Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Totipotencia umbilical

Células totipotentes, pluripotentes o multipotentes. Células raíz, progenitoras, precursoras, madres o troncales. ¿Se trata de mero léxico científico?. No, ya que existen suficientes datos para esperar que en el futuro, un mejor conocimiento de algunas de estas células permitirá su uso para reparar o sustituir nuestros órganos y tejidos enfermos, sin graves problemas inmunológicos de rechazos. Entre ellas, ofrecen un interés especial las del cordón umbilical.

Lo ideal será que comencemos aclarando algunos conceptos. La mayoría de las células humanas contienen núcleo y dentro del núcleo se encuentra el genoma en forma de cromosomas, constituidos por moléculas de ADN que contienen todos nuestros genes.

Pero, ¿nuestros genes suelen ser operativos en todas las células?. En absoluto. Las células diferenciadas (músculo, hígado, riñón, etcétera) posiblemente solo pueden expresar alrededor del 10% de su capacidad genética como contrapartida a su especialización. Existe una relación inversa entre especialización y cantidad de información genética expresable.

Lo ideal sería poder disponer de células indiferenciadas, mejor aun si son del propio organismo, conservarlas en el laboratorio y cultivarlas, dominando los mecanismos que conducen a su diferente especialización, para usarlas, más o menos diferenciadas, en la reparación o sustitución de órganos y tejidos defectuosos.

Pues bien, no se trata de sueños, sino de investigaciones difíciles, pero ya en marcha, con la participación de muchos científicos y empresas. Y colateralmente aparecen y aparecerán nuevos dilemas éticos como el del posible uso terapéutico de las células embrionarias.

EMBRIONES. Cuando la célula inicial de un huevo fertilizado comienza a dividirse, estas células iniciales son totipotentes, es decir, que a partir de tan solo una de ellas se puede obtener un organismo total, con sus órganos y tejidos diferenciados. Por ello, un embrión, en sus primeras etapas de desarrollo, se podría dividir, dando lugar a otros embriones que producirían organismos clónicos. Pero supongamos que el desarrollo embrionario prosigue. A los cinco días tras la fertilización se forma una especie de bola hueca que posee unas 100 células y se denomina blastocisto. Las células del exterior darán origen a la placenta. Las del interior, aproximadamente unas 50, al embrión. Estas 50 células son pluripotentes, lo que significa que, a partir de una de ellas ya no sería posible obtener un organismo, pero sí tienen capacidad para transformarse en casi cualquier tipo de tejido. Si continúa el desarrollo embrionario las células se convierten en multipotentes y solo pueden originar clases de células ya especializadas.

Por cierto, la gran novedad científica que supuso la obtención clónica (a partir de una célula de mama madura de su madre biológica) de la ovejita Dolly fue el comprobar que, aunque en la Naturaleza no ocurre así, en el laboratorio, en condiciones muy específicas, se podía volver atrás el proceso de especialización con lo que el genoma de una célula especializada (como la de mama) se convertía en un genoma totipotente, capaz de desarrollo embrionario y de producir un individuo completo.

En resumen, lo que sería de gran interés para muchas situaciones patológicas, entre las que destacan las enfermedades hematológicas, sería disponer de células precursoras para sustituir a las problemáticas. Los casi 100 gramos de sangre de la placenta y del cordón umbilical están siendo una solución que cada vez ofrece más posibilidades y está salvando centenares de vidas.

CORDÓN UMBILICAL. En 1972 apareció la primera pista sobre el posible interés clínico de la sangre del cordón umbilical, cuando dos médicos americanos la utilizaron en una transfusión de sangre a un muchacho con leucemia de 16 años. A las pocas semanas comprobaron que la sangre del chico contenía células rojas identificables como desarrolladas a partir de las células transfundidas. En 1989 se pudo demostrar que la sangre del cordón umbilical humano contenía una gran cantidad de células precursoras, tantas como las de la médula ósea. Se trata de células madre hematopoyéticas, de células que pueden servir de precursoras de cualquier especie celular sanguínea, desde los hematíes que transportan el oxígeno a los tejidos, a los leucocitos protagonistas de los sistemas de defensa inmunológicos o las plaquetas protagonistas de los procesos de coagulación que facilitan la cicatrización de las heridas. E, incluso, pueden convertirse en células cerebrales de sostén, como las microglías.

Los trasplantes de médula ósea están siendo de extraordinario valor en la Medicina moderna. Sin embargo, sus limitaciones son evidentes, sobre todo por los problemas derivados del hallazgo de donantes lo más histocompatibles posibles. Las investigaciones sobre la sangre de cordón umbilical están abriendo nuevas posibilidades. En principio, diversas patologías hematológicas podrían resultar beneficiadas: leucemias, anemias falciformes, anemias de Falconi, inmunodeficiencia combinada grave, enzimopatías genéticas como la enfermedad neurológica de Hurler, etcétera.

El desarrollo incompleto del sistema inmunitario en el recién nacido hace que el trasplante de sangre del cordón umbilical sea menos problemático que el de médula ósea, incluso entre donantes y receptores no emparentados, tal como demostró el equipo del Dr. Gluckman en 1997. Por ello, actualmente, un 75% de los trasplantes de sangre de cordón umbilical se realizan con donantes y receptores no emparentados entre sí. También disminuye drásticamente el riesgo de transmisión de citomegalovirus.

Por otra parte, la creación y conservación de bancos de sangre de cordón umbilical sería bastante viable ya que cada nacimiento que ocurre lleva aparejada la posibilidad de recoger la sangre del cordón. Son centenares de millones los nacimientos que ocurren al año, mientras que, vale la pena recordar, tras varios años de generosos y valiosos esfuerzos, el Registro Internacional de Donantes de Médula Ósea cubre unos 10 millones de donantes.

BANCOS. Ante las ventajas potenciales, no es de extrañar que numerosos hospitales e institutos clínicos hayan establecido bancos de sangre de cordón umbilical en beneficio de quien pueda necesitarla. Y que aparezcan iniciativas comerciales que se ofrecen a los padres de los recién nacidos para conservar, a cambio de una remuneración económica periódica, las células precursoras de la sangre del cordón umbilical para su futuro uso en caso de que el que ya sería adolescente o adulto la necesitase.

Pero, además de ventajas, también existen riesgos y problemas. Por ejemplo, la pequeña concentración de células precursoras presentes en la sangre de cordón umbilical hace que su beneficio sea menor en el caso de receptores adultos o de niños con peso superior a los 15 kilos. Y es difícil garantizar la ausencia de virus o enfermedades genéticas en las donaciones.

Una duda ética sería quién debe dar el permiso para la donación. El cordón umbilical, ¿pertenece en exclusiva a la madre, o al niño?. ¿Se necesita acuerdo entre los progenitores?. Otra duda ética sería la de si es legítimo que una compañía comercial posea en depósito unas células que pudieran ser necesarias para otra persona diferente a la que fue su donante. O, en el caso de la cesión gratuita a un Banco público de sangre de cordón umbilical, ¿qué problemas legales existirían si el donante la necesitase posteriormente y ya hubiese sido utilizada con anterioridad?

En todo caso, la Medicina está abriendo otra puerta de esperanza, que hará posible que algún día futuro un niño con ciertas patologías pueda curarse con sangre de cordón umbilical procedente de un banco de donantes o con su propia sangre de cordón umbilical reparada por las modernas técnicas de la Biología Molecular.