Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Un mundo transgénico

Un mundo transgénico

El Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones de la Biotecnología (ISAAA, de sus siglas en inglés) es una organización sin fines de lucro que pretende divulgar los beneficios de las nuevas biotecnologías agrícolas a los países en desarrollo más pobres, a la vez que insiste en la necesaria creación de un entorno propicio para su uso seguro (http://www.isaaa.org). Auspiciada por la Fondacione Bussolera-Branca de Italia, la española IberCaja y la potente Fundación Rockefeller americana, anualmente publica un informe sobre la situación mundial de los cultivos transgénicos.

DATOS. En el pasado, en estas mismas páginas nos hemos ocupado de diversos aspectos sobre el debate transgénico y los OGM (organismos genéticamente modificados). En esta ocasión no se trata de mostrar ningún argumento favorable o crítico respecto a estas aplicaciones biotecnológicas sino simplemente de informar sobre cuál es la situación de los alimentos transgénicos en el mundo, cuál ha sido su evolución más reciente y cuál será su previsible futuro. Para ello nos basaremos en el documentadísimo último estudio (el número 37) publicado por la ISAAA que recoge las cifras conocidas hasta finales del año 2007, en el que los dos hechos más destacables son: primero, el aumento en año 2007 de la superficie de los cultivos biotecnológicos mundiales en más de un 12%, es decir, en unos 12,3 millones de hectáreas; segundo, que el ritmo de crecimiento de los cultivos biotecnológicos es más vivo en los países en desarrollo (en número de 12) que en los industrializados (11 países) por lo que, a pesar de la posición inicial desfavorable para los primeros, en la actualidad su contribución relativa al global mundial es muy parecida, aproximadamente un 50%, para cada uno de los grupos de países, siendo ya 23 países los que acogen en sus cultivos las técnicas biotecnológicas.

Estos países son, en orden decreciente de superficie usada los que se indican a continuación: Estados Unidos, Argentina, Brasil, Canadá, India, China, Paraguay, Sudáfrica, Uruguay, Filipinas, Australia, España, México, Colombia, Chile, Francia, Honduras, República Checa, Portugal, Alemania, Eslovaquia, Rumania y Polonia. Concretamente la superficie utilizada en Estados Unidos es 57,7 millones de hectáreas repartidas entre soja, algodón, canola, calabaza, papaya y alfalfa, mientras que los 3,8 millones de hectáreas chinas se dedican a algodón, tomate, álamos, petunias, papaya y pimiento dulce. En España es el maíz quien monopoliza prácticamente las 100.000 hectáreas usadas para cultivos transgénicos.

Definiendo el valor del mercado agrobiotecnológico como el importe de la suma del precio de las semillas transgénicas más los derechos aplicados por su uso tecnológico, diversos cálculos indican que en el año 2007 el mercado agrobiotecnológico mundial casi alcanzó los 7.000 millones de dólares, mientras que en el actual superará los 7.500, y que ello significó un 20% del importe global de todo el mercado mundial de semillas comestibles. En cuanto a su distribución porcentual por tipo de cultivo, la parte del león (que sigue creciendo) corresponde al maíz (47%), seguido de la soja (37%), algodón (13%) y canola (3%).

CANOLA. Por cierto, ¿saben Uds. lo que es la canola?. Pues, más o menos modificada, la canola es lo mismo que la colza. Las siglas canola se corresponden a canadian oil low acid o aceite canadiense bajo en ácido. A partir de cultivos de colza, en 1960 los investigadores canadienses utilizaron métodos tradicionales de reproducción vegetal para disminuir su proporción de ácido erúcico y de glucosinolatos, denominando a este aceite refinado canola. En la Unión Europea, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas inglesas) define al aceite de canola canadiense como "aceite de colza refinado y bajo en ácido erúcico", cuya procedencia es la semilla de la colza Brassica napus.

En España, el consumo de aceite de colza adulterado provocó el síndrome del aceite tóxico en el año 1981, que causó la muerte y enfermedades crónicas a cientos de personas. Por ello se rehúye comercialmente ese nombre y se acude al de canola. En todo caso diversos organismos sanitarios han reconocido las excelentes cualidades cardiosaludables del aceite de canola o colza, debido a su alto contenido en ácidos omega-3. Precisamente, uno de los estudios más famosos sobre la relación entre los omega-3 de origen vegetal y el riesgo de enfermedad cardíaca fue el Estudio del Corazón con la dieta Lyon realizado entre adultos que ya habían sobrevivido un ataque al corazón. En este estudio, los voluntarios incrementaron su consumo en omega-3 procedentes de canola en un 68%. Al concluir el estudio, un año después, tenían menos colesterol en sangre y más colesterol HDL (“bueno”) que los controles y ello se relacionó con una reducción del 70% en eventos coronarios y muertes por enfermedad cardíaca.

DESARROLLO. El año 2015 será el año de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. También se cumplirán los 20 años del inicio de la comercialización de cultivos transgénicos. Hay que tener en cuenta que según el reciente (2008) informe Agricultura para el desarrollo recién publicado por el Banco Mundial “la Agricultura es un instrumento  de desarrollo fundamental para alcanzar el objetivo de desarrollo del milenio de reducir la proporción de personas que padecen hambre y viven en la extrema pobreza”. Y, muchos expertos opinan que, necesariamente hay que acudir a un uso controlado y razonable de la biotecnología transgénica agrícola como ayuda para alcanzar los cincos objetivos marcados:

1, Aumentar la productividad agrícola mundial para mejorar la seguridad del suministro de alimentos, pienso y fibra en sistemas de producción agraria sostenibles que, además, conserven la biodiversidad, al obtenerse una mayor productividad en menos espacio lo que combatirá indirectamente a la deforestación y las quemas.
2. Contribuir a la reducción de la pobreza y el hambre. El ejemplo del algodón transgénico ha sido alentador en cuanto al incremento de renta de muchos agricultores pobres. No hay que olvidar que el 50% de los pobres del mundo son pequeños agricultores.
3. Reducir la huella ecológica de la agricultura (por la reducción de pesticidas, de las técnicas de roturación, mayor eficiencia en el consumo de agua, etc.)
4. Luchar contra el cambio climático y el efecto invernadero, mediante el uso de los cultivos más adecuados.
5. Producción rentable de biocombustibles ya que la biotecnología puede usarse para optimizar la productividad y rentabilidad de la biomasa por unidad de superficie.