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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Dinosaurios con malaria

Ocurrió hace más de 35 años, en una húmeda noche de julio de 1976, cuando el investigador George Poinar, Jr se encontraba en una zona occidental de Costa de Marfil y descansaba en una hamaca colgada entre dos árboles. Para protegerse de los mosquitos se había rodeado de una tela y una red. Pero no advirtió que su brazo derecho presionaba fuertemente la red y quedaba asequible a las picaduras. A la mañana siguiente estaba cubierto de decenas de las mismas. Una semana después era un enfermo más de malaria. Creyó que no podría regresar a su hogar americano. Pero fue afortunado con la dosis doble de cloroquina antimalárica que tomó puesto que la enfermedad producía por entonces más de un millón de muertes anuales entre los más de tres mil millones de personas amenazadas por la enfermedad.

Dinosaurios con malaria
Ilustración :: ÁLEX

MALARIA

La malaria es causada por una o varias de las diferentes especies de protozoos Plasmodium: falciparum, vivax, malariae, ovale o knowlesi. Los vectores de la enfermedad, es decir, los transmisores de los protozoos, son las hembras de las diversas especies del género Anopheles.

La lucha contra la malaria es difícil ya que no existe una vacuna totalmente eficaz. El parásito de la malaria ha conseguido adaptarse bien a la evolución, ya que, posiblemente, como comentaremos más adelante, existe desde hace más de 100 millones de años. Además, en las últimas décadas han aparecido formas resistentes a la cloroquina y otros antimaláricos, así como a los insecticidas convencionales.

Una reciente investigación sugiere que la malaria tuvo bastante protagonismo en la muerte del faraón Tutankamon habiéndose encontrado restos fósiles del ADN del Plasmodium también en otras varias momias egipcias. Y, aceptando que la caída del Imperio de Roma se debió a la colaboración de varias causas diferentes (inestabilidad política, el colapso de suministros alimenticios a Roma, contaminación por metales del suministro de agua, etcétera), otro factor muy a tener en cuenta es el hallazgo realizado por científicos ingleses de muestras de ADN de un Plasmodium falciporum, especialmente peligroso, en  los restos de un cementerio infantil de un asentamiento romano del año 450 d.C. situado en Lugnano, al norte de Roma, demostrando que la muerte de un gran número de niños cuyos restos están en ese asentamiento se debió a esta enfermedad.

Aunque actualmente consideramos que la malaria es una enfermedad tropical, históricamente ello es inexacto ya que está demostrado que se extendió por  muchísimos lugares templados del mundo. Es una enfermedad que entre sus sufridores cuenta con famosos papas, poetas, emperadores, exploradores, como por ejemplo, el emperador Titu, Alejandro Magno, Alarico (rey godo), Otto II (rey de los germanos), San Agustín, el papa Gregorio V, el papa Dámaso II, Heinrich (Emperador Santo Imperio Romano), Gengis Khan, Dante, Andrónico III (emperador bizantino), papas León X y Sixto V, Caravaggio, Oliver Cromwell, lord Byron, los presidentes americanos  Washington, John F. Kenn Monroe, Jackson, Lincoln, Grant, Garfield, Roosevelt y Kennedy;  los reyes Felipe II, Felipe IV, felipe V, Fernando VI, Carlos II;  o personajes como Ho Chi Minh, Gandhi, la madre Teresa de Calcuta, etcétera.

POINAR

Al investigador Poynar su experiencia le ayudó a interesarse por la biología y la historia del mosquito transmisor. George Orlo Poinar, Jr, quien actualmente cuenta con 75 años, es un entomólogo, paleontólogo y escritor estadounidense   que defendió la idea de la posibilidad de realizar investigaciones extrayendo el ADN de insectos fosilizados en ámbar. Esta idea se popularizó entre el gran público cuando el escritor Michael Crichton la aprovechó para escribir el libro Parque Jurásico y se realizó la posterior famosa película.

Poinar estudió en la Universidad Cornell e investigó durante largos años en el Departamento de Biología, División de Patologías de Insectos de la Universidad de California en Berkeley,. Sus trabajos más importantes han sido libros y estudios paleontológicos sobre insectos y otros organismos fosilizados en ámbar.  En 1995 se jubiló y fundó el Instituto del Ámbar en Oregón y fue nombrado profesor de Zoología en la Universidad de Oregón, donde continúa colaborando en diversas investigaciones.

Recientemente, en la revista American Entomologist su grupo investigador ha demostrado que no solamente la malaria, sino también la leishmaniosis y la tripanosomiasis existían hace ya más de 100 millones de años, demostrando su gran capacidad de supervivencia a lo largo de tan dilatado espacio de tiempo. Tengamos en cuenta, a título comparativo, que los modernos humanos anatómicamente aparecimos hace tan sólo unos 200.000 años.

INVESTIGACIÓN

El profesor George Poinar, Jr. lleva investigados miles y miles de piezas de ámbar en cuyo interior permanecieron atrapados desde hace miles o millones de años mosquitos y otros insectos, algunos de ellos infectados de protozoos.

Los protozoos son  organismos animales microscópicos  unicelulares. Se estima que más de 150.000 especies de protozoos residen en los mamíferos. Algunos protozoos han desarrollado relaciones simbióticas con insectos que les sirven de vectores para la infección. Se conocen unas 30 especies de protozoos que infectan al ser humano. Entre ellos los de la malaria, la leishmaniosis y la tripanosomiasis. El estudio del ámbar fosilizado conteniendo muestras de esos protozoos y sus correspondientes vectores ha permitido al grupo del profesor Poinar llegar a conclusiones muy interesantes como las siguientes, referidas a la malaria:

Hace más de 100 millones de años ya existían formas arcaicas, que en la actualidad están extintas, del parásito Plasmodium falciporum, muy anteriores a la aparición del hombre moderno sobre la tierra. En el caso del Nuevo Mundo se ha podido establecer la existencia de mosquitos portadores del protozoo hace, al menos, 15 millones de años, también anteriormente a la existencia del hombre moderno. Por esa época se ha comprobado que la enfermedad era capaz de infectar a varios tipos de aves. El trayecto seguido por la malaria parece, pues, que se inició en las aves, pasando posteriormente a los monos y posteriormente a los humanos.

Una curiosidad. Cuando los españoles descubrieron América observaron que si los nativos eran víctimas de la fiebre ingerían una infusión de la corteza de un árbol, conocido como el árbol de la quina, porque contiene quinina, un eficaz medicamento antipalúdico.

Y teniendo en cuenta la antigüedad del Plasmodium y cuando ocurrió la desaparición de los dinosaurios es seguro que también los dinosaurios pudieron  ser atacados por el protozoo.

Por último una noticia esperanzadora respecto al tema. Científicos del Queensland Institute of Medical Research, el Papua New Guinea Institute of Medical Research y la University of California Irvine han encontrado que algunas personas desarrollan inmunidad contra la malaria y, con técnicas de matrices proteicas han localizado la causa molecular lo que podría ayudar en el futuro a combatir la enfermedad.

Más en:
http://fossilisedamber.com/questions-and-answers/diseases-trapped-amber