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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Anticonceptivos masculinos

Recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dado a conocer que la cuarta parte de los embarazos que tienen lugar no son deseados y que la cifra anual de abortos provocados alcanza la impresionante cantidad de cincuenta millones.

Según la propia OMS, para que en el año 2.000 la población mundial no supere los seis mil doscientos millones de personas sería necesario un incremento inmediato en más de cien millones de las parejas que actualmente utilizan procedimientos seguros de control de natalidad. Por otra parte, Carl Djerassi, químico de la Universidad de Stanford, EE.UU., descubridor de las píldoras anticonceptivas orales femeninas, de uso tan generalizado en el mundo, es tajante respecto a su opinión sobre los progresos de la aplicabilidad de otras alternativas anticonceptivas. Sostiene que no cabe esperar que ninguno de los métodos ofrecidos hoy como tales alternativas puedan ser utilizado ampliamente por la gente antes del año 2010.

ANTICONCEPTIVOS. Dejando aparte las ideas respetables que cada uno pueda tener respecto a los aspectos éticos, morales o religiosos de los procedimientos anticonceptivos, la realidad es que cada día son más profundos los conocimientos que se tienen respecto a la biología de la reproducción. Eso está permitiendo la realización de investigaciones, con otros enfoques, respecto al desarrollo de otros métodos anticonceptivos. Los anticonceptivos post-coito, tales como la controvertida droga mifepristona o Ru-486, arrastran la connotación de ser consideradas sustancias abortivas más que anticonceptivas, ya que dificultan la implantación o el desarrollo del óvulo fecundado.

Lo mismo sería aplicable a los resultados obtenidos por investigadores de la OMS, usando dosis mensuales de combinaciones de antiprogestinas y prostaglandinas, que provocan la menstruación, aunque previamente haya tenido lugar el implante de un óvulo fertilizado en el útero. Por ello, como alternativa, buena parte de las investigaciones sobre nuevos anticonceptivos femeninos pretenden actuar antes de que se produzca la fertilización. En este sentido, varios grupos han realizado sustanciosos avances para identificar y bloquear las proteínas presentes en la cubierta del óvulo todavía no fecundado que participan en el reconocimiento y enlace con los espermatozoides. A tal efecto está siendo muy investigada la denominada glicoproteína ZP3.

Sin embargo, lo que pretendemos comentar hoy no son los anticonceptivos femeninos, sino el posible desarrollo de anticonceptivos específicos masculinos, aspecto en el que, al igual que en otras facetas de la vida, la igualdad entre los sexos está lejos de ser una realidad. Así lo afirma la bioquímica Rosemarie Thau y lo pretende corregir desde su cargo de directora de los programas del Consejo de la Población, en la ciudad de Nueva York. Como ejemplo de lo conseguido al respecto están en fase de publicación inmediata los resultados obtenidos en varios estudios pilotos clínicos llevados a cabo, por científicos de la OMS, sobre un grupo de trescientos hombres, a los que, durante un año, les suministraron 52 inyecciones conteniendo doscientos miligramos de la hormona testosterona.

TESTOSTERONA. Aunque esta hormona se asocia con la masculinidad, lo que se esperaba con su suministro, a niveles relativamente altos, era que el incremento de su concentración sanguínea actuase como señal para impedir la producción y liberación de dos hormonas de la pituitaria, concretamente las conocidas como hormona estimulante folicular (FSH) y la hormona luteonizante (LH), que precisamente son las que desencadenan la producción de esperma, e incluso de la propia testosterona (en el caso de la LH). Por ello, si tales hormonas de la pituitaria no se sintetizan debido a los altos niveles existentes de testosterona, entonces se dificultaría la producción del esperma. Los resultados obtenidos han mostrado lo acertado de la suposición de modo que, como media, el contaje de esperma bajó desde cifras superiores a más de veinte millones por centímetro cúbicos, en varones normales no tratados, hasta cantidades inferiores a los tres millones en los sujetos de la Investigación. Sin otras precauciones anticonceptivas adicionales, tan solo se produjeron cuatro embarazos, en un año, en las parejas de los trescientos hombres tratados. Sin embargo, es cuestionable la validez de un método como el considerado. Por una parte, lo poco práctico que es la necesidad de la inyección semanal y, por otra, por la aparición de algunos efectos laterales, como el incremento de fenómenos de acné o la ganancia de peso corporal.

Las aproximaciones al problema por parte de la doctora Thau se están realizando de modo diferente y ya se encuentran en el estadio de realización de ensayos clínicos sobre voluntarios humanos. Consisten en el desarrollo de vacunas que actúen sobre ciertas hormonas reproductoras. Así, también en la glándula pituitaria se secreta la GnRH u hormona liberadora de la gonadotropina, cuya función principal se relaciona con la producción de esperma y de testosterona. Por ello una vacuna contra esa hormona, con la producción de anticuerpos que la anulen, evita que sus efectos tengan lugar. Esta aproximación se viene realizando, no como método anticonceptivo, sino terapéutico, en algunos pacientes que sufren de tumores prostáticos que son estimulables por testosterona, por lo que la reducción de la concentración de esta hormona es muy conveniente para que no se estimule la tumoración. Sin embargo, a pesar de esos usos recomendables, la utilización más generalizada de la vacuna anti-GnRH es más discutible, aparte de que presenta complicaciones laterales tales como la pérdida de la libido.

VACUNAS. El doctor Raghuver Mondgal, del Instituto Indio de Bangalore, está investigando con vacunas anti-FSH (hormona estimulante folicular), ya que esta hormona también es precisa para la producción de esperma, aunque no afecta a la liberación de testosterona. Los primeros ensayos se realizaron en monos, sobre los que las vacunas anti-FSH producían un periodo relativamente largo, pero reversible, de infecundidad. También han resultado prometedores algunos ensayos sobre voluntarios humanos. La otra cara de la moneda es que muchos científicos piensan que puede ser comprometido utilizar el sistema inmune para anular a hormonas que usualmente son sintetizadas continuamente en nuestro cuerpo, aparte de que pudieran producirse efectos laterales por ahora desconocidos.

En consecuencia, esos mismos científicos opinan que el interés debería focalizarse en desarrollar vacunas específicas que bloqueasen sustancias antigénicas presentes en las propias células de esperma. En la Universidad de Connecticut, hace unos años, Paul Primakoff y Diana Myles, sobre conejillos de Indias machos, consiguieron su inmunización con una vacuna desarrollada contra la proteína PH-20, situada en la superficie de los espermatozoides, con lo que se anulaba la acción de éstos. Una complicación lateral fue la de ciertas inflamaciones testiculares debidas a la autoinmunización de los espermatozoides allí situados. En la actualidad, estos investigadores están trabajando sobre otra proteína de superficie de los espermatozoides, denominada fertilina. Además, se da la circunstancia de que la fertilina sufre un pequeño cambio químico una vez que el esperma deja los testículos, pero antes de que se produzca la eyaculación. Por ello, una vez bien caracterizada la proteína fertilina, se abre la posibilidad del desarrollo de un vacuna específica que actuase únicamente sobre la fertilina modificada, pero no sobre la original, de modo que así se evitaría el proceso inflamatorio testicular autoinmune. Con ello, la actuación de la vacuna equivaldría al reconocimiento de los espermatozoides a punto de ser eyaculados, no alterando su producción previa ni la libido, sino tan solo provocando su infecundidad al unirse la inmunoglobulina de la vacuna con la fertilina modificada de la superficie del espermatozoide, que no fecundaría a ningún óvulo.

Sucedería algo semejante a lo que ocurre con tantos otros espermatozoides presentes normalmente en una eyaculación y que no son activos fecundativamente. La diferencia radicaría en que con la vacuna se conseguiría el 100% de inactivación. Si se logra el éxito en estos intentos muchas mujeres se sentirán satisfechas de que se alcance una nueva meta en la igualdad de tareas y responsabilidades para ambos sexos.