Salud RevistaCanal SaludCiencia y Salud
 

Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Insulina: 75 años

En los países desarrollados cerca del 5% de la población sufre diabetes. Su manifestación clínica extrema es el coma diabético y, hasta comienzos del presente siglo, un estado comatoso era sinónimo de muerte segura para la mitad de los diabéticos. Afortunadamente, hoy día esa situación extrema solo llega a producirse en menos del 1% de los enfermos.

Buena parte de la responsabilidad de esta extraordinaria mejora la tiene el descubrimiento y aislamiento de la hormona insulina. En estos primeros días del otoño del 1996 se cumplen 75 años de ello, por lo que parece oportuno recordar el pasado, presente y futuro de esta fascinante substancia.

EL METABOLISMO. Nuestro organismo es una maravillosa y complejísima factoría en la que, simultánea y continuamente, se producen decenas y decenas de miles de procesos, de transformaciones químicas diferentes, catalizadas por enzimas. Ello se hace de una manera perfectamente regulada y controlada, tanto en cada unidad de producción (cada una de los millones y millones de células), como en cada sección (órganos y tejidos) o en el total de la fábrica (el cuerpo). La regulación y el control se realizan a través del sistema neuroendocrino, en el que las hormonas juegan un papel muy importante. Simplificando, ante cualquier desviación en la producción o consumo de un metabolito, un sensor fisiológico capta esa desviación y produce una señal que conduce a la secreción, en un determinado órgano endocrino, de una hormona específica. La hormona (primer mensajero) es portadora de instrucciones precisas para resolver la situación y llega, a través de la sangre, al lugar con problemas. Las instrucciones se transforman allí en unas órdenes más concretas (segundos mensajeros) aplicables a las unidades de producción, para que todo vuelva a la normalidad. Por ello, si existe un problema importante en la producción de una hormona concreta, ello puede derivar en un desajuste metabólico grave difícil o imposible de solucionar. Así ocurre con la insulina, en relación con el catabolismo de azúcares: el fallo en la secreción de insulina implica un mayor y peligroso contenido de glucosa en la sangre (glucemia).

LA INSULINA. En 1889, en Alemania, los médicos Joseph Von Mering y Oskar Minkowski extirparon el páncreas a un perro observando que, tras ello, el animal producía grandes cantidades de orina, conteniendo mucho azúcar. Previamente, Paul Langerhans, había descrito en el páncreas la existencia de células "agrupadas en montículos redondeados", como ínsulas o islas, aunque Langerhans no fue capaz de aclarar su función. En 1902 Szobolew y Schultze dedujeron que en esas células de los islotes de Langerhans era el lugar donde se producía un misterioso principio antidiabético. Siete años después, el belga Jean de Meyer, sugirió que se llamase insulina a ese desconocido principio. Y así se llegó al momento cumbre.

En julio de 1921, el médico escocés John James Richard McLeod, director del INSTITUTO FISIOLÓGICO DE TORONTO (Canadá), cedió al joven médico canadiense, de 30 años, Frederick G. Banting y al estudiante de medicina americano Charles H. Best, de 22 años, un laboratorio de Investigación y diez perros, entre ellos una perra diabética de nombre Marjorie. Realmente, el Dr. Banting estaba muy motivado para las investigaciones previstas, pues una íntima amiga suya de la infancia había fallecido de diabetes, pero la WESTERN UNIVERSITY DE ONTARIO, donde trabajaba, había rechazado sus propuestas investigadoras al respecto. Antes, otros muchos investigadores, habían fallado en la obtención del principio antidiabético pancreático pero los esfuerzos de Banting y Best pronto fructificaron en resultados prometedores:
a. Primeramente, lograron desarrollar un método analítico para glucosa necesitando 0,25 ml en lugar de las muestras de 25 ml hasta entonces precisas.
b. La elección de páncreas de fetos de vaca, de 4 meses, que mostraron poseer gran cantidad del principio antidiabético.
c. El uso de acetona en lugar de alcohol, con un mejor rendimiento en la extracción.

A principios de agosto de 1921 se realizaron las pruebas definitivas. La perra Marjorie fue inyectada con el principio aislado, que primeramente fue llamado "isletina". Los resultados fueron espectacularmente buenos. Al comienzo de otoño la noticia comenzó a divulgarse y el trabajo pronto se presentó en reuniones científicas y se envió a publicar. Al comienzo del invierno los investigadores probaron sobre sí mismos la tolerancia de la isletina y, muy pronto, Leonard Thompson se convirtió en el primer humano, tratado con éxito para evitar el coma diabético, con la sustancia que se conocería en el futuro con el nombre de hormona insulina. Los resultados siguientes fueron espectaculares y de, un modo casi inmediato, en 1923, se concedió el Premio Nobel de Medicina a Banting y a McLeod. ¿Por qué no a Best?. Por su juventud y por ser un estudiante (de doctorado). Sin embargo, generosamente, Banting compartió su recompensa con él y logró reconocimientos mundiales, como la dirección del especialmente creado DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIÓN MÉDICA BANTING Y BEST, o su nombramiento como caballero del imperio británico. Su espíritu generoso le llevó a participar activamente en la inmediata 2ª Guerra Mundial y. en 1941. Banting moría en un accidente aéreo de guerra. Su discípulo Best le sucedió en su cátedra universitaria.

LA INSULINA Y ESPAÑA. En mayo de 1922, el joven médico catalán Rosendo Carrasco Formiguera se encontraba realizando una estancia en el NEW ENGLAND DEACONESS HOSPITAL, en Boston, para profundizar sus estudios previos sobre la diabetes, realizados en el INSTITUTO DE FISIOLOGÍA DE CATALUÑA, dirigido por el Dr. Augusto Pi Sunyer. En Boston conoció las nuevas sobre la insulina, procedentes de Canadá y, rápidamente, escribió al profesor McLeod, solicitándole la metodología usada para el aislamiento de la insulina.

De vuelta a Barcelona, el Dr. Carrasco, a finales de 1922, junto con su colaborador Pere González, consiguieron aislar suficiente insulina para poderla usar en experimentación animal, siendo éstas las primeras investigaciones realizadas en Europa con la insulina. Los resultados, muy buenos, fueron inmediatamente publicados como una carta al BRITISH MEDICAL JOURNAL. Inmediatamente, comenzaron a realizarse en Barcelona tratamientos con pacientes humanos, de forma pionera en Europa.

Desde hace 75 años la insulina viene recorriendo un camino de gran protagonismo pionero en Medicina y en la química y bioquímica de las proteínas:
a. Su cristalización fue, en su momento un gran hito.
b. Su secuenciación, es decir, el conocimiento de su secuencia completa de aminoácidos, en 1955, por lo que se le concedió su primer Premio Nobel al bilaureado Frederick Sanger.
c. Su síntesis artificial en el laboratorio, uno de los grandes logros en la química de proteínas.
d. Su producción biotecnológica, pionera en ese campo, usando bacterias, a las que se les introduce el gen humano.

Para el futuro aun quedan otros retos por conseguir tales como la ingeniería genética, para conseguir la inserción del gen en las propias células humanas de los enfermos.