Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Longevidad humana, ¿existe un límite?

La semana pasada, en estas mismas páginas, nos ocupábamos del concepto de esperanza de vida y de su espectacular incremento, casi duplicado, durante el pasado siglo, en los países desarrollados. Evidentemente, el límite superior de la esperanza de vida es el de la longevidad por lo que la pregunta más importante sería ¿qué es y qué límites tiene la longevidad humana?. De ello trataremos hoy.

La longevidad es la máxima duración posible de la vida humana. Es un concepto aplicable a la especie, como la humana, no a un individuo particular. Desde una perspectiva práctica, para cuantificar su valor tendriamos que acudir a los registros demográficos. Entre los siglos XV y XX existen referencias escritas de, al menos una veintena de personas, cuyas respectivas fechas de fallecimiento y nacimiento significarían unas edades comprendidas entre 115 y 180 años. Sin embargo, las investigaciones más rigurosas realizadas hasta la fecha no han podido confirmar esos valores, por lo que la referencia contrastada de mayor duración de la vida humana corresponde a la francesa Madame Jeanne Calment que, hace unos pocos años, murió con la edad de 122 años y cuatro meses.

LONGEVIDAD. Aunque, sin duda, las esperanzas de vida fueron mucho menores en el pasado, todos los estudios tienden a indicar que, al menos desde que existen registros históricos, las personas hubieran podido vivir tanto como se vive hoy día, si hubiesen contado con tecnologías, modos de vida, recursos sanitarios y tamaños poblacionales similares a los actuales. No son las personas lo que han cambiado, sino sus condiciones de vida. Por tanto, al menos en los últimos cien mil años de la Humanidad, ha aumentado la esperanza de vida pero la longevidad humana parece que ha permanecido muy estable, en alrededor de unos 120 años. En el primer mundo, es el ambiente protector en el que vivimos y son los avances, sobre todo, en las ciencias biomédicas, los que están permitiendo que una mayor proporción de gente consiga o, al menos, se aproxime a su potencial de ciclo vital, dependiendo el grado de aproximación de factores individuales (genéticos, enfermedades, hábitos de vida) y sociales (ambientales, accidentes, etc).

Bastantes científicos piensan que el valor de 120 años para la longevidad humana está bastante consolidado y que depende de factores genéticos, bioquímicos y fisiológicos difíciles de modificar, por lo que, para el futuro, la única mejora esperable es que, cada vez, una mayor proporción de personas pueda alcanzar duraciones de vida más próximas a este valor de la longevidad. Algunos científicos, incluso, han desarrollado relaciones matemáticas que determinan la longevidad de una determinada especie animal en función del peso corporal, del peso cerebral y del índice metabólico (calorías por gramo y minuto) de sus individuos. Bastantes investigadores, por tanto, opinan que será bastante difícil superar expectativas de vida del orden de 85 años y que, en todo caso, en un plazo razonable, el límite de los 120 años será inalcanzable para la inmensa mayoría de los humanos.

Por el contrario, otros especialistas creen conveniente no hablar de límites, ya que las esperanzas de vida siguen aumentando constantemente en los últimos años, sin visos de que se vayan a alcanzar pronto mesetas de crecimiento. Por tanto, si ello continúa así durante bastante tiempo significaría que la esperanza de vida llegaría a superar el histórico límite de longevidad de 120 años, con un nuevo límite que correspondería a otra hipotética meseta de la curva correspondiente.

ENVEJECIMIENTO. El envejecimiento consiste en la pérdida gradual de la potencialidad de nuestras células y organismo Los conceptos de longevidad y envejecimiento están íntimamente ligados, ya que la mayor o menor rapidez del transcurso de éste determina la duración de la vida. Por ello, si tuviésemos posibilidad de lograr enlentecer el proceso de envejecimiento de los seres humanos se incrementarían su longevidad, lo que permitiría, en medios adecuados, que aumentasen las respectivas esperanzas de vida, hasta límites dependientes de las respectivas circunstancias individuales y sociales.

Ha habido muchos intentos científicos de descubrir factores genéticos, moleculares y celulares que condicionen o sean causantes de un cambio en la velocidad del proceso del envejecimiento. Relacionados con el flujo informativo genético se encontrarían: 1) el genotipo, o dotación genética individual; 2) alteraciones en cualquiera de las múltiples etapas y factores que participan en los complejos procesos celulares de información genéticos; 3) fallos en las maquinarias celulares de reparación de los daños genéticos, en el ADN; y 4) modificaciones en los componentes genéticos mitocondriales. En el nivel celular podríamos apuntar otros factores: 5) fallos en la apoptosis, también conocida como "suicidio celular", que sirve para que desaparezcan células innecesarias o inadecuadas; 6) fallos en la proteolisis intracelular, específicamente en el sistema proteasoma-ubiquitina, encargado de localizar y destruir a las proteínas defectuosas; 7) telómeros y telomerasa, relacionando la pérdida de longitud telomérica, en cada división celular, con una tendencia a la inmortalización (y a la malignización). El Dr. Hayflick hace más de 20 años ya descubrió que las células humanas poseían una capacidad limitada de duplicación: unas 50 divisiones celulares; 8) autoinmunidad, activándose el sistema inmune por los componentes propios. Y, dentro del nivel global de organismo, son citables: 9) hormonas como DHEA o melatonina, y 10) la ingesta calórica, ya que en muchos seres vivos se ha comprobado una mayor esperanza de vida y de longevidad asociadas a la ingesta de dietas bastante hipocalóricas.

DEBATE. Quedan muchos problemas para investigar. En primer lugar cuáles son los mecanismos íntimos de actuación de estos factores. Y, en segundo lugar, pero esencial, establecer si existe una verdadera relación causa-efecto o si se trata de efectos acompañantes del proceso de envejecimiento.

La cuestión genética puede servirnos de ejemplo. Varias investigaciones han establecido que los genes poseen una participación de entre el 20-30% entre todos los que determinan la esperanza de vida, lo que algunos investigadores interpretan como relación con envejecimiento. Sin embargo, según el Dr. Hayflick, lo que sucede es que, como resultado de la selección natural, los animales y hombres en su época de maduración sexual disponen de una capacidad fisiológica redundante para garantizar la supervivencia de la especie y ello permite subsistir a los humanos unas 4-5 décadas más, que determinan el periodo de longevidad, por lo que los genes no tienen nada que ver con el envejecimiento, sino que se han identificado genes relacionados con procesos fisiológicos que son los que aumentan la longevidad. La cuestión que hace falta investigar y dilucidar es por qué las células más maduras o viejas son más vulnerables a las patologías que las más jóvenes.

Sean cuáles sean los factores relacionados con el envejecimiento y con la longevidad lo importante es que se aborden en términos científicos sin sensacionalismos ni falsos milagros y esperanzas. No existe la juventud eterna ni, en términos científicos, la posibilidad de rejuvenecer, pero la semana próxima, posiblemente, comentemos algunas de las últimas investigaciones más interesantes relacionadas con estos temas.

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