Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

El ADN de Nueva York

Los brutales e inconcebibles atentados del 11 de septiembre en Nueva York han ocasionado un tremendo reto científico para la Medicina Forense. Se trata de identificar a muchos miles de víctimas de las que, en la mayoría de los casos, no se cuenta con unos restos más o menos convencionales.

Son los obtenidos, tras ímprobos esfuerzos de los equipos de rescate, que se encuentran tremendamente fraccionados y diseminados, muy deteriorados conforme va transcurriendo el tiempo, tras haber pasado por pavorosos incendios y daños mecánicos ocasionados por los impresionantes derrumbamientos y presiones ocasionadas por el peso de los gigantes edificios abatidos.

ADN. Desde las primeras actividades de rescate realizadas tras los atentados, a los laboratorios especializados en análisis genéticos están llegando muestras procedentes de la Zona Cero de Nueva York, con una intensidad media equivalente a una muestra por minuto. Efectivamente, para abordar el enorme problema de la identificación, el único sistema con eficacia es el del análisis e identificación del ADN, las "huellas genéticas", de las muestras de las víctimas ya que esta técnica permite estudiar muestras de ADN muy pequeñas, del orden de nanogramos (un nanogramo es la milmillonésima parte de un gramo), equivalentes a concentraciones de unos 3 microgramos por microlitro.

Una dificultad adicional ha sido la inexistencia de experiencia previa en problemas de tal magnitud ya que los precedentes de análisis masivos de ADN se corresponden principalmente a algunos accidentes aéreos, como fueron los casos de un avión suizo o el de otro avión egipcio. Pero, en estas ocasiones, los restos estaban bastante intactos, relativamente bien conservados, y se contaba con la lista de pasajeros y la colaboración de sus familiares proporcionando efectos personales y muestras de los fallecidos y de sus familiares.

En el caso de Nueva York una de las principales dificultades, aparte de la propia situación de los restos, es que las bacterias contaminantes atacan y rompen rápidamente al ADN y aceleran la putrefacción de la piel. Pero, incluso así, la técnica STR, a la que nos referiremos posteriormente puede funcionar con unas limitaciones que son asumibles. En otros casos de restos procedentes de zonas incendiadas o que fueron pasados por los crematorios, aun es posible analizar los restos óseos, en los que la obtención del ADN normal es imposible, pero queda la posibilidad de aislar algún ADN mitocondrial.

En Nueva York las actuaciones previas corresponden al Laboratorio Forense de la Policía Estatal, encargado de recoger y clasificar los miles de muestras propias aportadas por los parientes de las presuntas víctimas, así como los efectos personales pertenecientes a éstas, en los que se pudieran analizar los restos del ADN allí existentes. Muy cerca del lugar de la catástrofe, otro grupo médico se encarga de recibir y clasificar los restos hallados de las víctimas, que son catalogados con las técnicas forenses estandarizadas, tras lo cual se realizan las correspondientes extracciones de su ADN.

TÉCNICAS. El trabajo analítico se está distribuyendo entre tres laboratorios. Uno de ellos es el de la compañía Celera (Rockville, Maryland), conocida por protagonizar la participación privada en el Proyecto Genoma Humano. Allí se realizan las determinaciones basadas en la técnica del ADN mitocondrial. Un segundo laboratorio es el de la empresa Myriad Genetic, basados en la técnica STR (Short Tandem Repeat), que caracteriza a unas cortas (4 bases) series de porciones repetitivas de ADN que no pertenecen al ADN informativo de los genes sino que están situadas en los largos espacios de ADN existentes entre gen y gen. Existen 14 de estos marcadores establecidos y sus patrones de distribución varían para cada cromosoma. Por ejemplo, para una determinada persona, en su cromosoma (duplicado) 13, un patrón de distribución para un marcador podría ser el de una repetividad de 10 y 15 respectivamente. Sin embargo, en otra persona, los valores correspondientes podrían ser 8 y 7.

El gran número de posibilidades de patrones de distribución existentes hace que la probabilidad de coincidencia de tales patrones entre dos personas cualesquiera sea del orden de 1 en 250 billones. Como nuestro ADN es una mezcla del ADN de nuestra madre y de nuestro padre, en una determinada muestra biológica existen 2 patrones de cada marcador STR. Cuando se realizan los patrones STR en una muestra del lugar del atentado y se compara con las aportadas por los diferentes familiares, se puede hacer una evaluación del error posible tras el establecimiento de una relación entre víctima y familiares. En el peor de los casos el error podría llegar a ser de 1 en 3.000, pero en los casos más claros disminuyen las posibilidades de error hasta alcanzar la cifra de 1 en mil millones.

Tras la llegada de las muestras al laboratorio la informatización permite registrar y comprobar todos los reactivos, operaciones y circunstancias a las que son sometidas. En primer lugar, mediante una técnica PCR (Reacción en cadena de la polimerasa) se aíslan y amplifican miles de veces regiones cromosómicas específicas, lo que permite el posterior estudio de los patrones STR para la porción cromosómica. La integración de los patrones STR de cada muestra de una víctima se resume en un resultado expresado numéricamente que es el que se utilizará para las comparaciones con las muestras procedentes de familiares y de objetos personales.


ESFUERZO. Cada muestra neoyorquina es analizada por cuadriplicado, duplicadas a través de dos programas de amplificación (PROFILER y COFILER), y los datos son analizados, depurados y almacenados en un banco de datos a través de otro programa específico (SURELOCK).

Hasta ahora (noviembre del 2001), en la Zona Cero de Nueva York se han retirado casi un 40% de los escombros totales existentes y se han tratado o están en fase de análisis más de 50.000 muestras biológicas. Se cree que el proceso total de limpieza durará unos cinco meses y conforme transcurra el tiempo será más difícil obtener nuevas muestras y estarán más deterioradas, calculándose que el total de muestras analizables superarán el millón o millón y medio. Se desconoce cuál será su grado de viabilidad en el futuro ya que precedentes con un grado elevado de éxito, como el del avión suizo, correspondieron a víctimas que permanecieron en el agua del mar durante casi un mes, pero a una temperatura baja, de 4 ºC.

El esfuerzo humano y científico que se está haciendo para identificar a las víctimas del atentado de Nueva York es de una gran envergadura, con un costo económico razonable, de unos 50 dólares por muestra, teniendo en cuenta que la recogida, catalogación y extracción del ADN puede suponer un costo 10 veces superior al del importe de la realización de los análisis.