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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Isoflavonas, Menopausia y Cáncer de Mama

Isoflavonas, Menopausia y Cáncer de Mama
28-06-2008

En el último número de junio de la revista NUTRITION JOURNAL los investigadores Mark J Messina y Charles E. Wood publican, con el título de "Soy isoflavones, estrogen therapy, and breast cancer risk: Analysis and commentary", los resultados de su exhaustiva y actualizada revisión sobre el controvertido asunto de la posible relación entre los productos alimenticios derivados de la soja, entre ellos las isoflavonas, y un aumento del riesgo de sufrir cáncer de mama.

El asunto no es baladí si tenemos en cuenta el extraordinario consumo alimenticio que se hace de los diferentes derivados alimenticios de la soja y las innumerables recomendaciones que nos inundan sobre sus propiedades saludables, sobre todo, en las mujeres, para combatir ciertas secuelas de la menopausia. Examinemos, por tanto, la situación.

ISOFLAVONAS
Las mujeres japonesas y de otros países asiáticos suelen presentar una menopausia más tardía, con menores trastornos y con un menor índice de problemas de osteoporosis, hecho que diversos estudios epidemiológicos han ligado a su alto consumo de soja, una fuente importante de vitaminas, proteínas, minerales, fibras vegetales, lípidos e isoflavonas.

Las isoflavonas son compuestos naturales estructuralmente parecidos a las moléculas de las hormonas sexuales tales como el estradiol. Este estrógeno se une dentro de las células a proteínas específicas, los denominados receptores estrogénicos alfa y receptores estrogénicos beta, para realizar sus funciones reguladoras del metabolismo y de la expresión génica. Los receptores específicos alfa abundan en útero, hígado, mama y riñón mientras que los beta lo hacen en huesos, cerebro, hipófisis, tracto urinario, aparato cardiovascular, próstata y tejidos reproductivos como ovarios y testículos.

La similitud estructural de las isoflavonas con los estrógenos hace que, en ocasiones, aquellas puedan ejercer un determinado efecto estrogénico tras su reconocimiento y unión al correspondiente receptor. En otras ocasiones ocurre lo contrario, que lo relevante es su efecto antiestrogénico debido a que las isoflavonas "engañan" a los receptores dificultando su unión con el verdadero estrógeno.

La forma en la que ingerimos las isoflavonas en los alimentos es como glicósidos de
isoflavonas que se rompen por la acción de bacterias en el intestino delgado para dar lugar a moléculas como daidzeína, genisteína y gliciteína. A su vez, por acción bacteriana, la daidzeína puede formar, también, dos formas de isoflavonas: equol y odesmetilangolensina. El proceso se puede alterar en el caso de ingesta de antibióticos que, por tanto, no conviene usar simultáneamente a la ingesta de isoflavonas.

EFECTOS
Relacionado con su acción estrogénica es el uso de isoflavonas en la menopausia. Durante la menopausia la cantidad de estrógenos disminuye en el organismo y se producen síntomas típicos como son bochornos, insomnio, sudor por las noches, sequedad vaginal, dolores articulares, fatiga y molestias intestinales. Las isoflavonas actúan como "copias" de los estrógenos, desempeñan su mismo papel, y los suplen pero con menor intensidad (rango 1/1000). Por lo tanto suelen ser efectivos para hacer menos severas las secuelas de la postmenopausia.El uso de la isoflavona equolen en la menopausia se debe a su actuación en los huesos aumentando la densidad mineral, por tanto, haciéndolos más resistentes y fuertes. Como el 50% de las personas no pueden transformar metabólicamente la daidzeína a equol, estas personas no experimentaran los mismos efectos farmacológicos que los "productores de equol".

Relacionado con su acción antiestrogénica es el caso de las mujeres premenopáusicas que tienen niveles normales de estrógenos y las isoflavonas ejercen en ellas una acción antiestrogénica favorable ya que, al parecer, en esa situación la unión de estrógenos a los receptores alfa estrogénicos pudiera tener un efecto favorecedor del crecimiento de tumores en las mamas. En la misma línea se sitúa el caso de otros cánceres (útero, mama, próstata) en los que hay un exceso de estrógenos, por lo que la acción antiestrogénica es favorable. Las dos isoflavonas más estudiadas respecto a su potencial anticancerígeno son la genisteína y la daidzeína, sobre las que existen más de doscientas investigaciones realizadas.

También existen datos, más o menos contrastados, sobre otros efectos saludables: Capacidad antioxidante de isoflavonas como la genisteína que inhibe la oxidación del colesterol LDL; variación de la composición de LDL para que sea menos pegajoso y no se enganche a la pared celular; actción como antioxidantes; algunas isoflavonas evitan el crecimiento de las células formadoras de placas arteriales; disminuyen la agregación plaquetaria; mejoran la vasodilatación, estorban la absorción del colesterol, etc. Todo ello conduce al reforzamiento de sus funciones reguladoras hormonales, reductoras de sofocos, preventivas de la osteoporosis y de la pérdida ósea de calcio, vasodilatadores, anti malignización, etc.

ACTUALIDAD
El Dr. Charles E. Wood es un médico, profesor de Medicina Comparativa de La Facultad de Medicina de la Universidad de Georgia, Estados Unidos, cuya principal línea de investigación es la identificación y caracterización de determinantes neoplásicos cervicales, uterinos y de mama.

El Dr. Mark J. Messina fue investigador del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos hasta el año 1992 en el que pasó a dedicarse al estudio de los efectos saludables de la soja.

En su reciente revisión, comentada en el inicio de este artículo, los doctores Wood y Messina han examinado minuciosamente el tema del uso generalizado de isoflavonas u otros derivados de la soja por mujeres, analizando su posible relación con un aumento en el riesgo de sufrir cáncer de mama. Para ello, han tenido en cuenta tanto las investigaciones "in vitro" en el laboratorio como en animales, clínicas sobre pacientes, y epidemiológicas.

El resumen de las conclusiones podría ser el siguiente:
- En mujeres sanas, no existen evidencias, o son muy débiles las aducidas, respecto a cualquier impacto clínico sobre los tejidos mamarios que sea debido a efectos potenciales de las isoflavonas en la dieta.
- En mujeres supervivientes de cáncer de mama la situación es análoga a la anterior.
- Respecto al alegado efecto protector del consumo de isoflavonas sobre el riesgo de cáncer de mama o no existe o es muy modesto.
- Tampoco se ha encontrado alteración significativa debida al consumo o no de isoflavonas en relación con la supervivencia o la recurrencia del cáncer de mama.
- Los datos procedentes de estudios con roedores sugieren que la genisteina (isoflavona) interfiere con el tamoxifeno (medicamento estrogénico) por lo que no sería aconsejable el consumo dietario de isoflavonas durante el tratamiento del cáncer de mama con ese tipo de fármacos.

¿Se finalizarán con ello todas las controversias respecto al tema?. Posiblemente no. Como muestra dos de los argumentos usados por los contrarios al uso extendido de las isoflavonas de soja. 1º) La preparación y consumo de los derivados de la soja en los países en que su uso es tradicional es diferente (menos "químico") que en Occidente; 2º). La imparcialidad de, al menos, el Dr. Messina es discutible pues no es médico (su doctorado es en Nutrición) y es bien conocido (pero así figura claramente expresado en la publicación) que preside la empresa consultora Nutrition Matters, Inc., con clientes relacionados con la fabricación y venta de productos derivados de la soja. Será la investigación científica la que consiga la solución pero, por ahora, no existen motivos de alarma de peso.