Salud RevistaCanal SaludCiencia y Salud
 

Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Genes, efecto placebo, ¿homeopatía?

Es un hecho conocido que algunas personas responden positivamente a tratamientos que, desde un punto de vista científico tradicional, deberían carecer de efecto terapéutico. A este fenómeno se le ha denominado efecto placebo y, hasta ahora, se había intentado explicar acudiendo, sobre todo, a factores psicológicos

Genes, efecto placebo, ¿homeopatía?
::Alex

 

Es un hecho conocido que algunas personas responden positivamente a tratamientos que, desde un punto de vista científico tradicional, deberían carecer de efecto terapéutico. A este fenómeno se le ha denominado efecto placebo y, hasta ahora, se había intentado explicar acudiendo, sobre todo, a factores psicológicos. El caso de la homeopatía es un ejemplo. Ciertas diluciones homeopáticas son incompatibles con la posibilidad de que sus componentes ejerzan una acción terapéutica.  ¿Cuál puede ser la razón? Aunque la respuesta sea compleja, se está abriendo paso una nueva posibilidad: los factores genéticos. La investigación en este campo era muy escasa pero sólo en los tres primeros meses del 2013 han aparecido varias miles de publicaciones sobre ello en revistas científicas serias.
 
PLACEBO
La situación de la terapéutica hasta hace unos doscientos años es resumible una frase de Voltaire: "El arte de la medicina consiste en entretener al paciente mientras la naturaleza cura la enfermedad”. Es decir, se basaba en el efecto placebo, que consiste en la mejoría de una enfermedad tras la administración de una intervención "inerte". Sin embargo, el posterior desarrollo de la medicina científica hizo oscurecer el papel del factor placebo. 
 
Pero en el año 1955 el Dr. Beecher publicó un informe de la existencia de efecto placebo en un 30% de los ensayos clínicos. Posteriormente se supo que la cifra variaba entre 0% y 100%, dependiendo de múltiples factores. De ahí que ahora exista un gran aumento en los estudios dirigidos a la comprensión de la naturaleza del este efecto, los centros cerebrales que intervienen, y su posible aplicación en la farmacoterapia y práctica médica normal.
 
Los factores psicológicos juegan un importante esencial en el mismo y ello desencadena complejos fenómenos neurobiológicos que implican distintas zonas del sistema nervioso central (SNC), así como cambios periféricos, fisiológicos y orgánicos.  Por ejemplo, en la acción analgésica de los placebos se conocen bastante los mecanismos del SNC que inician y median su respuesta, involucrando a la red moduladora descendente del dolor, a la corteza prefrontal dorsolateral, la corteza cingulada anterior, la amígdala y la sustancia gris periacueductal. Y sabemos que otras regiones cerebrales tienen un papel en las respuestas emocionales al placebo. Pero aún falta mucho por saber sobre las distintas contribuciones de las diferentes redes cerebrales en la respuesta placebo.
 
Si para llegar a comercializar un medicamento hay que demostrar que funciona mejor que el placebo, pero a veces el placebo es casi tan potente como el medicamento, nos preguntamos: ¿Por qué, en algunos casos, nuestros cuerpos responden de forma tan potente a “medicinas falsas”? 
 
GENES
Los genes pueden ser una respuesta, al menos parcial. Un equipo formado por Kathryn Hall y científicos del Beth Israel Deaconess Medical Center en Boston (Massachussets) y de la Universidad de Harvard, en un reciente artículo publicado en la revista ´PLos One´, han mostrado algunas claves al respecto. Usaron datos de un ensayo clínico dirigido por el Dr. Ted Kapchuk en el 2008 para determinar el efecto placebo sobre 104 casos de enfermos con síndrome de intestino irritable (SII). El placebo consistió en un falso tratamiento de acupuntura, en el que el paciente creía que estaba recibiendo la terapia pero un dispositivo evitaba que las agujas se introdujeran en el cuerpo. Los pacientes fueron divididos en tres grupos: uno recibió la falsa terapia de manera formal y distante, el segundo la recibió de una forma profesional cálida y compasiva, mientras que el tercero no recibió tratamiento. Tras tres semanas de ensayo se preguntaba a los pacientes si habían tenido una mejoría en su SII. La principal conclusión fue que sí y que la mejoría reseñada por los pacientes tratados con el placebo fue mayor cuando éste se realizó de una forma cálida y profesional que cuando se efectuó fría e impersonalmente.
 
Además, al finalizar el ensayo se les extrajo sangre a los pacientes y sobre esas muestras se han realizado las determinaciones genéticas reseñadas en la revista ´PLoS One´. Existían buenos datos previos respecto al protagonismo del neurotransmisor dopamina en la modulación y sensación del dolor. La enzima catecol-O-metiltransferasa (COMT), determina los niveles de dopamina en las zonas de la corteza prefrontal del cerebro (vinculadas a la búsqueda de recompensa y la percepción del dolor, a la cognición, la expresión de la personalidad, la toma de decisiones y el comportamiento social. Las personas que tienen un determinado polimorfismo del gen COMT poseen un nivel de dopamina más elevado y sienten el dolor más agudamente, buscando recompensas con más fuerza que los que tienen el polimorfismo que produce una baja dopamina. 
 
Los polimorfismos son variaciones en la secuencia genética y, en el caso concreto del polimorfismo val158met de la COMT se pueden originar dos copias del alelo metionina (met), dos copias del alelo valina (val), o una copia de cada uno. Según Kathryn Hall: "Las personas con dos copias de met tienen entre tres y cuatro veces más dopamina disponible en su corteza prefrontal que las personas con dos copias de val". Además de ello, COMT es muy interesante porque está implicado en la causa y el tratamiento de otras muchas enfermedades, incluyendo la enfermedad de Parkinson. 
 
 
RESULTADOS
El paso siguiente estaba claro: estudiar los polimorfismos de COMT, su genotipo, en los pacientes de SII tratados o no con el placebo, relacionando los resultados correspondientes con sus sensaciones personales de mejoría. Los genotipos estudiados se correspondieron a los antes reseñados: dos copias de met, dos copias de val o una copia de val y met.
 
Según los investigadores “…observamos que, cuando las copias de met aumentaban, las respuestas al placebo también aumentaban de forma lineal, presumiblemente debido a una mayor cantidad de dopamina disponible".  En concreto, los resultados demostraron que el genotipo doble copia del alelo met es un marcador genético de la respuesta al placebo, y que la doble copia del alelo val es un indicador de la falta de respuesta al placebo. En palabras sencillas, que la sensibilidad o la insensibilidad al placebo depende de condicionamientos alélicos genéticos y que esa sensibilidad es mayor cuando se administra el placebo de una forma cálida y compasiva. 
 
Este es un estudio preliminar. Posiblemente la dopamina no será el único compuesto cerebral involucrado en el efecto placebo (serotonina parece serlo en otros casos, como en el trastorno de ansiedad social) y parece evidente que no habrá una respuesta única ni un sólo mecanismo, sino muchos en las diversas condiciones médicas e intervenciones terapéuticas existentes. Pero, en todo caso, se ha iniciado el camino que conduce desde la magia a la ciencia,
 
Más en:
http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1094553913000527