Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Los elefantes no necesitan teléfono

No se trata de un juego de palabras ingenioso. En la competición científica anual que se realiza en las High School canadienses la Investigación "Por qué los elefantes no necesitan teléfono", propuesta por la joven estudiante Della Drury, ha obtenido la medalla de oro en la categoría de Ciencias Físicas Intermedias, al ser seleccionado como el mejor proyecto de ese nivel.

Por otra parte la naturalista Katy Pyne, una experimentada investigadora en bioacústica, acaba de publicar un libro titulado El Estruendo Silencioso: En Presencia De Los Elefantes ("Silent Thunder: In the Presence of Elephants"), en el que también aborda el tema de la comunicación entre los elefantes, llegando a las mismas conclusiones que Della Drury.

Los biólogos que estudian en África a estos animales están convencidos de que los elefantes, en ocasiones, pueden comunicarse unos con otros, a distancias inexplicablemente lejanas, de un modo no perceptible para los humanos. Como ejemplo podemos citar las experiencias de Rowan Martin, en Zimbabwe, realizadas sobre elefantas radiolocalizadas, pertenecientes a diferentes familias y controladas a lo largo de varios años. La conclusión es la de que estos animales, aun separados por una decena de kilómetros de bosques, son capaces de coordinar sus desplazamientos con el resto de la manada.

En la India, los elefantes se han utilizado como vehículos de transporte y carga durante muchos años, existiendo numerosos relatos sobre sus extraordinarias capacidades. Fue en 1972 cuando el naturalista M. Krishnan apuntó la posibilidad de que los elefantes pudiesen comunicarse entre sí usando frecuencias sonoras no audibles totalmente para los humanos. Es ahora cuando comienzan a aclararse los mecanismos concretos de tal tipo de comunicación.

SONIDO. Las ondas sonoras tienen naturaleza ondulatoria, lo cual significa que poseen una determinada longitud de onda (l) que se relaciona con la velocidad de propagación (v, que es fija e igual, en el aire, a unos 340 metros por segundo), y con la frecuencia (f, que es el número de ondas por unidad de tiempo), de forma que v = f . l. Por tanto, una onda sonora poseerá menor longitud de onda si su frecuencia es más alta (sonido más agudo), mientras que a una mayor longitud de onda le corresponde una frecuencia menor (sonido más grave). El oído humano normal suele captar los sonidos cuyas frecuencias se corresponden al rango de frecuencias entre unos 30 y unos 15.000 Hertzios (1 Hertzio equivale a un ciclo por segundo). De ahí que el oído no pueda percibir bien los ultrasonidos de alta frecuencia ni tampoco los infrasonidos de muy bajas frecuencias.

El sonido usual que todos hemos oído, procedente de las trompas de los elefantes, es de baja frecuencia, pero dentro de los límites audibles, y se emite en situaciones de excitación, estando asociado a la diversión y al juego, aunque también con el miedo y la huida. Frecuentemente se emite cuando los elefantes son agredidos o agreden a otro u otros animales.

El sonido humano procedente de las cuerdas bucales se corresponde a un modelo de producción equivalente a un tubo lleno de aire abierto por un extremo y cerrado por el otro. El estudio de Dolly Drury, la joven canadiense antes citada, sobre los sonidos audibles de los elefantes, muestra la aparición de ciertos armónicos, que se correspondería a un modelo de producción equivalente a un tubo abierto por ambos extremos, es decir, igual que el de un tubo de órgano abierto. Sin embargo, ello exigiría la existencia de unas vías aéreas con longitudes demasiado largas, ¡incluso para un elefante!. Pero el Dr. Hezy Shoshani, un experto en elefantes de Wayne State University ha descubierto ciertas peculiaridades anatómicas en la cabeza de los elefantes que podrían funcionar como tales largas vías aéreas.

INFRASONIDOS. Lo que más nos puede llamar la atención es la capacidad de comunicación a gran distancia, inaudible para los humanos, que pueden mostrar los elefantes. Ello se debería a la producción de sonidos de muy baja posible. Para comprobarlo los investigadores han usado sofisticados equipos de registro y reproducción de sonido, entre ellos grabadores científicos Nagra IV SJ, micrófonos B&K así como radiotransmisores especiales acoplados a los cuellos de los elefantes. Los resultados muestran que, efectivamente, los elefantes emiten infrasonidos de baja frecuencia, que marcan sus vidas sociales aunque estén separados entre sí 3 ó 4 kilómetros. Entre esos comportamientos sociales está la competición entre los machos para la supremacía reproductora o la reunión de los individuos antes de emprender un viaje.

Esa tan baja frecuencia puede llegar hasta los 5 Hertzios, grabados en el caso de un elefante salvaje en la República Central Africana. En la sabana africana los sonidos más infrasónicos (unos 14 Hertzios) suelen corresponder a los elefantes machos que se hallan en un estado especial de secreción, en el que poseen un alto contenido en la hormona testosterona y sienten ansias de cópula y lucha. Las hembras en celo también parecen emitir unas llamadas o canción infrasónica durante unos 45 minutos, que atraen a los elefantes desde cualquier dirección.

Esta función en la cópula es importante ya que los elefantes adultos, machos y hembras, viven frecuentemente, alejados entre sí y se mueven imprevisiblemente. Una hembra se pone en celo una vez cada 4 ó 5 años y permanece en esa situación tan solo 2 ó 3 días. Por ello, la facilitación del encuentro entre macho y hembra es esencial para aprovechar esa pequeña ventana de oportunidad. Y, realmente, ello es lo que suele ocurrir.

POSIBILIDADES. Realmente aun se sabe muy poco, desde el punto de vista científico, sobre los mecanismos fisiológicos de emisión y recepción de estos sonidos infrasónicos por parte de los elefantes. Incluso es posible que existan otros mecanismos alternativos de comunicación a gran distancia, por ejemplo, el de sentir el sonido transmitido por el interior de la tierra, de un modo análogo a otros animales que se comunican sísmicamente, tales como muchas ranas e insectos. Lo cierto es que, cuando los elefantes emiten sus sonidos infrasónicos inaudibles para los humanos, las vibraciones transmitidas por el interior de la tierra pueden medirse a una distancia de medio kilómetro, mediante detectores geológicos no demasiado sofisticados. Más aun, como los sonidos viajan más rápidamente por el interior del terreno que por el aire ello significa que podrían ser detectados por las patas de los elefantes antes que por sus oídos. Y como ese retardo aumenta con la distancia del sonido emitido podría servir como una especie de señal indicadora de la distancia a la que se encuentra el elefante emisor.

Sean cuales sean los descubrimientos futuros sobre este tema, lo que ningún entendido pone en duda es la gran capacidad cognitiva de los elefantes. Un ejemplo de ello es que un elefante bien entrenado puede discernir y cumplimentar adecuadamente hasta 40 instrucciones diferentes.