Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Las armas del bioterror

En tres centros comerciales de tres grandes ciudades americanas se han esparcido unos aerosoles que contienen virus de la viruela. Nadie se apercibe de nada hasta que transcurridos unos 12 días comienzan a llegar a las urgencias hospitalarias pacientes aquejados de fiebre y sarpullidos. Pero el contagio es ya inevitable. A las tres semanas existen 16.000 afectados y 5.000 fallecidos. A los dos meses los infectados son tres millones y las muertes superan el millón de personas. Y la epidemia continúa creciendo...

¿Alarmismo?. Afortunadamente, por ahora se trata de una mera simulación. Pero es una simulación basada en supuestos científicos y que ha sido recogida en medios de comunicación tan solventes como el New York Times y el BusinessWeek. Los episodios del ántrax han hecho que la sensibilidad y el temor hacia el bioterrorismo se hayan despertado en todo el mundo. Lo peor es que no faltan motivos de preocupación para ello. Comentaremos algunos de los aspectos más relevantes del problema.

BIOTERRORISMO. Según el Dr. Henderson, experto científico americano, lo más destacable respecto al escenario bioterrorista es el hecho de ser muy diferente al tradicional. La liberación del agente biológico es silenciosa e indetectable ya que su lanzamiento (al contrario de un arma convencional, química o nuclear) puede ser invisible, inodoro e insípido, en forma de un aerosol o gas, capaz de penetrar en áreas interiores. Además, existen miles de armas biológicas potenciales, aunque realmente solo unas pocas reúnen las características necesarias para un uso realmente peligroso. Las cuatro más terribles serían las basadas en los agentes patógenos de la viruela, la peste, el ántrax y el botulismo.

Al contrario de lo que se piensa usualmente, la guerra biológica no es una novedad. Posee su historia. Hace más de 600 años, en 1347, en el asedio de Caffa, en Crimea, se restregaron los cadáveres de personas fallecidas víctimas de la peste sobre las paredes de las murallas como medida de protección contra los atacantes. Ello ocasionó que, posteriormente, los barcos genoveses llevaran el bacilo de la peste (Yersinia pestis) hasta Europa, ocasionando la epidemia que se conoció como la "Muerte Negra". Más recientemente, en la 2.ª Guerra Mundial, los alemanes llegaron a infectar con muermo diversos cargamentos de víveres destinados a las tropas aliadas. Y en la pasada década, en al menos 30 ocasiones, los seguidores de la secta japonesa Aum Shinrikyo vaciaron aerosoles conteniendo toxina del botulismo en Tokio y en algunas instalaciones militares americanas de Japón.

La toxina del botulismo ha sido la más escogida en muchos de los intentos de ataques biológicos. Se trata de una proteína dimérica, cuya cadena peptídica ligera posee una actividad proteolítica endopeptidasa que al actuar evita que las vesículas que contienen acetilcolina se fundan con la membrana terminal de los axones motoneuronales. La consecuencia inmediata es la parálisis muscular. La dosis letal humana por inhalación es inferior a los 0,9 microgramos. Hay que recordar que Irak, tras la Guerra del Golfo, admitió ante los inspectores de Naciones Unidas, la producción y tenencia de unos 19.000 litros de una disolución concentrada de toxina de botulismo y que 10.000 litros ya se habían colocado en armas militares portadoras. Con tal ingente cantidad de toxina, por inhalación, teóricamente se podría haber matado tres veces a toda la población mundial. Se sabe que, no solo Irak, sino Irán, Corea del Norte y Siria han desarrollado programas de producción de toxina del botulismo

VIRUELA. Preocupa tanto o más que el botulismo. Se trata de una enfermedad eruptiva contagiosa originada por un virus, el Ortho poxvirus, miembro de la familia de lo poxviridaes. El tiempo medio de incubación es de 8-14 días, con aparición de escalofríos, fiebre, dolor de cabeza y de espalda, evolucionado con la aparición de erupciones cutáneas. Por ello, en caso de epidemia, no sería reconocida, hasta 2-3 semanas de su provocación. Hace más de 20 años que se confirmó el último caso de viruela en el mundo y se interrumpieron las vacunaciones. Por ello, hace casi dos décadas que la OMS la declaró como una enfermedad erradicada y en 1997 solicitó que se destruyesen todas las muestras conservadas existentes en los laboratorios de todo el mundo. Por tanto, actualmente, más del 80% de la población mundial, sobre todo la más joven, ha quedado desprotegida inmunológicamente ante una enfermedad cuya tasa de mortalidad podría superar el 30% de los afectados. Con la complicación adicional de que actualmente no existen productores, a gran escala, de vacunas contra la viruela, capaces de contrarrestar rápidamente el brote de una posible epidemia ocasionada por el bioterrorismo.

Otra preocupación respecto a la viruela ha sido que, recientemente, se ha señalado la aparición en África, de una variedad de viruela (ocasionada por un poxvirus simio) propia de los simios que ha pasado y afectado a algunos humanos, posiblemente tras su ingesta de carne de mono. En un primer momento, se pensó en el peligro epidémico que ello podría supones. Pero parece que, por lo conocido hasta ahora, solo se realiza la transmisión simio-humano, pero no la de humano-humano.

ÁNTRAX. La actual situación en Estados Unidos ha confirmado que el bioterrorismo ya no es solo una especulación sino una desgraciada realidad. La preocupación al respecto se generaliza, incluyendo a los científicos, para intentar contrarrestar sus efectos. Hace unos días la prestigiosa revista Nature ha puesto en marcha en Internet unas páginas de acceso libre para proporcionar la última información científica sobre el ántrax y otras potenciales armas biológicas. Su inauguración coincide con dos esperanzadoras investigaciones en relación con el ántrax.

Hay que recordar que el agente causante del ántrax, la bacteria Bacillus anthracis, produce una toxina compuesta de tres proteínas: antígeno protector (AP), factor edema (FE) y factor letal (FL). AP se enlaza a receptores celulares situados sobre las membranas de las células huéspedes y, tras una cierta modificación química (una proteolisis) se enlaza a las otras dos proteínas FE y FL, facilitando su introducción al interior de la célula huésped, donde ejercen sus efectos patogénicos.

Una de las investigaciones, la dirigida por el Dr. Bradley, ha conseguido clonar el gen de la proteína receptora de la toxina del ántrax, es decir, de la proteína reconocedora y receptora para la AP. La segunda Investigación, dirigida por el Dr. Pannifer, ha caracterizado y determinado la estructura cristalina de la FL, que es una enzima que actúa favoreciendo la liberación de otra enzima MAPKK (Mitogen Activated Protein Kinase Kinase) que desorganiza los mecanismos de señalización celular en la célula huésped. Otra tercera Investigación reciente ha sido la dirigida por el Dr. Dietrich, en la Facultad de Medicina de Harvard, localizando, en ratones, un gen que los hace resistentes a la toxina del ántrax.