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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Competición mortal

¿Quién será el ganador de esta competición mortal?. Por una parte están las bacterias y microorganismos que para multiplicarse y sobrevivir han de invadir y, a menudo, matar al organismo infectado como es el del propio hombre. Para ello mutan y desarrollan constantemente nuevos mecanismos de resistencia hacia los antibióticos. En el lado opuesto se encuentra los hombres que, con el concurso de la Ciencia, buscan nuevos procedimientos que sean efectivos para combatir a las bacterias y microorganismos resultantes.

Se trata de una batalla muy seria y difícil tal como reconocen los máximos organismos internacionales encabezados por la Organización Mundial de la Salud. A tal fin, se multiplican los contactos entre los investigadores de todo el mundo y la convocatoria de reuniones especiales por parte de los Ministros de Sanidad de los diferentes países.

EL PROBLEMA. En un editorial de la prestigiosa revista British Medical Journal recientemente se recogía la idea de la necesidad de "establecer las estrategias para evitar y controlar la emergencia y difusión de microorganismos resistentes a los antibióticos antimicrobianos...ya que la resistencia a los antibióticos constituye una gran amenaza a la salud pública que debe ser reconocida con mayor intensidad que lo ha sido hasta ahora". Desde que hace unos años en que, en otro artículo de divulgación nos ocupamos del tema, la situación global mundial al respecto no ha mejorado y no han cesado de desarrollarse nuevas formas de bacterias resistentes. Las bacterias han desarrollado mecanismos muy sofisticados de adaptación e intercambio de su material genético.

La causa final del fenómeno se debe al uso exagerado de los antibióticos. Hasta hace unos años esa utilización básicamente se realizaba por los humanos, tanto en hospitales como externamente. Pero en los últimos años se ha disparado su consumo veterinario (con aun menores controles que en los humanos), con fines profilácticos o de promoción del crecimiento. Además, no podemos ignorar que en muchas partes del mundo existen prácticas usuales como las de pulverizar con antibióticos los frutos de los árboles o usar grandes cantidades de antimicrobianos en las granjas de acuicultura, aves, cerdos, vacuno, etcétera.

EUROPA. La situación actual es la siguiente. Un 50% del consumo actual de antibióticos es para uso humano y el otro 50% es con utilidad agrícola-veterinaria. Sólo un 20% de los usados por los humanos se hace bajo control hospitalario. Y solo un 20% de los antibióticos consumidos en cultivos y animales lo es con una finalidad terapéutica, mientras que el restante 80% busca finalidades profilácticas de un mayor crecimiento o promoción. En cualquier caso, se estima que casi la mitad del consumo humano de antibióticos es innecesario, mientras que sería muy cuestionable el uso de la mayor parte de los antibióticos destinados al mundo animal.

En lo que más directamente nos concierne, según una nota editorial de Eurosurveillance, la situación en Europa es bastante deficiente y la Unión Europea está intentando potenciar y armonizar los diferentes sistemas de monitorización de la resistencia antimicrobiana en humanos y animales. Existen actuaciones globales al respecto en Bélgica, Dinamarca, Inglaterra y Gales, mientras que en Finlandia y Holanda se controla la resistencia en humanos y ganado, pero no sistemáticamente en alimentos u otros animales. Francia cuenta con un centro nacional dedicado a la resistencia de antibióticos en humanos así como una red de otros centros más especializados. En Irlanda, Portugal y otros países solo hay actuaciones concretas pero se carece de un programa nacional al respecto. En España, el Centro Nacional de Microbiología solo dispone de una información limitada sobre la resistencia antimicrobiana de cepas aisladas de humanos y muy rara vez de animales y/o alimentos. Tampoco existe un control sistemático sobre la propagación de bacterias resistentes y genes de resistencia desde animales a los humanos.

La OMS ha auspiciado diversas actuaciones para combatir el maluso de las sustancias antimicrobianas en la agricultura y en veterinaria, reconociendo que aun no somos realmente conscientes de la magnitud del impacto médico que ello comporta sobre la salud pública. El principal de esos malusos es el de su aplicación en dosis subterapéuticas como promotores del crecimiento, que estimulan la utilización del potencial genético para un mayor y rápido crecimiento de aves y cerdos, mejorando los rendimientos cárnicos y reduciendo la cantidad de desechos producidos en las granjas. Pero las consecuencias adversas son muy importantes: a) aumento de la prevalencia de especies resistentes de bacteria que se pueden transferir a los humanos por el consumo directo o a través de la utilización de agua y alimentos contaminados; b) transferencia de los genes de resistencia desde las bacterias animales a otras bacterias humanas; c) aumento de la incidencia de las infecciones humanas producidas por los patógenos resistentes; d) favorecer un mayor número de fracasos terapeúticos en el combate contra las infecciones humanas y de animales.

VIRESIST. Para el médico que se encuentra en una zona determinada los problemas prácticos que plantea el fenómeno de la resistencia bacteriana a los antibióticos son bastantes complejos, debido a los numerosos factores que intervienen así como al carácter cambiante temporal de los mismos. Los científicos abordan todas esas cuestiones desde muy diversos puntos de vista. En nuestro ámbito regional vale la pena señalar que un grupo de médicos del Hospital Vega Baja del Segura de Orihuela, bajo la dirección del Dr. José María López Lozano, en colaboración con otros centros nacionales y extranjeros, han obtenido, en su proyecto Viresist, algunos resultados interesantes con un nuevo enfoque del problema.

Para ello, se basan en que en cada lugar específico, se pueden estudiar las sucesiones ordenadas en el tiempo de los porcentajes de las diversas cepas resistentes a los distintos antimicrobianos y los resultados constituyen series que pueden ser analizadas y modelizadas mediante técnicas adecuadas como la ARIMA (AutoRegressive-Integrated Moving Average), que han venido siendo utilizados, desde 1976, en parcelas del conocimiento tan diversas como Econometría, Meteorología, Ingeniería, etc, ya que permiten captar los componentes esenciales de las series (tendencia, estacionalidad e irregularidades). En el campo de las Ciencias de la Salud su principal aplicación ha sido, hasta ahora, en las investigaciones epidemiológicas al permitir el análisis de la influencia ejercida por otros factores. Esto es especialmente importante en el caso de las poblaciones bacterianas que cambian con la zona geográfica, con el transcurso del tiempo, con las variadas estrategias del uso de antimicrobianos (a su vez dependiente del tiempo). Y lo más práctico sería la característica de permitir la elaboración de predicciones, que puedan ayudar a la terapia empírica, adaptándola a la realidad local, basándose en las predicciones calculadas de resistencias para cada caso particular y para momento.

El mencionado es solo un ejemplo de atacar las consecuencias del problema. Pero es urgente que los organismos internacionales dicten normas aplicables rigurosamente por los distintos países a fin de que el uso de los antimicrobianos no termine siendo, por sus consecuencias, un combate perdido por el hombre y ganado por las bacterias.