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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Espantapájaros científicos

En contraste con su bello colorido, alegres cantos y papel ecológico, los pájaros, y en general las aves, son motivo de preocupación por el peligro y daño que pueden ocasionar

En contraste con su bello colorido, alegres cantos y papel ecológico, los pájaros, y en general las aves, son motivo de preocupación por el peligro y daño que pueden ocasionar. Los agricultores saben bien de pérdidas de las semillas recién sembradas, de la destrucción de los brotes tiernos de plantas y árboles o de la desaparición rápida de la fruta de sus árboles. Para los agricultores, los pájaros, más que una bendición, constituyen a menudo una maldición, ya que una sola ave es capaz de comer varios kilos de productos valiosos cada año. Por otra parte, en los aeropuertos y en las zonas de prácticas aéreas militares, la presencia de aves es siempre motivo de arma, pues pueden ocasionar gravísimas catástrofes al ser engullidas por las toberas absorbentes de los motores a reacción de los aviones en vuelo, ocasionando daños que, aparte de los humanos, se pueden cifrar en muchos millones de dólares anuales. Las pérdidas en piscifactorías y la contaminación de aguas potables son otros aspectos negativos que también hay que tener en cuenta.
 
Desde la antigüedad más remota el hombre ha tratado de ahuyentar las bandadas de aves usando espantapájaros, de diversas formas y modelos, frecuentemente dotados con partes móviles. Existe la creencia de que, si las ropas con las que se visten tales espantapájaros son las mismas que las de un cazador que haya estado disparando en esa zona, la efectividad aumenta. En otras ocasiones se usan efigies de depredadores que puedan asustar los visitantes voladores. Sin embargo, la eficacia de los espantapájaros es limitada a juzgar por la imagen frecuente de su silueta adornada por la presencia de uno o más pájaros que se posan en ellos para descansar.
 
Otras alternativas ahuyentadoras más eficaces la constituyen el uso de disparos simulados o cañonazos usando diversos agentes energéticos como carburo cálcico, butano, etc., e instrumentos más o menos complejos y programables. Por razones obvias este tipo de actuaciones sólo son posibles en lugares aislados, sin presencia de personas viviendo cerca.
 
También desde hace bastante tiempo se ha intentado el uso del sonido, incluyendo grabaciones procedentes de depredadores. Una variante, que algunos científicos americanos iniciaron en 1954, consistió en usar grabaciones de los gritos de auxilio emitidos por los pájaros de las especies más dañinas cuando se encuentran en peligro. Ante un sonido de esta naturaleza los pájaros de esa especie reaccionan, agrupándose hacia el lugar donde supuestamente se encuentra el animal en peligro y, tras revolotear allí, se dispersan rápidamente. 
 
Este procedimiento se ha utilizado con éxito en algunos aeropuertos, pero su aplicación generalizada ha encontrado bastantes dificultades: molestias a los habitantes cercanos; habituación progresiva de los pájaros, con la consiguiente pérdida de eficacia; falta de efecto en otras diversas especies, etc.
 
Por ello, diversos investigadores etólogos decidieron profundizar en el tema a partir de 1985, estudiando científicamente la naturaleza de la frecuencia de las ondas acústicas que constituyen los gritos de auxilio de las especies más dañinas. Mediante estudios oscilográficos se obtienen representaciones de la amplitud de las ondas (en decibelios) en función del tiempo, y a través del estudio sonográfico se conocen las distribuciones de las frecuencias de los sonidos (en kilohercios) en función del tiempo. De este modo se puede analizar en cada grito cuál es la frecuencia fundamental, las frecuencias armónicas que le acompañan, sus intensidades, sus duraciones individuales respectivas, etc., o sea que es posible conocer todos y cada uno de los parámetros que intervienen en esos sonidos complejos de gritos de auxilio. Ello supone la posibilidad de numerizar, digitalizar, toda esta información y poder reproducir sintéticamente no sólo el sonido global sino sus componentes individuales, procurando utilizar únicamente aquellos que sean de más utilidad, ya que dentro de la estructura compleja antes señalada existen muchos componentes inútiles, algunos debidos a la anatomía vocal de los pájaros y otros que pierden su eficacia rápidamente al degradarse por fenómenos de reflexión, difracción y absorción.
 
De los estudios realizados se ha deducido que la parte útil del grito, reconocida por los pájaros, es sólo una porción del total y consiste en una frecuencia fundamental, con armónicos, ascendente con el tiempo y resistente a la degradación. Con las técnicas audioelectrónicas existentes actualmente se ha comprobado su efecto sobre bandadas de diversas especies: gaviotas, cornejas y estorninos. Los resultados fueron excelentes, ya que la estructura del sonido sintético era eficaz simultáneamente sobre todas las especies, o sea que poseía un código común reconocible por ellas, y además el sonido era muy resistente a la degradación, de tal modo que, según los resultados obtenidos, la emisión de gritos de alarma sintéticos es mucho más eficaz para conseguir la dispersión de los pájaros que las grabaciones de gritos naturales. Además, no existen ruidos de fondo ni las grabaciones digitales se envejecen. Por otra parte, los investigadores están intentando fabricar los mejores sonidos para cada tipo de ave o combinaciones de ellas, y parece posible que se puedan modificar los parámetros adecuados para conseguir evitar el fenómeno de la habituación.
 
Si todo se desarrolla con el éxito previsto, sería lógico que dentro de algún tiempo estuviesen disponibles comercialmente pequeños y baratos instrumentos audioelectrónicos cuya alimentación podría ser mediante energía solar, programables y que dispongan de una grabación sintética específica contra los pájaros más abundantes en la zona geográfica considerada. En todo caso, cambiando la grabación por otra más adecuada, el mismo instrumento podría ser utilizado en otros lugares, épocas del año, etc.