso, las cifras están ahí y han sido contrastadas científicamente. Repasemos algunos ejemplos significativos. Es necesario tener amigos; la sociabilidad es positiva para vivir más: las personas con buenas relaciones sociales y amistosas suelen vivir 4,5 años más que las más pobremente relacionadas. Dentro de este mismo apartado podría incluirse un estudio de que las personas que participan, al menos una vez semanalmente, en una ceremonia religiosa, consiguen una prima positiva de unos siete años de vida. Pero la actividad no solo debe ser social sino también física y para confirmarlo se puede citar un reciente estudio realizado sobre más de 18.000 hombres que ha demostrado que aquellos que realizaban una actividad física aerobia equivalente, como mínimo, a recorrer 3,5 km en 20 minutos, viven 8,7 años más que los totalmente sedentarios. Aunque no hay que pasarse, ya que los deportes de fuerte intensidad consiguen el efecto contrario

Otra actividad saludable puede ser la cambiar los pañales a un bebé o la de comprarse un perro. En otras palabras tener alguien o algo que apreciar y de que preocuparse. Es bien sabido que muchos mamíferos machos viven menos que las hembras, pero es esclarecedor al respecto que existen primates machos que no suelen ocuparse de su descendencia, como son los chimpancés y orangutanes, y su vida suele ser inferior en un 30% a las de las correspondientes hembras. Sin embargo, ciertos machos simios como los conocidos como monos lechuza participan muy activamente en el cuidado de sus descendientes y su longevidad es comparable o superior a la de las hembras, como han señalado algunos biólogos del Instituto Tecnológico de California. Y si es Ud. varón y no tiene hijos ni nietos pequeños, le cabe el recurso de sacar diariamente su perro a pasear. Investigadores del Instituto Cooper, de Estados Unidos, han calculado que tales paseos, de 30 minutos, cinco veces a la semana, pueden incrementar las expectativas de vida hasta en cinco años.

¿Y qué decir respecto a la actividad, o más bien, la actitud mental?. Que constituye un factor pronóstico primordial. Por ejemplo, el que las personas mayores mantengan un alto sentido de la curiosidad, hace incrementar su supervivencia, en un periodo de cinco años, un 30%, respecto a las personas controles no curiosas, desmotivadas. Ello es congruente con el hecho de que los profesionales cualificados suelen vivir 2,6 años más que las personas sin calificación laboral. Por otra parte, un neuropsicólogo escocés ha estudiado a más de 1000 personas algo excéntricas, con comportamientos liberados de las ligaduras convencionales, encontrando que su longevidad suele superar en 10 años a la de las personas más atadas a tales condicionamientos. Más aun, una Investigación realizada en la Universidad de Michigan ha puesto de manifiesto que las personas que suelen considerar sus fallos de un modo catastrófico tienen un mayor riesgo de muerte y viven menos que las personas capaces de contemplar sus fallos de un modo más positivo.

Para completar este apartado un hallazgo muy interesante sobre la relación entre actividad sexual y enfermedades cardiacas. Tras estudiar durante un largo periodo de tiempo la actividad sexual y la mortalidad en un grupo de 918 varones los científicos concluyeron que aquellos que practicaban el sexo con más frecuencia disminuyeron en un 50% su riesgo de morir como consecuencia de una enfermedad cardiaca.

RIESGOS. Finalizaremos con unas breves recomendaciones tendentes a evitar riesgos innecesarios. Entre ellos los derivados de los accidentes caseros: quemaduras, caídas desde los peldaños de una escalera, manejo inadecuado de aparatos eléctricos, etcétera. Combinados, todos ellos suponen una reducción media de tres meses de nuestras vidas.

Si puede hacerlo, aunque sea con sacrificio, cómprese un coche mayor y más seguro. Unos investigadores de la Universidad de Pittsburg han evaluado en siete meses el tiempo medio de pérdida de expectativa de vida que supone un accidente de coche, pero lo significativo es que si está asociado a un coche pequeño la cifra es de 10 meses, mientras que en un coche mayor y seguro suele ser solo de cinco meses. Otro consejo: reduzca su factura telefónica. Al menos la ocasionada por el teléfono móvil desde el interior de un coche, ya que, como ha calculado el Dr. Redelmeier, de la Universidad de Toronto, un minuto de conversación con teléfono móvil del conductor de un coche supone, de acuerdo con la accidentalidad asociada, una reducción de 45 segundos en sus expectativas de vida.

Y una última consideración: con cada cumpleaños transcurrido se incrementa la expectativa de vida. Un varón que hoy tenga 50 años, cuando nació poseía una expectativa de vida de 66 años. El hecho de haber sobrevivido 50 años hace que esa expectativa se haya incrementado un 17%, con lo que su actual expectativa de vida es de 77 años. Por tanto, cada año de vida vivido ayuda a vivir más.