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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Ciencia y arte... ¿un matrimonio imposible?

Una de las primeras decisiones trascendentes que debíamos afrontar los hijos del tardofranquismo consistía en elegir, a mitad del bachillerato, si nuestra preparación futura –y el deseable sustento laboral-, se orientaba hacia las ciencias o las letras. Tal elección representaba una síntesis adolescente del dilema planteado como “Las dos culturas” por el físico y novelista Charles P. Snow (Cambridge, 1959). Sostenía Snow que el grave deterioro de la educación en el mundo occidental provenía de la división artificial del conocimiento en dos grandes ramas antagónicas, a menudo irreconciliables: Ciencias versus Humanidades, generando abismos de mutua ignorancia junto con frecuentes episodios de superioridad y desprecio; como el implícito en la conocida sentencia unamuniana “¡Qué inventen ellos!”.

Ciencia y arte... ¿un matrimonio imposible?
Ilustración :: ÁLEX

INICIOS

El error y falsedad de esta discriminación cultural resulta patente buceando someramente en los orígenes del pensamiento. El método científico hunde claramente sus raíces en la Lógica filosófica. Aristóteles y otros talentos insignes de la Grecia clásica (Tales, Arquímedes…) sostenían que es intrínseco a la Filosofía perseguir la verdad de las cosas y aplicaron el empirismo para explicar los fenómenos naturales, buscando hallar la relación causa-efecto. El Renacimiento cuestionó el “paradigma sagrado” situando al hombre como sujeto activo, capaz de establecer “la medida de los hechos” y los sistemas inductivos condujeron al establecimiento de principios generales a partir de casos particulares. Leonardo da Vinci ejemplificó el arquetipo del hombre ilustrado: pintor genial, matemático, botánico o escritor; además de pionero de la ingeniería. Sus extraordinarios diseños eran irrealizables porque superaban los medios técnicos de su época.

El advenimiento de la Ilustración entroniza el procedimiento hipotético-deductivo (Descartes) en el que el conocimiento de la verdad se fundamenta en la razón. El método científico actual descansa sobre cuatro pilares esenciales: observación de hechos y fenómenos naturales; formulación de hipótesis congruentes; su obligada comprobación experimental; y la propuesta final de teorías explicativas, de las que sólo algunas alcanzarán rango de leyes generales. Mediante la aplicación sistemática de este esquema lógico, la ciencia consolidó su cuerpo doctrinal (siglos XVIII y XIX); posibilitando el ulterior progreso de la humanidad.

EJEMPLOS

Notables figuras decisivas de esta etapa muestran su carácter de pensadores integrales, aunando rigor científico y formación humanista, extensible a cuestiones éticas o religiosas. Así, Newton, no sólo sienta los cimientos de la física pre-Einstein, sino que utiliza la ciencia como herramienta para intentar comprender la causa primera de todo (Dios). De hecho, titula su obra más colosal como “Principios matemáticos de la filosofía natural”. Darwin, otra figura científica descollante (“nada se entiende, sino es a la luz de la evolución”),  representa el sustrato conceptual de la moderna biología, con profundas repercusiones en el orden religioso o moral, caso del creacionismo. Pero Darwin también fue un autor de éxito y, así, “El origen de las especies…” fue un auténtico “best seller”, con la primera edición agotada antes de salir.

Desde entonces, el matrimonio entre ciencia y arte ha alcanzado su plenitud en múltiples ocasiones –con los roces consustanciales a cualquier matrimonio-. Por no ser exhaustivo, revisaremos sucintamente algunos ejemplos conspicuos y poco conocidos de grandes talentos que han combinado admirablemente ambas facetas. Así, Pío Baroja, estudió medicina, ejerció como médico rural y defendió su tesis doctoral sobre “El dolor, un estudio psicofísico”; todo ello antes de probar fortuna literaria en Madrid. Ernesto Sábato, doctor en Físicas, fue becado para investigar sobre radiaciones nucleares, en el instituto Curie y en el prestigioso MIT, hasta que una crisis personal le hizo abandonar la ciencia.

España posee una larga tradición de médicos con honda vocación humanística (Laín, Marañón…), siendo obligado resaltar a Ramón y Cajal, todavía hoy en día el científico español de mayor proyección internacional. Al margen de su incomparable labor histológica, Cajal desarrolló una fecunda actividad como escritor, bajo el pseudónimo de “Dr. Bacteria”. Títulos como: “Los tónicos de la voluntad”, “Cuentos de vacaciones”, “La vida vista a los ochenta años”…, merecerían gozar de mayor favor popular. Tampoco olvidemos que el primer Nobel de Literatura concedido a un español, fue al matemático e ingeniero José Echegaray, pese a la polémica que envolvió su elección. Por cierto, Echegaray tenía fuertes raíces murcianas.

Asimismo, la música participa de este ayuntamiento no carnal con la ciencia. Recordemos al compositor Alexander Borodin, autor de piezas esenciales de la música sinfónica rusa: “En las estepas del Asia central”, “El príncipe Igor”, danzas y canciones populares, varias sonatas y sinfonías…Sin embargo, Borodin dejó su obra inconclusa (se autocalificaba de compositor dominguero), porque ejercía como un formidable químico orgánico. Entre otras aportaciones, Borodin descubrió la “reacción aldólica”. Quizá algunos lo ignoren, pero los aldoles incluyen ciertos componentes de las membranas biológicas celulares y otros notables metabolitos fúngicos de aplicación farmacológica, verbigracia, las maravillosas estatinas, tan eficaces contra exceso de colesterol. Por último, citemos a Salvador Dalí, que admiraba la bioquímica. Pintó varias veces la Doble Hélice y afirmó que “la vida es el gobierno absoluto del ácido” (¿ADN o LSD?).

CEGUERA

Por tanto, la separación entre ciencia y arte resulta tan artefactual como peligrosa para la formación integral del individuo. En esta España, siempre a medio hacer, tal estrategia adquiere tintes dramáticos. Si ya por idiosincrasia somos poco proclives a tareas educativas que demanden tenacidad y esfuerzo (“pasas más hambre que un maestro de escuela”), la abundancia de gestores tan necios como sectarios, incapaces de planificar racionalmente y a largo plazo la enseñanza, ha provocado una degradación dramática del sistema general de educación, universidad incluida.

Desde la transición democrática, asistimos a un imparable desbarajuste normativo, con modificaciones desconcertantes realizadas por cada sucesivo ministro: LOE, LOGSE, LOPEG, LODE…y lo que te rondaré, morena.

Las consecuencias son terribles: nuestros alumnos están entre los más deficientes en comprensión lectora, razonamiento, matemáticas, etc. Es decir, los peores de la clase. Mientras tanto resuenan dolorosas las palabras de Cajal escritas hace más de un siglo: “urge salvar para la prosperidad y el enaltecimiento patrio todos los ríos que se pierden en el mar y todos los talentos que se pierden en la ignorancia”… ¿Será posible que no hayamos aprendido nada?

PD: Este artículo está basado en una conferencia impartida en la FEM de Molina de Segura; a cuyos responsables está dedicada en reconocimiento a su enorme labor a favor de la difusión de la ciencia y la cultura.

Más en:

http://edutecno.org/2009/05/el-arte-y-la-ciencia/