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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

¿Son las plantas más inteligentes de lo que suponemos?

El Helmholtz Centre for Environmental Research (UFZ) estudia las complejas interacciones entre los seres humanos y el medio ambiente en zonas cultivadas y dañadas, intentando desarrollar conceptos y procesos que ayuden a asegurar los fundamentos naturales de la vida humana en las generaciones futuras

¿Son las plantas más inteligentes de lo que suponemos?
El Helmholtz Centre for Environmental Research (UFZ) estudia las complejas interacciones entre los seres humanos y el medio ambiente en zonas cultivadas y dañadas, intentando desarrollar conceptos y procesos que ayuden a asegurar los fundamentos naturales de la vida humana en las generaciones futuras. Este Centro de investigación fue establecido en 1991 y cuenta con más de 1.100 empleados en Leipzig, Halle/S. y Magdeburg. Su servicio de prensa acaba de hacer pública una interesante investigación realizada por científicos de ese Centro  (http://www.ufz.de/index.php?en=32467),  cuya traducción sería:
 
Las plantas también son capaces de tomar decisiones complejas. Al menos esto es lo que los científicos del Helmholtz Centre for Environmental Research (UFZ) y de la Universidad de Gotinga han concluido de sus investigaciones sobre el agracejo (Berberis vulgaris), una planta arbustiva, que es capaz de anular o abortar sus propias semillas para prevenir la infestación de un parásito, concretamente por larvas de la mosca de la fruta de la especie Rhagoletis meigenii. Aunque no podamos hablar quizá de “inteligencia” vegetal, estos resultados son la primera evidencia ecológica de un comportamiento complejo en las plantas. Indican que esta especie tiene una memoria estructural, es capaz de diferenciar entre las condiciones internas y externas, así como anticipar los riesgos futuros El trabajo se publica en la revista American Naturalist, una importante revista de ecología.
 
El agracejo europeo o simplemente agracejo Berberis vulgaris es una especie de arbusto distribuido por toda Europa. Se relaciona con la especie Mahonia aquifolium, nativa de América del norte y que se ha estado extendiendo por Europa durante años. Los científicos compararon ambas especies y encontraron una diferencia marcada respecto a la infestación parasitaria: “una especie altamente especializada de mosca de la especie Rhagoletis meigenii, cuyas larvas se alimentan de las semillas de la planta de la especie Berberis vulgaris, resultó tener una densidad de población diez veces superior en la nueva planta anfitriona, la Mahonia aquifolium.”, según comentó uno de los autores, el Dr. Harald Auge, biólogo de la UFZ.
 
Esto condujo a los científicos del equipo investigador a examinar más detenidamente las semillas del agracejo. Recogieron aproximadamente unas 2.000 bayas de la planta procedentes de distintas regiones de Alemania, que fueron examinadas en busca de signos de perforación, y después abiertas para observar cualquier infestación por larvas de la Rhagoletis meigenii que pudieran tener. Este parásito perfora las bayas para poder depositar sus huevos en el interior. Si la larva consigue desarrollarse, se nutrirá a menudo de todas las semillas en la baya. Una característica especial de la Berberis vulgaris es que cada baya tiene habitualmente dos semillas y que la planta es capaz de parar el desarrollo de éstas para poder preservar sus recursos. Este mecanismo es el usado para defenderla de la mosca Rhagoletis meigenii. Si una semilla se ve infestada con el parásito, más adelante la larva en desarrollo se alimentará de ambas semillas. Si en cambio la planta inactiva o aborta la semilla infectada, entonces el parásito de esta última morirá también y la segunda semilla queda a salvo
 
Al analizar las semillas, los científicos llegaron a través de un descubrimiento sorprendente: “las semillas de las frutas infestadas no siempre fueron abortadas, sino que ello dependió de cuántas semillas había en las bayas”, según el Dr. Katrin M. Meyer, quien analizó los datos de la UFZ y que actualmente trabaja en la Universidad de Goettingen. Si la fruta infestada contiene dos semillas, entonces en un 75 por ciento de los casos, las plantas anulará las semillas infestadas, a fin de salvar intacta a la segunda semilla. Sin embargo si la fruta infestada sólo contiene una semilla, la planta sólo anula las semillas infestadas en 5 por ciento de los casos.
 
Los datos obtenidos durante el trabajo de campo se sometieron a un modelo informático y los resultados fueron claros, demostrando que las plantas sometidas al estrés físico de la infestación por parásitos reaccionaban de manera muy diferente a como lo hacían las que no sufrían estrés físico.  ”Si el agracejo abortara un fruto con única semilla infestada, entonces todo el fruto estaría perdido. En vez de tomar sin más esa decisión, parece como si  la planta “especulase” con la posibilidad de que la larva podría morir de forma natural y, en cualquier caso, pocas probabilidades de éxito son mejores que ninguna. “Nos sorprendió mucho este comportamiento anticipatorio, en el que se sopesan las pérdidas predichas y las condiciones externas, “, confiesa Hans-Hermann Thulke del UFZ. De los resultados de este estudio se podría plantear, en palabras de Thulke, que la inteligencia vegetal es una noción ecológicamente plausible.
 
Pero, ¿cómo sabe la Berberis vulgaris lo que puede ocurrir cuando una mosca ha pinchado una de sus bayas? Aún no está claro cómo la planta procesa la información y cómo este comportamiento complejo pudo desarrollarse a lo largo del curso de la evolución. Por ejemplo, la Mahonia aquifolium, estrechamente relacionada con la Berberis vulgaris, ha estado viviendo en Europa durante unos 200 años con el riesgo de ser infestada por la citada mosca de la fruta, y, sin embargo, no ha desarrollado aún ninguna estrategia de defensa parecida. Esta nueva iinvestigación arroja algo de luz en s habilidades subestimada de las plantas, pero abre al mismo tiempo muchos otros interrogantes.
 
Otra información adicional: “LAS PLANTAS PUEDEN SENTIR”, en:
 
http://cienciaysalud.laverdad.es/biociencias/biologia-vegetal/las-plantas-pueden-sentir-article.html