Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

El maíz Bt transgénico y la espina bífida

El maíz Bt transgénico y la espina bífida

En el verano de 1999 el entomólogo John Losey, de la Universidad de Cornell, desató una gran controversia mundial, tras la publicación en la revista Nature de un pequeño artículo sobre sus hallazgos de laboratorio de que las larvas de las mariposas Monarca morían tras alimentarse de plantas de algodoncillo recubiertas con polen procedente de maíz Bt transgénico. Casi todos los medios de comunicación del mundo airearon a bombo y platillo los daños ecológicos que supondría, más aún si ello era un ejemplo de lo que podría ocurrir con otros cultivos transgénicos.

En el verano del año 2002, una vez aclarado científicamente el tema, nos ocupamos del mismo en estas páginas en dos artículos titulados "Monarcas en extinción" y "Monarcas en tranquilidad" que pueden ser consultados en la versión electrónica de este periódico, en su portal de Ciencia y salud.

DÓNDE.
Mientras que el rechazo a los cultivos transgénicos y OGM (Organismos Genéticamente Modificados) está muy extendido en Europa, sin embargo son plenamente aceptados en Estados Unidos, China y otros muchos países. En el año 2003, la soja transgénica, con 41,4 millones de hectáreas representaba el 61% del área transgénica mundial; el maíz, con 15,5 millones de hectáreas, el 23% y el resto correspondía al algodón, con 7,2 millones de hectáreas y el 11% del total mundial, y a la colza, con 3,6 millones de hectáreas y el 5% del total mundial. Por tanto, como se cultivan unas 272 millones de hectáreas, ello significa que la cuarta parte corresponden a cultivos transgénicos.

Estados Unidos (63%), Argentina (21%), Canadá (6%), China (4%), Brasil (4%) y Sudáfrica (1%) representan el 99% de la superficie plantada con transgénicos, pero se les están uniendo otros países industrializados como Australia, España, Alemania, Rumania, Bulgaria o en desarrollo, como China, México, Indonesia, India, Uruguay, Colombia, Honduras y Filipinas. Por ello, se calcula que en los próximos cinco años unos diez millones de agricultores de 25 países sembrarán 100 millones de hectáreas de cultivos transgénicos, con un valor del mercado mundial de transgénicos que se espera supere los 5.000 millones de dólares en este año 2005 que comienza.

Aunque, actualmente, entre 5 países, Estados Unidos, China, Argentina, Canadá y Brasil, se reparten la producción del 98% de las cosechas biotecnológicas el caso de China es llamativo. Antes de diez años la mitad de los cultivos que se hagan en este país corresponderá a cosechas de productos modificados genéticamente, tecnología a la que China ha apostado fuertemente, invirtiendo cientos de millones de dólares en su desarrollo, una tercera parte de todos los gastos mundiales. Como ejemplo, tras cinco años consecutivos la producción de algodón biotecnológico en el año 2003-2004 ha supuesto ya el 68% de la cosecha anual. Otros cultivos modificados genéticamente en rápido desarrollo son los de maíz, soja, arroz, patatas y tomates.

CÓMO Y QUIEN
En 1983 se creo la primera planta transgénica. Casi la totalidad de los cultivos transgénicos incorporan un gen de resistencia a los antibióticos (gen marcador) y han sido manipulados para reemplazar conferirles propiedades insecticidas (Bacillus thuringiensis) o de resistencia a herbicidas. En concreto, para el maíz, el cereal más esencial para alimentación de la humanidad, el barrenador del tallo del maíz, un insecto, es una de sus mayores plagas. El insecto es muy sensible a la bacteria Bacillus thurigiensis, por lo que la inserción de algunos de los genes bacterianos en la planta, da lugar a unas plantas transgénicas (maíz Bt) que permiten mayores y mejores cosechas y reducen el uso de insecticidas en los cultivos. De hecho, la toxina Bt de la bacteria se ha usado ampliamente en el pasado por agricultores convencionales y ecológicos, como biopesticida de diversas cosechas. La EPA, Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, tras una cuidadosa evaluación, aprobó, a comienzos del año 1995, la comercialización del maíz transgénico Bt. Su éxito comercial fue grande y llegaron a registrarse hasta 10 variedades diferentes de maíz transgénico Bt.

Así, actualmente, cerca del 18% por ciento de los cultivos transgénicos mundiales son variedades Bt (Bacillus thuringiensis), sobre todo de maíz y el 73% son cultivos transgénicos de soja , maíz, colza y algodón diseñados para resistir a herbicidas como el glifosato o el glufosinato (67,7 millones de hectáreas). El resto llevan ambas características, Bt y resistencia al glifosato.

Sin profundizar en las razones esgrimidas en contra de los transgénicos por los conservacionistas o a su favor por sus defensores, como prueba de las complejidades de las derivaciones posibles de sus efectos, hoy vamos a comentar una curiosa en relación con el maíz BT y ciertos defectos en los niños recién nacidos.

ESPINA BÍFIDA
La incidencia de defectos del tubo neural (DTN) entre los bebés recién nacidos de las mujeres hispanas del Valle del Río Grande, en Texas, Estados Unidos, solía alcanzar hacia los años 60 una cifra de 33 por 10.000 nacimientos vivos, es decir, 6 veces superior al promedio para las mujeres hispanas del resto de los Estados Unidos. Las mujeres que dieron al luz bebés con DTN dijeron que habían consumido durante su embarazo una gran cantidad de tortillas caseras preparadas con maíz no procesado. Actualmente, las cifras se van normalizando y los científicos han establecido que la razón ha sido la sustitución de gran parte del maíz tradicional por el nuevo maíz transgénico BT.

Una investigación reciente, publicada en la revista Journal of Nutrition, realizada en varios países (China, Guatemala, Sudáfrica y Estados) Unidos muestran que la causa radica en la fumonisina, una micotoxina mortal que se encuentra en el maíz., producida por hongos. Cuando las larvas de los insectos atacan a los cultivos, los hongos se desarrollan en la lesión causada por las larvas y producen micotoxinas. Las malas condiciones de almacenamiento también pueden promover la aparición de micotoxinas después de la cosecha y se acumulan en proporción dos o tres veces la normal.

A mediados del año pasado otra investigación estableció que la fumonisina interfiere en la captación celular del ácido fólico. Se sabe que el ácido fólico, ya sea incorporado directamente a través de los alimentos o a través de la fortificación con suplementos dietarios, reduce la incidencia de DTN en el feto. Como las fumonisinas impiden la correcta absorción del ácido fólico, las mujeres embarazadas que ingieren maíz contaminado con fumonisinas tienen un riesgo mayor de dar a luz bebés con DTN, aún cuando sus dietas contengan niveles adecuados de ácido fólico.

El maíz genéticamente modificado resistente a insectos o Bt, evita el desarrollo de las larvas en las plantas, y disminuye la infección con hongos, reduciendo, consecuentemente, los niveles de fumonisina, con lo que el porcentaje de niños nacidos con DTN ha disminuido. En relación con estos hallazgos, el Dr. Izelle Theunissen, del Consejo de Investigaciones Médicas de Sudáfrica ha dicho: "A pesar del debate que rodea a los cultivos transgénicos, las evidencias muestran que el maíz Bt juega un rol importante en la disminución de los niveles de fumonisinas en los derivados del maíz, mejorando la calidad y seguridad de los productos para el consumo humano y animal, lo que es muy importante en el contexto de África"