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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Tejidos sin tejer

¿Tejidos biodegradables, a partir de ácido láctico, para fabricar pañales o láminas de plástico, de uso agrícola?. ¿Fibras con propiedades antimicrobianas y antifúngicas para usar en vestimentas, rellenos de cojines, colchones y otras utilizaciones semejantes?. ¿Telas resistentes al fuego o a temperaturas próximas a los 1200º?.

Todas estas novedades las han podido conocer esta semana pasada, desde el martes al viernes, los asistentes al Centro de Congresos Palexpo, en Ginebra, donde se ha celebrado Index 99, un congreso internacional al que han acudido centenares de especialistas de todo el mundo para conocer de primera mano las principales innovaciones y avances espectaculares en esta nueva e importante rama de la tecnología textil a la que la tendencia simplificadora anglosajona define como "nonwovens", expresión que podríamos traducir, de un modo libre, al castellano, como la de los tejidos o telas sin tejer, sin tramas.

PROPIEDADES. ¿En qué consiste esta técnica?. En el caso de la fabricación tradicional de tejidos, las fibras de partida, a lo largo del proceso sufren muchas etapas de manufactura, lo que provoca grandes cambios en ellas. Por el contrario, la obtención de telas sin tejer es un sistema muy simple y corto, ya que se compone de tan solo dos transformaciones. En la primera etapa las fibras participantes se extienden sobre una cinta transportadora mecánica, donde unos tambores las comprimen hasta formar una lámina. Tras ello, tiene lugar la fase de enlace en el que las fibras se fusionan utilizando tecnologías de ultrasonidos o, simplemente, una corriente de aire caliente, tras lo cual el producto emerge directamente, al final de la línea de producción.

Una de las particularidades más notables es que su buena resistencia no es obstáculo a su baja densidad, que llega a ser inferior a los 5-10 gramos por metro cuadrado, lo que es especialmente interesante en aplicaciones médicas como las gasas, cuyo peso, respecto a las tradicionales, se puede reducir entre un 50 y un 75%. Pero los campos de aplicación de estos textiles no tejidos son prácticamente ilimitados, pudiéndose citar, de modo más notable, los de la higiene, la ingeniería civil y de la construcción, la filtración de líquidos y gases, los usos biomédicos y, desde luego la industria de la confección. Pero no podemos extrañarnos de encontrarnos con ellos en lugares insospechados, como la electrónica, por ejemplo, formando parte de las cabezas limpiadoras de los discos de ordenadores o de las fotocopiadoras.

ÁCIDO LÁCTICO. El ácido láctico es una biomolécula presente en gran parte de los seres vivos. Los humanos lo producimos, en cantidades importantes, en nuestro sistema muscular, cuando realizamos una actividad física. Y, su producción, a partir de los azúcares, por varios microorganismos es el fundamento del proceso biotecnológico de la producción de yogures.

El ingeniero químico Jean-Christophe Bogaert, director del departamento de I+D de Galactic Laboratories, de Bruselas, ha explicado las investigaciones de su empresa usando como punto de partida el ácido láctico obtenido por fermentación, a partir de sustancias naturales completamente renovables - en contraste con el petróleo, a partir del cual se derivan los plásticos- tales como almidones o jarabes de azúcares vegetales. La polimerización del ácido láctico da lugar a polímeros de PLA o ácido poliláctico, que junto a otras moléculas poliméricas naturales, como la celulosa, mediante las técnicas antes descritas, pueden producir materiales usados para la fabricación de pañales totalmente biodegradables o de grandes láminas que cubran y protejan las cosechas agrícolas, pero que permiten dejar pasar la luz del Sol a su través. Como son biodegradables, son energéticamente valiosas y no hay necesidad de retirarlas al final de la estación agrícola, con el consiguiente ahorro de jornales humanos

ANTIFÚNGICAS Y ANTIFUEGO. Otra consecución que ha llamado la atención en la reunión de Ginebra ha sido la obtención, por la empresa Acordis Ltd del Reino Unido de un nuevo tipo de fibra acrílica que incorpora sustancias antifúngicas y antibacterianas, tal como detalladamente explicó su portavoz Roland Cox. En este caso son varios los campos de aplicaciones más evidentes. En primer lugar los paños de cocina y similares ya que está plenamente demostrado que son unos de los más comunes y grandes portadores y diseminadores de los mohos y de las bacterias. Otra buena aplicación para este tipo de fibras sería la del relleno de cojines, almohadas, colchones, etcétera, como un medio eficaz de combatir los ácaros y el polvo que provocan tantos y tantos procesos alérgicos y ataques asmáticos. Y con toda seguridad, en el futuro estas fibras se usaran en textiles que hayan de estar en contacto con la piel, tales como zapatos, vestimentas deportivas o prendas íntimas.

En los laboratorios de la Facultad de Tecnología del Instituto británico de Bolton, el profesor Richard Horrocks ha obtenido textiles no tejidos capaces de resistir 1200 ºC, lo que puede tener un gran interés en su aplicaciones para la industria de la automoción (automóviles, autobuses, aviones) o de la construcción y decoración (lugares de concentración de un número elevado de personas). En el caso que estamos comentando el punto de partida han sido simples fibras de celulosa, con una resistencia inusual debido a que están rodeadas de una matriz especial que, cuando la temperatura excede los 300 ºC, se encapsula sobre la superficie de las fibras y se convierte en una coraza térmica protectora. Además, contiene infinidad de pequeñas burbujas de aire que, junto a los retardantes de fuego también añadidos, hacen que se cree un poderoso gradiente térmico protector, de modo que el resultado final es semejante al de otros aislantes existentes que son mucho más complejos y, sobre todo, mucho más caros.

Las ventajas económicas y ecológicas de los nuevos textiles son concordantes con los actuales sentimientos y medidas de protección ambiental, por lo que no debe extrañarnos el gran impulso que está teniendo su desarrollo, fundamentalmente en Estados Unidos, seguido de Europa, donde destacan Alemania e Italia. Como botón de muestra la producción mundial total, en los cinco años transcurridos desde 1994 se ha duplicado desde la cifra de ese año que fue inferior a las dos mil millones de toneladas a las actuales que rondan las cuatro mil millones.