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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La polémica de los "airbags"

Entre las últimas incorporaciones generalizadas, introducidas para conseguir una mayor seguridad en los automóviles, se encuentran el "airbag", un anglicismo utilizado usualmente, en lugar del literal bolsa de aire o, los términos más precisos de colchones inflables o hinchables.

Incorporados usualmente al volante o al tablero frontal de instrumentación, una reciente polémica ha puesto en tela de juicio su seguridad. Los airbags están diseñados para expandirse rápidamente en caso de choque frontal intenso y su aceptación comercial ha hecho extender su uso, desde el asiento del conductor, al del pasajero o a los asientos traseros. Otros modelos, como los Volvos 1997, ya ofrecen airbags especiales laterales para proteger la cabeza contra los peligrosos impactos laterales. Hace poco, diversas fuentes oficiales americanas cifraron en solo un caso la muerte de conductores adultos por efecto del airbag pero, en más de medio centenar, el total de muertes de pasajeros delanteros acompañantes. Pero, el caso de los acompañantes niños es especial y hace unos meses se desató la polémica, tras la muerte de uno de ellos en Tennessee, como consecuencia del impacto producido sobre su cabeza por este dispositivo. Y el problema parece agudizarse conforme existen más airbags destinados a esos asientos. Sólo en EE.UU, 10 niños murieron, por ello, en 1995, y en 1996 la cifra aumentó a 18. Por ello, la pregunta es inmediata: cuándo conducimos, ¿lo hacemos protegidos por un enemigo disfrazado de amigo?. Los técnicos y científicos están analizando el problema, las primeras conclusiones ya se han alcanzado y son bastante tranquilizadoras.

LOS DATOS. Cuando en 1960 se propusieron los airbags se pensaba en ellos como sistemas primarios de seguridad, no complementarios del cinturón de seguridad. Por ello, se diseñaron como capaces de proteger a un varón de 80 Kg de peso y 1,75 metros de altura, que no usase cinturón de seguridad. Y así siguen instalándose, hoy día, la mayoría de estos colchones hinchables, sin tener en cuenta que, actualmente, el 70 % de los conductores y pasajeros delanteros utilizan los cinturones de seguridad o que su altura y peso pueden ser bastante menor que los de los hombres para los que fueron diseñados.

El mecanismo de cómo funcionan los airbags es el siguiente: cuando un automóvil sufre un choque frontal, se decelera rápidamente y este brusco cambio de velocidad es detectado por los sensores del sistema, que activan a un conductor eléctrico, y éste envía electricidad a un elemento calefactor en el recipiente del propulsor, dando lugar a una rápida reacción química de oxidación. Ello hace que una masa de gas nitrógeno caliente llene inmediatamente el colchón o bolsa a una velocidad de inflado que supera los 250 km por hora. Conforme el gas se expande, se enfría considerablemente, de acuerdo con leyes físicas que los físicos Charles y Gay-Lussac descubrieron a finales del siglo XVIII. El sistema incorpora unas válvulas para que, una vez hinchada totalmente la bolsa, comience a desinflarse, a fin de acolchonar su impacto sobre el cuerpo. Lo más importante es que todo el proceso de inflado, desde su inicio, dura menos de una veintava parte de segundo, mientras que su deshinchado tarda alrededor de un tercio de segundo.

Considerados globalmente, los efectos protectores de los airbags son innegables. Únicamente en Estados Unidos se calcula que han salvado la vida de más de 1500 conductores y de más de 150 pasajeros en algo más de dos años. Reducen en un 11 % los riesgos de daños fatales para el conductor y en un 13 % los de los pasajeros delanteros adultos. Más importante aun es el efecto combinado del airbag con el cinturón de seguridad, en cuyo caso el porcentaje de reducción de riesgos supera el 50%, respecto a la ausencia de ambos dispositivos.

PROBLEMAS Y SOLUCIONES. Las complicaciones surgen cuando el conductor o, sobre todo, el pasajero delantero, es una persona pequeña, ya que ello posibilita que reciba el impacto del balón gaseoso sobre su cara o cuello, con consecuencias que pueden ser fatales. Peor aun si el pasajero es un bebé o niño sentado en una silleta especial portabebés para coches, ya que el impacto frontal siempre está diseñado para el dorso de una persona adulta.

Los técnicos y científicos ya han estudiado, desarrollado y propuesto diversas soluciones, como las siguientes:

a. Una organización que vela por la seguridad en el transporte, la NHTSA, sugiere rebajar un 20-35% la potencia de los actuales dispositivos, lo que, sustancialmente, no reduciría sus efectos positivos, pero sí los negativos. Mientras tanto pide que vayan dispuestos de un interruptor que permita su desactivación temporal,
b. La incorporación a los asientos de un sensor de peso, que permita el disparo de los correspondientes dispositivos tan solo por encima de un cierto límite de peso.
c. Dotar al panel de instrumentación de una unidad ultrasónica de alta frecuencia, tal que al analizar el eco, determine el tipo y características de la persona situada en el asiento.
d. Comercialmente se ha presentado un sistema basado en unas pequeñas antenas situadas en los asientos, creadoras de un campo eléctrico muy débil de alta frecuencia, que analiza la presencia y características del ocupante. El sistema podría ser instalado comercialmente en los coches de 1999 o del año 2000.
e. La casa Siemens pretende comercializar una especie de lámina sensible especial situada en el asiento, que detecta la presencia y características del ocupante.

Pero, hasta tanto, la mejor solución es la prevención, es decir, evitar totalmente la presencia de un bebé, niño de hasta 12 años o adulto muy pequeño, en un asiento provisto de airbag frontal

AIRBAG ESPACIAL. Para finalizar, una inusual aplicación de los airbags. La NASA ha instalado unos dispositivos de esta clase en un pequeño vehículo que lleva el vehículo espacial Pathfinder, que actualmente se dirige a Marte, donde llegará el 4 de julio de 1997. Tras la aproximación, ayudada de un paracaídas y tres motores a reacción, la nave se situará a una distancia de 15 metros de altura, desde donde dejará caer al vehículo de "aterrizaje". Para proteger la caída y que ésta se produzca suavemente se inflarán previamente 4 gigantescos airbags de 5 metros de diámetro usando los gases de combustión de los motores. Después, las grandes bolsas serán agujereadas y desinfladas facilitando el comienzo de la nueva y fascinante experiencia espacial del reconocimiento directo de la superficie del planeta mediante un pequeño vehículo móvil que enviará, en caso de éxito de la misión, una información de gran valor, obtenida con sus sensores y cámaras.