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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

El triunfo de la cucaracha

Si tuviesen el don de la palabra, las cucarachas podrían relatarnos, como testigos directos, una gran parte de la historia de nuestro planeta tierra, que habitan unos 350 millones de años, inmediatamente después de que las primeras formas de vida ganasen la tierra firme. El periodo de estancia del hombre moderno sobre la tierra es de unos 100.000 años, es decir menos de un tercio de milésima parte que el de las cucarachas. Y es asombroso que en los casi 400 millones de años transcurridos desde su aparición, las cucarachas no han necesitado cambiar de aspecto, por lo que son verdaderos fósiles vivientes.

Las cucarachas pudieron ser testigos de la primera aparición de ese instrumento maravilloso que es el poseer alas. Se pasearon entre las patas de los dinosaurios, y son más resistentes, comparativamente, que una ballena o un tiburón, sobreviviendo bien a catástrofes como las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagashaki en la 2ª Guerra Mundial.

A lo largo de su vida, uno o dos años, una cucaracha pone unos 300 huevos, que se convierten en adultos a los 60 días tras la eclosión. Ello significa que, desde una cucaracha inicial, al cabo de un año, se originan casi 100.000 descendientes. Se han censado casi 5.000 especies diferentes de cucarachas en todo el mundo y deben existir otras tantas aún sin clasificar, abarcando desde las minúsculas Attaphila fungicola (de unos 4 milímetros) hasta la gigantesca Macropanesthia rhinocens australiana (cercana a los 20 centímetros). Unas 25 especies han logrado una distribución global, resultado de su propensión a vivir junto al ser humano pero la mayor parte de las hoy existentes pertenecen solo a cuatro especies. En un 99% las cucarachas son inofensivas para el hombre e, incluso, cumplen un destacado papel ecológico, incorporando nutrientes en el medio ambiente, pues consumen materia orgánica y sus desechos sirven como fuente de alimentación a organismos microscópicos que se encargan a su vez de convertirla en humus (asimilable por las raíces de los árboles).

INSECTOS.

Los registros fósiles indican una relativa abundancia de cucarachas ya en el periodo carbonífero. Este periodo forma parte del paleozoico, comenzó hace 362,5 millones de años y finalizó hace unos 290 millones de años. El nombre tuvo su origen en Gran Bretaña, donde se aplicó por vez primera en 1822 a los estratos portadores de carbón (del latín carbo, 'carbón' y ferre, 'portar') de Inglaterra y Gales. Por ello, las cucarachas han vivido casi toda la historia de ese éxito de la evolución que son la clase a la que pertenecen, los insectos, que representan el 85% de la diversidad animal y que han conocido las tres grandes explosiones evolutivas que llevaron, respectivamente, al desarrollo de las alas, la metamorfosis y la vida en sociedad.

Hace unos 450 millones de años, alrededor de los periodos ordovícico y silúrico, la atmósfera había alcanzado densidad suficiente para filtrar los rayos UV y permitir el desarrollo de las primeras plantas en tierra firme. Inmediatamente, algunos animales artrópodos, con patas articuladas, colonizan esas zonas, asegurando la implantación de las formas de vida sobre la tierra firme. ¿Se desarrollaron los insectos a partir de los miriápodos, animales de numerosas patas y con tráqueas respiratorias, o más bien lo hicieron a partir de los crustáceos?. En cualquier caso, en el periodo devónico, hace unos 400 millones de años, ya existían insectos terrestres en las zonas pantanosas cálidas y húmedas. Y en el carbonífero inferior, hace unos 350 millones de años, experimentaron su primera explosión evolutiva, al aparecer las alas y la posibilidad de volar.

La segunda explosión evolutiva fue la de la crisálida, bien con metamorfosis completa (como los lepidópteros, las mariposas) o con metamorfosis incompleta, como las cucarachas. La tercera explosión evolutiva coincidió con la de las plantas con flores, las angiospermas en cuya polinización los insectos juegan un papel importantísimo.

EVOLUCIÓN

De acuerdo con las normas dictadas por la naturaleza, desde que comenzó la vida, hace unos 3.800 millones de años, las diferentes especies de seres vivos han ido variando sus formas, dimensiones y comportamientos, adaptándose a las variaciones ambientales para perpetuarse. Gracias a estos mecanismos evolutivos, la Tierra está habitada. Por ello, todas las especies han sufrido profundas modificaciones que han estilizado o redondeado su tamaño, eliminado o añadido patas, agregado alas, cambiado branquias por pulmones, originado miles de ojos o situado una boca en la espalda, siendo todas ellas estrategias de supervivencia. A veces, sucede un error en el camino evolutivo o una catástrofe imprevista y determinados grupos terminan en el callejón de la extinción. El caso más conocido aconteció hace 65 millones de años, cuando un gigantesco meteorito cayó sobre la Tierra acabando con dos terceras partes de la biodiversidad. Entre otros, con los dinosaurios, los auténticos dueños del planeta en dicho momento. Es decir, los más fuertes y preparados de cuantos seres existían entonces.

PERSISTENCIA

Por ello, asombra la característica más destacable de las cucarachas, su persistencia evolutiva. Igual que los individuos adultos son muy semejantes a los jóvenes el paso de unos cientos de millones de años no parece afectar su aspecto externo. Hace algo más de un año geólogos de la Ohio State University caracterizaron el fósil completo más grande de una cucaracha registrado hasta la fecha, una cucaracha que vivió hace unos 300 millones de años, es decir, unos 55 millones de años antes de los primeros dinosaurios, en una zona entonces pantanosa de Ohio. Pues bien, la cucaracha fósil es totalmente parecida, aunque mayor, que las modernas que viven en los trópicos.

Es indudable que con las cucarachas la evolución echó el resto en cuanto a capacidad de supervivencia se refiere. No contenta con adaptarse a cuantos cambios ha sufrido nuestro planeta en los últimos 400 millones de años, la cucaracha es una de las escasísimas especies a las que no parece afectar la guerra sin cuartel que el hombre ha declarado a la naturaleza. Es más, la cucaracha se aprovecha de nuestra especie y nos parasita. Hasta tal punto que fue el primer animal localizado, sin ningún daño aparente, tras la explosión nuclear de Mururoa. Al margen de la evolución y agarrados a las más diversas condiciones, estos fósiles vivientes son testigos inmutables de gran parte de la historia del planeta.

Por ello, la próxima vez que nos encontremos con una cucaracha quizá tengamos tiempo de reflexionar sobre su victoria evolutiva y sustituir el sentimiento de desprecio por un cierto tipo de respeto. Al lado de ellas, los humanos somos unos simples advenedizos en el planeta tierra.