Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Células madre: investigación y ciencia

Células madre: investigación y ciencia

Trasplantes sin rechazo y tratamientos contra enfermedades degenerativas y crónicas son algunas promesas de la biomedicina a comienzos del siglo XXI

Seis pacientes ciegos debido a retinitis pigmentosa o degeneración macular –dos afecciones hasta entonces incurables– recuperaron parcialmente la vista en el 2004 gracias al trasplante de células de la retina obtenidas en el laboratorio. En abril del 2005, se anunció que, en intervenciones experimentales en el hospital británico Reina Victoria, cuarenta pacientes dejaron de ser ciegos gracias a la regeneración de sus córneas con terapia celular. El elemento clave de estas curaciones, y de cada vez más historias similares, son las células madre, células no diferenciadas que al reproducirse pueden dar como resultado células de distintos tejidos del cuerpo.


Todo ser vivo comienza, en realidad, como una sola célula madre, un óvulo fecundado que se subdivide en otras células que, a lo largo del desarrollo del individuo y como respuesta a diversas señales, comienzan a diferenciarse en los distintos órganos y tejidos que conforman el cuerpo. El control de este proceso nos permitirá en el futuro desarrollar tecnologías para reemplazar células enfermas o inútiles por células nuevas sanas y funcionales. Algo que ya se aplica enciertos tipos de cáncer y la enfermedad de Parkinson y es una gran promesa para la diabetes, las lesiones de la médula espinal y otras. Incluso sería posible crear en el laboratorio órganos completos para trasplantes, con lo que los pacientes que los necesitan dejarían de estar a expensas de donantes.


Las células madre son de distintos tipos según pueden o no convertirse en otras: totipotentes (se convierten en cualquier tejido), pluripotentes (se convierten en cualquier célula excepto una totipotente), multipotentes (se convierten en células de un grupo relacionado de tejidos, como distintos tipos de células de la piel) y unipotentes (que pueden producir sólo un tipo de células además de renovarse a sí mismas). Estas células también se diferencian por su origen. Las que proceden de seres ya formados, o somáticas, suelen ser multipotentes. Otras proceden de la sangre de la placenta y del cordón umbilical de bebés recién nacidos. Finalmente, las embrionarias se obtienen de la masa celular interna de embriones de 4 ó 5 días.


Las células madre somáticas se emplean ya para tratar más de un centenar de enfermedades, muchas veces sin que sepamos que son células madre. Por ejemplo, la médula ósea está formada por células madre multipotentes que pueden producir distintos tipos de células sanguíneas. La médula se trasplanta desde hace décadas para tratar la leucemia o ayudar a la recuperación de pacientes sometidos a quimioterapia. La sangre umbilical contiene células madre que ya se usan sobre todo en el tratamiento de enfermedades infantiles, como los síndromes de Hunter y de Hurler, la enfermedad de Gunther y, especialmente, la leucemia linfocítica aguda. En estos tratamientos, lo ideal es usar sangre del propio paciente, pues, al no haber rechazo del tejido, el tratamiento tiene más posibilidades de éxito.


En el centro del debate


Pero son las células madre embrionarias, que son las totipotentes, las que se encuentran en el centro del debate bioético, religioso y político, ya que se obtienen de embriones creados en el laboratorio en procesos de fertilización in vitro. Éstas son las que encierran más promesas de extraordinarios avances en el tratamiento de muy diversas afecciones, desde el cáncer hasta la recuperación de daños en la médula de la columna vertebral, y usos tan importantes como la prueba de los efectos de ciertos medicamentos o procedimientos diagnósticos en el laboratorio, disminuyendo el uso de animales en la experimentación, así como las fases más arriesgadas de tales estudios en voluntarios humanos. Al tratarse de un área de estudio joven, es imposible predecir con certeza hacia dónde nos llevará y todo lo que podrá ofrecer al ser humano.


El debate incluye también el uso de la clonación terapéutica para obtener células madre. Esta técnica sustituye el material genético de un óvulo por el del donante o paciente, activándolo para que se comporte como un óvulo fecundado y dando como resultado un blastocisto con células totipotentes que pueden usarse para recrear cualquier parte del organismo del donante sin que se produzca un rechazo al trasplantarlas.


Hacer realidad todo el potencial de la terapia celular a partir de células madre requiere todavía de una intensa experimentación para poder determinar no sólo cómo se puede hacer que se conviertan en células sanas de uno u otro tejido, camino que apenas se ha empezado a andar, sino también para determinar sus riesgos y cómo evitarlos. La inyección de células en un ser vivo no es asunto trivial, y sólo debe hacerse con una certeza razonable de que el proceso está bajo control. Esta investigación inicial es la que hoy se enfrenta a la oposición de grupos e individuos con intereses no relacionados con la ciencia.


Tan sólo aprender a cultivar y hacer que se reprodujeran las células madre en el laboratorio sin que se diferenciaran espontáneamente requirió veinte años de trabajo. Se necesitarán muchos años más, el acceso a cantidades suficientes de tejido y un apoyo sólido de la sociedad y los gobiernos del mundo, para que este área de investigación avance tan rápidamente como sea posible. El precio de no hacerlo así se paga diariamente en la disminución de la calidad y cantidad de vida de miles y miles de personas.

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