Salud RevistaCanal SaludCiencia y Salud
 

Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

El sol envejece nuestra piel

Desde que nace cada ser vivo comienza su envejecimiento. En los humanos, las crecientes expectativas de vida han hecho que los aspectos sicosociales del envejecimiento sean cada vez más evidentes y como la piel, nuestro órgano más visible, juega un importante papel en la relación con la colectividad que nos rodea

Desde que nace cada ser vivo comienza su envejecimiento. En los humanos, las crecientes expectativas de vida han hecho que los aspectos sicosociales del envejecimiento sean cada vez más evidentes y como la piel, nuestro órgano más visible, juega un importante papel en la relación con la colectividad que nos rodea, la causas del envejecimiento cutáneo, el retardo de su progresión o el tratamiento del mismo son motivo de preocupación e interés y la industria cosmética, con ingentes intereses económicos, promociona una extensa lista de sustancias supuestamente eficaces contra el envejecimiento cutáneo, tales como aceites de visón, mantequilla y otros; colágeno; elastina; liposomas; líquido amniótico; jalea real; tisuloterapias más o menos sofisticadas; propóleo, etc. Una clave importante de la cuestión puede deducirla Ud. mismo(a) si hace el sencillo experimento de situarse completamente desnudo(a) ante un espejo y observar detenidamente toda la piel de su cuerpo. Fácilmente comprobará como la de mejor aspecto, más suave, menos arrugas y más juventud corresponde a la piel de aquellas zonas corporales que están usualmente mejor protegidas respecto al medio ambiente y en particular respecto al sol.
 
La piel es el mayor órgano en tamaño del cuerpo, representando en el adulto unos dos metros cuadrados de superficie y un peso de 3 o 4 kilos. Dentro de su compleja estructura se distinguen 3 zonas principales: epidermis, dermis y tejido subcutáneo. La epidermis, más externa, a su vez está estratificada en 4 capas, constituyendo la externa el estrato córneo, que actúa de barrera retentiva del agua y protectora contra la entrada de tóxicos y microorganismos. La segunda capa es la granular, la tercera la espinosa y la cuarta la basal, con células en continua división que emigran hacia la superficie para reemplazar a las pérdidas por descamación. En la zona basal se sitúan los melanocitos que, como comentábamos en el artículo anterior, son las células productoras del pigmento protector melanina. En cuanto a la dermis, proporciona a la piel su fuerza y elasticidad y contiene proteínas estructurales (colágeno, elastina), sustancias fundamentales (proteoglicanos y glucosaminoglucanos), vasos, células (fibroblastos), etc. El colágeno es el principal componente de la dermis y representa el 72% del peso seco (todas las sustancias excepto el agua) de la piel. Respecto a la tercera zona, tejido subcutáneo, en ella se sitúan células como los adipocitos o células grasas, suministradoras de energía metabólica.
 
Debido a la complejidad de la estructura y función de la piel, la naturaleza de su envejecimiento es poco conocida, aunque se puede afirmar el carácter multifactorial del mismo, con componentes genéticos y ambientales (clima, humedad, temperatura, etc.) que determinan, entre otros fenómenos, la aparición de atrofias en la dermis y la disminución de fibroblastos y vasos sanguíneos. Pero, aunque el envejecimiento cronológico cutáneo sea un fenómeno natural con el paso inevitable del tiempo, existe otro deterioro de gran importancia que podemos controlar de un modo relativamente sencillo: se trata del fotoenvejecimiento cutáneo debido a la exposición excesiva o crónica de la piel a la radiación solar. El fotoenvejecimiento no consiste en una simple aceleración del envejecimiento fisiológico, sino que posee particularidades propias, como, por ejemplo, el aumento en la sustancia fundamental de glucosaminoglucanos. Las radiaciones solares, sobre todo las ultravioletas, ejercen sus efectos nocivos sobre los diferentes componentes cutáneos con consecuencias a corto, medio y largo plazo que a la postre dan lugar, desde el punto de vista clínico, a sequedad cutánea, asperezas, arrugas, flaccidez y a lesiones premalignas y malignas.
 
Evidentemente la mejor forma de combatir el fotoenvejecimiento es evitar o contrarrestar las radiaciones ultravioletas como ya comentamos la semana pasada, mediante el uso de filtros solares, ropas apropiadas, cambios de costumbres, etc. Pero aparte de estos aspectos preventivos los dermatólogos comienzan a disponer de algunas sustancias prometedoras como agentes para evitar o anular ese envejecimiento. Entre ellas se encuentran los retinoides, los alfaceto- e hidroxi-ácidos y las vitaminas C y E, antirradicales libres.
 
Respecto a los retinoides, derivados sintéticos de la vitamina A, su comercialización ya estaba iniciada a principios de los 80 y son una amplia familia de sustancias en las que son posibles modificaciones estructurales en diferentes zonas de la molécula original. De entre todas las conocidas y ensayadas, una de las más interesantes es el Retin-A, ácido retinoico todo trans, o tretinoína, de estructura semejante a la de la vitamina A, pero sustituyendo la función alcohólica final lateral por un carboxilo. Este compuesto se usaba desde hace unos 20 años como tratamiento tópico contra el acné, pero ha sido en los últimos años cuando se ha experimentado su utilización para combatir arrugas y sarpullidos debidos al fotoenvejecimiento cutáneo. Con tratamientos controlados médicamente, para evitar intolerancias, se consigue frecuentemente la eliminación de las arrugas finas, se reducen las profundas, se mejoran las asperezas, se blanquean los lentígines y la piel va adquiriendo un tono sonrosado.
 
En cuanto a los alfaceto- y alfahidroxi-ácidos, muchos de ellos son componentes usuales de vegetales y frutas. Algunos, en forma de cremas al 5-1O %, producen una descamación del estrato córneo y la reducción de su grosor, lo que se traduce en mayor flexibilidad y capacidad de doblado de la piel sin que aparezcan fisuras. Por otra parte, estos ácidos pueden formar muchos enlaces de puente de hidrógeno con las moléculas de agua circundantes por lo que poseen una gran capacidad hidratante. En concreto se ha comprobado que el ácido glicólico al 7% hace mejorar las arrugas finas sin que aparezca irritación o fotosensibilidad como a veces ocurre con el ácido retinoico. En otras patologías este tipo de ácidos se utilizan más concentrados y así el propio ácido glicólico al 60% consigue una exfoliación o peeling eliminador de arrugas cutáneas, mientras que con el ácido pirúvico se logra un peeling de profundidad mayor.
 
Otro aspecto interesante es el de las propiedades antirradicales de las vitaminas E y e, ambas antioxidantes. La acción hidroxilante de la vitamina E respecto a algunos aminoácidos constituyentes del colágeno, necesario para la regeneración cutánea, puede ser la causa de alguno de los efectos beneficiosos de su uso tópico. También parece proteger eficazmente contra los efectos adversos de las radiaciones UVA y UV B, como se deduce de los resultados que el Dr. Darr publicó hace un año en la prestigiosa revista British Journal of Dermatology.
 
Algunas conclusiones parecen pues obvias en orden a la protección de nuestra piel: prevención respecto a las radiaciones solares y necesidad de un mayor conocimiento respecto a los mecanismos del envejecimiento fisiológico y del fotoenvejecimiento cutáneo. Mientras tanto, uso controlado médico de los dispositivos que la ciencia nos va proporcionando para combatir eficazmente al fotoenvejecimiento ya existente de nuestra piel.
 
Información adicional
 
* Aunque no se conoce con todo detalle cuál es el mecanismo íntimo que puede llevar a la desaparición de las arrugas finas o delgadas, se sabe que el proceso está relacionado con un acrecentamiento de la síntesis en la dermis del colágeno y de la sustancia fundamental de glucosaminoglicanos.
 
* Los fumadores poseen una gran facilidad de desarrollar arrugas precoces como consecuencia de la exposición solar. La causa parece consistir en que generan una gran cantidad de radicales libres, que les hace consumir sus disponibilidades de vitamina E, cuyos requerimientos normales diarios son del orden de 60 miligramos y que es necesaria para el mantenimiento de una adecuada textura cutánea, lo que estaría dificultado en los fumadores. 
 
*El mecanismo de actuación de los alfaceto- y alfahidroxi-ácidos parece que está relacionado con su interferencia con los enlaces iónicos existentes entre los aniones y cationes existentes en las capas externas cutáneas, lo que conduce a una disminución de la cohesividad de las células queratinocíticas, favoreciendo la exfoliación superficial de la piel.