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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La OIE y la sanidad animal

A lo largo de la historia, accidentes y catástrofes han actuado como auténticos revulsivos en la sociedad, para que se establezcan los medio adecuados para prevenirlos o paliar, en la medida de lo posible, sus nefastas consecuencias.

Así sucedió con las epizootías, enfermedades infecciosas (víricas y bacterianas) o parasitarias de los animales, que se difunden con gran rapidez en una determinada área geográfica, produciendo grandes pérdidas.

ZOONOSIS. Algunas de las epizootías son zoonosis, es decir, se transmiten al hombre, constituyendo un grave riesgo para la salud humana. Desde tiempos remotos, la fiebre aftosa, tuberculosis, perineumonía, viruela, carbunco, agalaxia, peste porcina clásica, peste aviar, enfermedad de Newcastle, hidatosis, etcétera, eran conocidas por el hombre. Durante siglos asolaron las ganaderías del viejo mundo y, aun ignorando su etiología y epidemiología, fueron combatidas con los medios más primitivos y empíricos. Con los descubrimientos de América y Australia, libres hasta entonces de muchas de ellas, se originó una nefasta ampliación geográfica de sus indeseables consecuencias. La especial gravedad de algunas de ellas, como la temida fiebre aftosa, ha sumido en la ruina al sector ganadero de muchos países del mundo por la enorme difusibilidad del virus, el dramatismo de los síntomas y la elevada morbilidad y mortalidad que provoca. La simple mención de otras, como la rabia, siempre ha despertado en el hombre ancestrales y justificados temores.

A principios de siglo, algunos países europeos intuyeron que la intensificación del comercio internacional de animales y de las producciones ganaderas, podía complicar aun más la precaria situación sanitaria de sus animales domésticos. En 1920, los más pesimistas augurios se hicieron realidad, haciendo válido el aforismo del célebre geógrafo Clozier: "Las fronteras, obra de los hombres y no de la naturaleza, son siempre convencionales", al que podríamos añadir: "Y las epizootías no respetan". En efecto, un barco que transportaba cebúes desde Pakistán a Suramérica hizo escala en el puerto belga de Amberes y se procedió al desembarco de los animales para que descansasen. El temido virus de la peste bovina, acantonado larvadamente en ellos, persistió en los establos de cuarentena, contagiando a otros que fueron alojados en ellos posteriormente y se extendió con rapidez por las explotaciones bovinas belgas hasta llegar a las a la frontera francesa. La alarma se extendió velozmente por toda Europa. A iniciativa del gobierno francés, en 1921, se celebró una Conferencia Internacional y el 25 de enero de 1924, 28 países firmaron en París un Convenio Internacional sobre prevención de la peste bovina y demás enfermedades infectocontagiosas. Hoy en día se considera como el punto de partida para la creación de la Oficina Internacional de Epizootías.

OIE. Desde entonces, esta prestigiosa organización internacional veterinaria se ha afianzado, conservando el espíritu de dos grandes y nobles movimientos que surgieron en la vieja Europa a mitad del siglo XIX: el primero, relacionado con la mejora de la higiene, y el segundo, con su contribución al buen entendimiento entre las naciones.

Y aquel viejo y altruista proyecto es hoy en día una espléndida realidad; la OIE está integrada por 140 países, su influencia se extiende por todo el planeta y sus actividades, dentro del ámbito de la sanidad animal, van dirigidas a: 1) Potenciar y coordinar toda la Investigación y experiencia sobre patología y profilaxis de las epizootías; 2) Recoger y poner en conocimiento de los países miembros y a sus respectivos servicios sanitarios los hechos y documentos de interés general en estas enfermedades, así como los métodos idóneos para combatirlas; 3) Estudiar los proyectos de acuerdos internacionales sobre policía sanitaria animal, ofreciendo a los gobiernos firmantes los medios necesarios para controlar su ejecución. Actualmente sus servicios también abarcan temas tan interesantes como la higiene alimentaria, el control de los medicamentos veterinarios, la biotecnología, etcétera.

El 24 de marzo de 1994 la OIE firmó con el GATT (acuerdo general sobre aranceles aduaneros y comercio). En el acuerdo se le atribuye a ña OIE la responsabilidad de la r de normas internacionales en materia de sanidad animal, lo que la convierte en una institución de imprescindible consulta para la futura Organización Mundial de Comercio (OMC).

EFICACIA. La rapidez de la obtención de la información epizootiológica y en su difusión entre los países miembros en riesgo, son las bases del sistema de la OIE que, en casos de enfermedades graves, les permite reaccionar con rapidez y eficacia contra cualquier nuevo foco. Numerosos expertos de renombre mundial participan activamente en estas tareas, incluidos en centros colaboradores, laboratorio de referencia, grupos de trabajo (sistemas de información zoosanitaria, registro de medicamentos veterinarios y biotecnología) y comisiones especializadas (fiebre aftosa, enfermedades de los peces, manual de normas veterinarias y Código zoosanitario internacional). Manual y Código constituyen dos pilares básicos sobre los que se asienta actualmente la filosofía de la OIE, al establecer la estandarización de diagnósticos y vacunaciones, así como elaborar las reglamentaciones sanitarias para el comercio internacional de animales y de sus producciones, respectivamente. Todos ellos realizan sus actividades bajo la autoridad del Comité Internacional, integrado por los delegados de sus países miembros y dirigido por el relevante investigador en rabia, Dr. Blancou.

Parte fundamental de la OIE es su prestigiado servicio de publicaciones, al frente del cual se encuentra la Dra. G. S. Dilmitis que, apoyada por los consejos editorial y asesor, hace llegar los temas de más candente actualidad a especialistas de todos los países del mundo. Los requisitos se hacen indispensables en la selección de los textos con el interés universal del tema tratado y la calidad de la publicación.