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Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

AZT, antimetabolitos y Doctora Elion

Desde poco después del descubrimiento del SIDA, la Organización Mundial de la Salud puso en alerta al mundo entero respecto a las pre visibles consecuencias catastróficas de una epidemia que afectará a decenas de millones de personas antes del fin de siglo

AZT, antimetabolitos y Doctora Elion
Desde poco después del descubrimiento del SIDA, la Organización Mundial de la Salud puso en alerta al mundo entero respecto a las pre visibles consecuencias catastróficas de una epidemia que afectará a decenas de millones de personas antes del fin de siglo. En la lucha contra esta terrible enfermedad vírica el éxito más brillante conseguido hasta ahora, aunque limitado, ha sido el de la utilización de la AZT que, si no cura, al menos detiene o reduce el deterioro de los enfermos al dificultar la replicación del virus. AZT es la abreviatura del nombre químico azidotimina, también conocido como ziduvina (Tetrovir). Fue en septiembre de 1986 cuando se concluyó el primer ensayo clínico realizado en 12 centros hospitalarios de USA, tras lo cual se aprobó su uso inmediatamente por la Food and Drug Administration y se comercializó por la compañía Burroughs Wellcome Co., con gran éxito económico, ya que el costo por paciente era de unos 10.000 dólares por año.
 
¿Se descubrió accidentalmente la AZT? Ni mucho menos, pues pertenece a una familia de compuestos, denominados antimetabolitos, muy familiares para los bioquímicos, farmacólogos o patólogos. Son análogos estructurales, o sea muy parecidos en sus fórmulas, a las bases o nucleósidos (base + hidrato de carbono) que forman enlazados las cadenas de los ácidos nucleicos ADN y ARN. Es esa semejanza estructural la que hace que interfieran con el metabolismo de esos ácidos, imposibilitando por ejemplo la multiplicación y proliferación celular de las células malignas en algunos cánceres o la de algunos virus invasores, tal como en el caso del SIDA, que destruye los linfocitos T, piezas esenciales de nuestro sistema inmune.
 
Debido a sus propiedades algunos de estos antimetabolitos habían sido utilizados farmacológicamente con anterioridad. La 6MP (6-mercaptopurina) es una base, no natural, metabolizada por las células tumorales, de donde se deriva su actividad citotóxica antitumoral. La araA (adenina arabinósido) es un fármaco antitumoral y antivírico. La araC (citosina arabinósido) se usa contra algunos cánceres. La gran citotoxicidad del Fura (5-fluoruracilo) se efectúa a través de complejos mecanismos metabólicos que afectan a los ARN. La desazauridina es otro ejemplo clásico de un nucleósido antitumoral efectivo. 
 
La investigación sobre antimetabolitos se inició en los años cuarenta, principalmente en los laboratorios de la compañía farmacéutica Wellcome, mucho tiempo antes, incluso, de que se descubriese la estructura doble hélice del ADN. Se trataba de fabricar moléculas muy parecidas a las que la naturaleza utiliza normalmente para efectuar la síntesis de los ácidos nucleicos durante la división celular, esperando que de este modo los organismos invasores (virus o bacterias) o las células anormales (tumores) las usasen selectivamente y, tras esta equivocación, quedasen afectadas gravemente las células invadidas o anormales, pero no las normales.
 
El éxito acompañó el empeño y en esos laboratorios se comenzaron a desarrollar agentes quimioterápicos activos, de mayor o menor efectividad, el primero de los cuales fue la diaminopurina (antileucémico), seguido de la 6MP (aprobada ya en 1953 para su uso por la FDA), la azatiopirina (anti rechazo de órganos), el aciclovir (útil contra el virus herpes), etc., hasta llegar a la célebre AZT, pasando por otros útiles compuestos de tipo antipalúdico, antigota, etc.
 
Detrás de esos descubrimientos estaba un equipo de investigadores bajo la dirección de George H. Hitchings y Gertrude Belle Elion, quienes fueron recompensados en 1988 con el premio Nobel de Medicina y Fisiología, acompañados de Sir James W. Black, en este caso, por desarrollar el primer fármaco bloqueante de los receptores beta, de gran utilidad clínica.
 
La de Gertrude Belle Elion es una historia personal ejemplo de la tenacidad y determinación de muchas mujeres. Su padre, dentista, quería que siguiese su profesión, pero la muerte, por cáncer, de su abuelo la motivó a otros objetivos, aunque el horror por las disecciones anatómicas de cadáveres le hizo huir de la medicina clínica y decidirse por la química, que estudió en la Universidad de Nueva York mientras trabajaba de auxiliar de laboratorio de la compañía Quaker Maid, analizando frutas, conservas, mahonesas, etc. Para ingresar en 1944 en los laboratorios de investigación de la Wellcome, tuvo que vencer enormes suspicacias existentes en aquella época contra el trabajo femenino en ambientes masculinos. Su entrega al trabajo fue tal que, a pesar de su ilusión de obtener un doctorado, nunca encontró tiempo para cumplimentar las formalidades necesarias, porque lo cual Elion es de los pocos investigadores honrados con el premio Nobel de Medicina sin el título de doctor.
 
Tras su jubilación hace pocos años, Gertrude B. Elion fue contratada como profesora de la Facultad de Medicina de Duke, donde afirma que ha descubierto que tan excitante como investigar es enseñar a los jóvenes, abriendo sus mentes al mundo de la Ciencia.
 
Por cierto, en España, en la Universidad española, la premio Nobel Elion no hubiera podido ser contratada como profesora. Los criterios burocráticos estatales lo impedirían por no ser doctora y por su situación administrativa de jubilada. Deduzca el lector las consideraciones oportunas.