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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Cocaína: el combate bioquímico

"¡Ay de la princesa mía, cuando vaya!. Te besaré sin parar y te haré comer hasta que engordes. Y si me plantas cara, veremos quien puede más, una linda jovencita que no come lo suficiente o un hombretón salvaje con cocaína en el cuerpo".

Quien escribía así, en 1884, a su prometida Martha Bernays, era el respetable padre del psicoanálisis, el mismísimo Sigmund Freud. Más aun, tras realizar experiencias sobre sí mismo y otras personas, en ese año 1884 publicó el artículo ÜBER COCA, en el que, entre otras cosas, afirmaba: "la cocaína provoca regocijo y una profunda euforia que en nada difieren de la euforia normal de la persona sana...Adviertes un aumento del autocontrol y tienes más vitalidad y más capacidad para el trabajo...largo e intenso que se lleva a cabo sin ninguna fatiga...sin ninguno de los efectos desagradables que deja detrás de sí la alegría producida por el alcohol". Dado este clima favorable existente al respecto, no es de extrañar que, a finales del siglo pasado, se recetase la cocaína tanto o más que hoy el Valium. O que el químico corso Angelo Mariani se enriqueciese rápidamente con su bebida VIN MARIANI, un extracto alcohólico acuoso de coca que se convirtió en la bebida más popular de la época, recomendada públicamente en pasquines por la propia Sarah Bernhardt. Hasta el Papa llegó a otorgarle una medalla especial a Mariani. Hay que recordar que la coca-cola, inventada en 1886, hasta bien comenzado el siglo XX también contenía una cierta cantidad de cocaína. Fue en esta época cuando los médicos advirtieron sobre los peligros de adicción a la droga y las perniciosas consecuencias de lo que pasó a considerarse como un azote de la Humanidad.

COMIENZOS. Desde hace más de mil años se consume la hoja de coca, fuente de la cocaína, buscando sus efectos psicoactivos. Al masticar la hoja se libera lentamente la droga, por lo que sus efectos son más pausados. Debido a ello, los incas peruanos la consideraban símbolo de la divinidad: "los ángeles de Dios le habían regalado al hombre la hoja de coca para saciar al hambriento, reanimar al cansado, reforzar al débil y hacer olvidar sus pesares al desdichado". Los españoles fomentaban su consumo entre los indios a fin de explotarlos más intensamente y a comienzos del s. XIX comenzó a popularizarse en Europa el uso de la hoja de coca. Un amigo de Freud, el oftalmólogo Karl Koller, inventó la anestesia local usando una aplicación de cocaína sobre las membranas mucosas de los ojos. Como el avance de la química había permitido que el químico alemán Albert Niemann la obtuviese pura, el uso de droga pura pronto desencadenó una multitud de tragedias personales. El propio Freud vivió una desgraciada experiencia personal con su amigo patólogo Ernst Fleisch von Marxow quien se había convertido en morfinómano para combatir el dolor debido a una amputación quirúrgica. Freud le recomendó el uso sustitutivo de la cocaína, pero las dosis necesarias cada vez fueron mayores y tras breves euforias las depresiones consiguientes eran cada vez más agudas, hasta que von Marxow enloqueció totalmente.

LA DÉCADA DEL CEREBRO. Hoy todos somos conscientes del tremendo drama mundial que supone el consumo de drogas adictivas. De ahí la necesidad de un esfuerzo científico para conocer su funcionamiento, para poder combatirlas eficazmente. Los conocimientos bioquímicos sobre el cerebro han aumentado considerablemente en la década de los 90, propuesta científicamente como la década del cerebro. Dentro de las drogas adictivas podemos distinguir entre las depresivas del sistema nervioso central (alcohol), los narcóticos opiáceos (heroína, morfina) y los estimulantes psicomotores (anfetaminas, cocaína). El efecto recompensante, euforizante o placentero de la cocaína se realiza, al menos en parte, en la zona cerebral conocida como mesolimbo dopaminérgico, relacionado con el sistema límbico (emocional) del cerebro. El adjetivo dopaminérgico significa que el neurotransmisor usado en las conexiones interneurales es la dopamina, una catecolamina emparentada metabólicamente con la noradrenalina y la adrenalina. La dopamina es como un primer mensajero, que es reconocido por receptores específicos situados en las membranas de las células, consiguiendo modular la cantidad de un segundo mensajero, intracelular, el AMP cíclico, a través de mecanismos cuyo descubrimiento le valió a Sutherland el Premio Nobel de Medicina en 1971.

Recientemente se ha sabido que en el mesolimbo dopaminérgico existen dos tipos diferentes de receptores de la dopamina, los D1 y D2, que investigaciones recientes asocian al fenómeno de la adicción. Es frecuente que las recaídas en el consumo cocaínico ocurran tras abstinencias prolongadas, no debidas a los efectos negativos de tal abstinencia, sino a los intensos anhelos sentidos al recordar los efectos positivos de su consumo. Este hecho diferencial respecto a otras drogas parece ser la causa de que, mientras usando métodos farmacológicos y conductistas se produce un cierto éxito en los tratamientos antiadicción para la heroína y el alcohol, sin embargo, estos mismos métodos suelen ser ineficaces para el tratamiento de la adicción a la cocaína. De ahí el interés de poder encontrar nuevos abordajes moleculares al problema.

LUCHA BIOQUÍMICA. Gracias a estos nuevos enfoques, hace unos pocos meses unos investigadores californianos, encabezados por la Dra. Carrera, han podido desarrollar una verdadera vacuna anticocaínica para ratas Wistar convertidas en cocainómanas. Para ello, han usado como antígenos moléculas químicamente parecidas a las de cocaína, unidas a ciertas proteínas portadoras. Este complejo antigénico estimuló al sistema inmune de las ratas, que respondió fabricando anticuerpos específicos. Estos anticuerpos fueron capaces de reconocer y enlazar a las moléculas de cocaína que se les inyectaron a las ratas en esas circunstancias, evitando que se concentrase la cocaína en su cerebro. Como es lógico se trata de un primer trabajo experimental, pero abre interesantísimas perspectivas y nuevos interrogantes sobre posibles complicaciones, eliminación o no del problema de la adicción, etcétera.

En la misma línea de nuevos enfoques para el problema, otra Investigación muy brillante es la que viene realizando un grupo de la Universidad de Yale, dirigido por el Dr. David W. Self. En el último número de la revista SCIENCE han expuesto sus datos derivados del supuesto de que la activación del sistema dopaminérgico mesolímbico es el proceso desencadenante de las recidivas en los modelos animales desarrollados para estudiar las recaídas anhelantes de consumo cocaínico. De un modo brillante han demostrado que el proceso de la recidiva tiene lugar específicamente si los receptores D2 se activan usando agonistas o sustancias específicas estimulantes de los mismos. Por el contrario si los que se activan son los receptores D1, mediante agonistas específicos de los mismos, lo que se evita es el fenómeno compulsivo del anhelo cocaínico. Ello abre un fascinante campo para una posible futura farmacoterapia de la adicción cocaínica, a través del uso de ligandos específicos para receptores determinados. Ello significaría, en humanos, un sistema parecido al que actualmente siguen millones de hipertensos en todo el mundo a quienes, para controlar su tensión, les basta con la toma de sustancias bloqueantes de ciertos receptores característicos de las células cardíacas.