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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Telescopio espacial con problemas

La Astronomía estudia la estructura y la dinámica del Universo intentando contestar a incógnitas referidas al cómo y al cuándo de su origen

Telescopio espacial con problemas
La Astronomía estudia la estructura y la dinámica del Universo intentando contestar a incógnitas referidas al cómo y al cuándo de su origen. Para ello se necesitan mejores y más potentes instrumentos de investigación de las galaxias y quásares débiles y distantes. La colaboración internacional permite la instalación de excelentes telescopios en lugares de mínima perturbación atmosférica, tal como su cede con el William Herschel situado en la isla canaria de La Palma, o con los nuevos instrumentos colocados en satélites que usan radiaciones infrarrojas y otras.
 
La observación de las partes más remota s del Universo y consecuentemente de las fases más primitivas de su evolución, viene limitada por el poder resolutivo de los actuales instrumentos que es aproximadamente un segundo d arco (menos de la millonésima parte de los 360 grados del círculo). Con la finalidad de obtener un poder resolutivo 10 veces superior, hacia 1970 un grupo científico planificador inició el proyecto del telescopio espacial Hubble, en honor del astrónomo americano Edwin Powell Hubble, fallecido en 1953, considerado el fundador de la astronomía extragaláctica y que proporcionó la primera evidencia de la expansión del Universo.
 
El proyecto ha sido financiado en un 85% por la NASA y en un 15% por la Agencia Espacial Europea. El instrumento, de una envergadura de 4,5 toneladas métricas, cuenta con el sistema óptico más preciso conocido hoy día (1/50 de la longitud de las ondas luminosas), con un espejo cóncavo primario de 2,4 metros de diámetro y otra serie de elementos de medida no dependientes del sistema óptico primario: fotómetro de alta velocidad, Espectrógrafo de alta resolución y espectrógrafo de objetos tenues.
 
El telescopio, lanzado al espacio a finales de abril pasado, ha tenido una historia repleta de dificultades y un costo aproximado de mil millones de dólares. Aunque la construcción del espejo primario se finalizó en 1981 por parte de Perkin-Elmer (ahora Hughes-Danbury) y prácticamente el telescopio estaba listo en 1986, la catástrofe acaecida al Challenger ese mismo año interrumpió el programa de vuelos tripulados humanos. Cuando se ha efectuado el lanzamiento, a los 4 años, se acompañó dé una lanzadera espacial tripulada Discovery en misión de apoyo, por si era necesaria alguna operación de reparación de paneles solares o similares.
 
Los primeros fallos aparecieron inmediatamente tras el regreso del Discovery, poniendo en peligro el éxito científico de una operación tan costosa como ésta y cuya asignación de tiempos y tareas para los diversos grupos de investigadores de todo el mundo estaba perfectamente planificada. Una de las dos antenas se bloqueó con un cable, la cubierta protectora del espejo no se deslizaba adecuadamente y, al pasar de las zonas nocturnas a las diurnas, los cambios de temperatura calentaban los paneles y se producían vibraciones mil veces superiores a las previstas de sólo 7 milésimas de segundo de arco. La sofisticada tecnología que controlan los correspondientes ordenadores, desde la Tierra, pudo resolver todos esos problemas. Pero a las pocas semanas se hizo evidente que el espejo primario poseía una aberración esférica que imposibilitaba la discriminación de objetos luminosos débiles situados cerca de otros brillantes y en el centro de las imágenes se concentraba sólo el 15% de la luz procedente del objeto observado, formándose alrededor un halo difuso, en lugar de la nitidez que se produciría recogiendo el 70% de la luz, tal como se esperaba. La causa final parece que fue la mala colocación de una arandela de 1 mm en un aparato usado para controlar el pulido del espejo primario del telescopio.
 
Evidentemente los instrumentos no ópticos no se han afectado, pero sí el funcionamiento del más importante: la cámara especial para objetos tenues, con detector fotónico, construido por la Agencia Espacial Europea. ¿Qué hacer ante tal situación? Se están produciendo importantes reuniones científicas y técnicas para intentar salvar la mayor parte del programa de investigación previsto, teniendo en cuenta que la vida útil del telescopio será de unos 15 años y que, para 1993 y 1996, están previstos dos vuelos tripulados hasta el telescopio. Se podría intentar en 1993 la corrección in situ de la óptica de la cámara e incluso la del espejo, pero las dificultades serían tremendas. También se puede recoger en ese vuelo y sustituirla por la adecuada en 1996, o construir una nueva y colocarla ya en el primer vuelo, lo que costaría unos 100 millones de dólares. Por ahora, lo menos factible es hacer regresar el telescopio a la Tierra para su reparación, debido al peligro de daños y de contaminación por el polvo.
 
Afortunadamente, en las últimas semanas, algunas noticias esperanzadoras pueden suponer paliar en buena parte el problema de las aberraciones pues se está intentando aplicar técnicas de corrección matemática por ordenador de los halos de las imágenes que se obtienen en las señales radioastronómicas que se estudian en el observatorio Nacional Radioastronómico de EE.UU. Sobre una fotografía del telescopio Hubble, en la que se observaban unas 60 estrellas pertenecientes a la nebulosa 30 Dorado, con una ligera mejoría sobre datos de los telescopios terrestres, aplicada la técnica de corrección radioastronómica, el número de estrellas aumentó a varios centenares y se tiene la esperanza de que se salve hasta el 80% del programa global previsto hasta 1993.
 
Por otra parte, un grupo de científicos acaba de lanzar la propuesta de que el telescopio espacial Hubble se envíe hasta la superficie de la Luna y mediante misiones lunares humanas se repare y readapte a las nuevas condiciones sirviendo de principio para la instalación de una base científica permanente en nuestro planeta
 
Sea cual sea el final, las venturas y desventuras del satélite Hubble muestran el alcance de la trascendencia de un pequeño error y la capacidad de los científicos para solucionar los más complejos problemas.