Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Órganos humanos, ¿renovables?

Conforme los logros médicos avanzan en numerosos frentes, se va convirtiendo en uno de los problemas sanitarios más importantes del mundo el ocasionado por el deterioro irreversible de nuestros órganos más comunes: corazón, hígado o riñones. Por ejemplo, en los países del primer mundo, las enfermedades cardíacas causan unas 10 veces tantas muertes como las ocasionadas por la suma combinada del SIDA y el cáncer de pulmón.

La donación de órganos trasplantables resulta totalmente insuficiente para resolver el problema. Únicamente uno de cada seis potenciales pacientes llega a recibir el trasplante del órgano que precisa. En cuanto al xenotrasplante a humanos de órganos procedentes de animales genéticamente modificados, por hoy, solo es una esperanza, una bella esperanza, que precisa de importantes descubrimientos científicos antes de que se pueda convertir en una realidad clínica cotidiana. Ante esta situación, ¿podría pensarse en la reparación de los órganos defectuosos e, incluso, en su nueva formación, dentro del propio cuerpo del paciente afectado?.

No se trata de un supuesto de Ciencia-ficción sino que ya es un sólido proyecto científico-comercial en el que participan instituciones muy prestigiosas como lo son una interesante y prometedora empresa biotecnológica, uno de los centros investigadores de mayor calidad del mundo, y uno de los más famosos centros clínicos americanos. Lo mejor de todo es que los resultados preliminares están siendo muy prometedores.

LOS SOCIOS. ADVANCED TISSUE SCIENCES, de la Jolla, California, es una compañía biotecnológica que ha desarrollado una tecnología propia para fabricar productos tisulares humanos destinados a la reparación y al trasplante. Entre ellos, están ya comercializados en varios países el Dermagraft(R), que es un tejido vivo humano sustitutivo permanente, usado en el tratamiento de las úlceras que se forman en las piernas de algunas personas diabéticas. También el Dermagraft-TC(R), que se utiliza para recubrir temporalmente las quemaduras profundas.

El MIT (MASSACHUSSETTS INSTITUTE OF TECHNOLOGY) es uno de los mejores centros universitarios investigadores del mundo. Con unos diez mil estudiantes, hasta doce de sus profesores y médicos han sido galardonados con el Premio Nobel. Las patentes que se originan en sus centros superan a las de cualquier otra Universidad americana. Anualmente conciertan más de 70 acuerdos conjuntos con compañías privadas.

En cuanto al tercer socio, el HOSPITAL INFANTIL DE BOSTON, es el centro pediátrico (cubre desde el nacimiento a los 21 años de edad) de más alto nivel de Estados Unidos, formando parte de la Harvard Medical School, el conjunto pediátrico investigador más importante del mundo.

TECNOLOGÍA. Tan prometedores son los resultados previos que los responsables del proyecto acaban de obtener tres patentes (las 5.759.830, 5.770.193 y 5.770.417, respectivamente) que cubren la tecnología que se piensa aplicar. Las investigaciones en las que se basan estas patentes han sido publicadas en los últimos años en revistas científicas de gran calidad y consisten en hacer crecer in vivo, en el cuerpo, tejidos humanos vascularizados u órganos. Ello se consigue en dos fases. En la primera, en el laboratorio, se sitúan sobre un andamiaje tridimensional los oportunos cultivos celulares, que se alimentan y hacen crecer sobre ese armazón, que está hecho con sustancias biocompatibles y biodegradables (esto último si ello es conveniente para los fines perseguidos). Tras ello, la "plataforma" se implanta en el interior del cuerpo, en el lugar adecuado para efectuar la necesaria reparación o, incluso, sustitución.

Al exponer las posibilidades existentes, la doctora Gail Naughton, presidenta de la compañía ADVANCED TISSUE SCIENCES, se refirió a otros logros ya obtenidos por el grupo, relativos al crecimiento, a partir de unas pocas células, de una articulación de un dedo. También se han obtenido avances significativos en el crecimiento de válvulas y músculos cardiacos, así como en el de vasos sanguíneos. La clave, en todos los casos, consiste en recrear las condiciones del cuerpo humano, tanto las moleculares, las celulares, o las anatómico-fisiológicas. Por ejemplo, cuando hacen crecer un ligamento lo someten a un estiramiento lo más parecido al real, mientras que el tejido de cartílago se somete a presión para endurecerlo o el tejido arterial se hace pulsar.

PERSPECTIVAS. Las más inmediatas son las relacionadas con la piel y articulaciones, que presentan menos problemas de rechazo. En breve tiempo se espera que, para tratar lesiones deportivas, se podrán suministrar articulaciones cultivadas completas listas para ser implantadas, en un rango de tamaños "a la medida", adaptables a cada paciente individualmente.

La tecnología también ha tenido ya éxito para promover crecimiento de hígados nuevos en ratas y perros así como para generar nuevos músculos cardiacos en animales. En cuanto a las posibilidades relacionadas con la sustitución de órganos humanos, he aquí algunas de las optimistas afirmaciones de la Dra. Naughton: "La técnica tiene el potencial de hacer crecer un hígado en un recién nacido en un periodo de tres a cuatro semanas"; "se podrán usar células del paciente o las de otras personas compatibles, colocarlas en órgano defectuoso sobre el correspondiente armazón y permitir que se desarrollen hasta convertirse en tejido funciona"l; "las aplicaciones más inmediatas podrían ser para pacientes con esclerosis hepáticas, daños hepáticos causados por alcohol o drogas, enzimopatías hepáticas, etcétera", "podría usarse también para reemplazar partes de esófago, huesos o músculo cardíaco...Potencialmente, sería posible desarrollar cualquier órgano nuevo si se crean y controlan las condiciones correctas".

Si todo discurre adecuadamente, según las mejores esperanzas fundadas en los datos obtenidos hasta ahora, los investigadores esperan que los ensayos en humanos se podrían iniciar en unos pocos años, a los que habría que sumar en caso positivo, al menos otros tres años para poder obtener las autorizaciones precisas para su aplicación técnica.

La historia presente puede servirnos para hacer un par de reflexiones finales. En primer lugar, que los avances de las investigaciones básicas (en biología molecular, en factores controladores de la fisiología celular, en obtención de biopolímeros y en tantos otros campos), antes o después, redundan en aplicaciones concretas prácticas. Hay que fomentar estas investigaciones, sin excesivas prisas por sus consecuciones finalistas. En segundo lugar, la falsedad del establecimiento de barreras científicas formales artificiales. Difícilmente podrán encontrarse, dentro de la Medicina, campos aparentemente tan distanciados como el de la Biología Molecular y el de la Cirugía. Sin embargo, nuestros cirujanos del mañana, si quieren saber lo que realmente están haciendo, habrán de tener sólidos conocimientos de Biología Molecular y Celular. Y los biólogos moleculares y celulares, en sus investigaciones, se encontrarán más próximos a los problemas prácticos reales.