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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Slip, slap, slop y…¿zanahorias?

Los tres llamativos monosílabos ingleses anteriores (traducibles, respectivamente, como cubrirse, adornarse, y derramarse) fueron utilizados con gran éxito en la primera gran campaña pública del mundo, realizada en Australia, con la finalidad de proteger la piel contra los efectos dañinos de la luz ultravioleta del Sol. Concretamente la campaña recomendaba cubrirse con una camiseta, adornarse con un sombrero y embadurnarse con una crema con filtro antisolar.

En otras ocasiones nos hemos ocupado de las razones por las que las radiaciones solares o el humo del tabaco aceleran el fotoenvejecimiento de la piel así como de la estrecha relación existente entre las radiaciones solares y los diversos cánceres cutáneos, entre ellos el terrible melanoma maligno, cuya incidencia y mortalidad no deja de crecer en todo el mundo debido a una conjunción de factores: hábitos de vida más deportivos y al aire libre, razones cosméticas buscando una rápida pigmentación o la existencia de una menor protección atmosférica contra las radiaciones solares debido a los agujeros de ozono de la atmósfera terrestre. Es interesante saber que los dermatólogos estiman que hasta el 80% de los signos que se relacionan con el deterioro de la piel no tienen causas genéticas sino que se deben al fotodaño ocasionado por las radiaciones ultravioleta. Las razones de ello son los radicales libres oxigenados, cuya naturaleza hemos analizado en otros artículos (Oxígeno fuente de vida y de muerte; Los radicales libres oxigenados). Todo ello conduce a las conocidas recomendaciones sobre el modo correcto de tomar el Sol y de protegerse del mismo con las cremas que contienen filtros químicos adecuados.

PARASOLES NATURALES. Pero hay más. Recientes investigaciones han llegado a la conclusión de que el efecto protector de las cremas antisolares puede mejorarse notablemente con una ingesta de antioxidantes apropiada. Así lo indica, por ejemplo, la Investigación realizada por el equipo del Dr. Ronald Watson en la Universidad de Arizona, relativa al papel de las frutas y vegetales ricos en carotenoides. Los carotenoides son pigmentos amarillos, naranjas y rojos que, además de proporcionar alegres colores a los frutos y vegetales, les confieren unas importantes propiedades antioxidantes.

La relación entre radiación solar recibida y daño a la piel se puede cuantificar mediante la medida de la dosis mínima productora de eritema (DME) que constituye también una especie de medida del nivel de resistencia frente a las quemaduras solares. Durante seis meses diversas personas fueron alimentadas normalmente mientras que a otras se le suministraron suplementos diarios de carotenoides de 30 mg, 60 mg y 90 mg y periódicamente muestras de su piel se sometieron a las medidas de DME. Los resultados fueron concluyentes en el sentido que los suplementos de carotenoides aumentaban la resistencia de la piel al fotodaño, y ello en relación directa con la cantidad de carotenoides ingerida. También se comprobó que en la sangre declinaban los niveles de peroxidación lipídica, fenómeno que se considera como un marcador de las concentraciones de radicales libres. La conclusión del estudio es que el uso de las cremas protectoras antisolares debe realizarse, pero que siempre que sea posible debe estar acompañado de una alta ingesta de carotenoides.

SINERGIAS. Otro equipo investigador, el del Dr. Wilhelm Stahl, acaba de publicar otros resultados muy interesantes en un reciente número de la prestigiosa revista American Journal of Clinical Nutrition. Lo más notable es la observación de que la mezcla de antioxidantes, y de un modo más concreto la mezcla de carotenoides y de vitamina E funciona sinérgicamente y acorta el tiempo que es preciso para que aparezcan los efectos beneficiosos antisolares. Sobre sujetos de piel clara a los que se les administró un suplemento diario de 25 mg de carotenoides se concluyó que era necesario que transcurrieran 8 semanas para que se hiciese evidente su efecto protector antienrojecimiento. Sin embargo, ese tiempo se reducía a la mitad, cuatro semanas, si se usaba una mezcla de los carotenoides con vitamina E natural (500 mg diarios). Unos resultados también parecidos fueron presentados por un grupo investigador alemán, el del Dr. Hagen Tronnier, en un Congreso Internacional sobre carotenoides celebrado en Holanda.

En cualquier caso conviene destacar el adjetivo de natural relativo a la vitamina E. Ello se debe a que nuestro cuerpo solo utiliza esta forma, que es la modalidad d-alfa-tocoferol, mientras que la forma sintética es la dl-alfa tocoferol que solo contiene un 50% de la vitamina E. Recientemente diversos organismos internacionales han corregido, al alza, las cantidades recomendadas diarias de ingesta para la vitamina E natural (15 mg), así como el nivel superior de ingesta tolerada (1000 mg).

OLIVA Y OLIVOS. Una reciente Investigación japonesa ha demostrado también que tras la exposición a la luz solar, para proteger contra el fotodaño, es altamente eficaz realizar un tratamiento a la piel con aceite de oliva virgen lo que se ha atribuido a la composición especial de este aceite en su fracción no triglicérida, muy rica en compuestos fenólicos antioxidantes. Hay que recordar que históricamente el aceite de oliva o los extractos de hojas de olivo se han usado en la medicina popular para combatir muy diversas enfermedades. Uno de esos componentes, la oleuropeína ya fue descubierto en 1908 y posee una amplia actividad antimicroorganismos. Recientemente, en la revista Food Chemistry, un grupo español de científicos pertenecientes a una empresa y a la Facultad de Biología de la Universidad de Murcia ha identificado una quincena de los principales compuestos antioxidantes presentes en los extractos de hojas de olivo, cuantificando su capacidad antioxidante, dividiéndolos en dos grupos, el de flavonoides y el de fenoles en general.

La sustancia que presentó mayor actividad antioxidante, más del 250% que la vitamina C, fue la rutina y, en todo caso, también se hizo patente la existencia del fenómeno sinérgico entre los diversos componentes. Este alto contenido antioxidante de los extractos procedentes de las hojas de olivo ha sido aprovechado para su utilización en una línea cosmética dermatológica de una importante empresa multinacional del sector.