Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Anticiencia, Ciencia y Religión

Nadie en su sano juicio pondría en duda el valor del razonamiento lógico, racional y científico. Sin el concurso de la Ciencia la Humanidad aun estaría sumida en el oscuro túnel de la ignorancia. Sin embargo, ello contrasta con el creciente auge de los seguidores de las seudociencias del tipo del ocultismo, la adivinación, la astrología, la magia, la clarividencia, etcétera. ¿Se huye de la razón en un mundo que, forzosamente, cada vez es más científico?.

Algo de ello debe haber cuando hace no mucho tiempo una prestigiosa Institución, la Academia de Ciencias de Nueva York, dedicó uno de sus Anales, el 775, al tema The flight from science and reason, es decir, la huída de la Ciencia y de la razón, recogiendo el contenido de unas reuniones en las que se llegaron a discutir más de 40 ponencias, presentadas por reputados especialistas.

¿Cómo podríamos definir lo que es una actitud científica?. Posiblemente sería aquella que ve los objetos y acontecimientos del mundo no con un carácter único y singular, sino como ejemplares de fenómenos o cosas que pueden manifestarse por ellos mismos, de diferentes modos, en variadas condiciones. Es decir, que la Ciencia se basa en que un limitado número de principios básicos o fenómenos constituyen la causa de lo que se nos presenta como incontables variedades de la naturaleza. El progreso científico consiste en el descubrimiento de esos principios y fenómenos, en conocerlos más profundamente y en buscar la ineludible relación existente entre ellos y cualquier manifestación de la naturaleza. En términos gráficos, es como una pirámide invertida que descansase estable e inmutablemente sobre unos pocos principios básicos, cuya estructura determina necesariamente las características de las capas, más extensas y variadas que sucesivamente se van apilando sobre esa base.

ANTICIENCIA. De acuerdo con ello, para el filósofo Thomas S. Kuhn, son los modelos heurísticos los que nos proporcionan nuestro conocimiento del mundo, ese conocer organizado y sistematizado que llamamos Ciencia. Según Einstein, la Ciencia intenta descifrar a ese mundo que "existe independientemente de nosotros y se alza ante nosotros como un gran enigma, al menos parcialmente accesible a la inspección y al pensamiento humano".

Sin embargo, el rechazo de la razón y de la Ciencia es un fenómeno tan viejo como la propia historia de la Humanidad. Existe constancia de ello, incluso con anterioridad al desarrollo de la escritura, aunque, en la actualidad, algunos estudiosos opinen que estamos asistiendo a un desarrollo creciente de tales actitudes. Por desgracia, muchas religiones no han tenido claro que los ámbitos de la Religión y de la Ciencia constituyen esferas separadas. En todas las culturas ha sido una constante la búsqueda de un rostro de Dios compatible con la concepción coetánea del mundo pero, desgraciadamente, los responsables religiosos, en bastantes ocasiones, han desconocido lo que el pensamiento de Wittegenstein indica al respecto (Tractatus logico-philosophicus): "Cómo sea el mundo, es completamente indiferente para lo que está más alto. Dios no se manifiesta en el mundo". O el de Rahner (La teología ante la exigencia de las ciencias naturales): "Hoy tenemos la vivencia de que no puede hacerse de Dios imagen alguna tallada en madera humana".

Por el contrario, a lo largo de la historia de la Humanidad, muchos responsables religiosos han considerado la Ciencia como enemiga de la Religión, fomentando las actitudes anticientíficas. Como prueba de la pervivencia de la estrecha relación entre seudoreligión y anticiencia, podemos señalar la anécdota recogida en el último número de la revista Mundo Científico por Jorge Wagensberg, profesor de Física, director del Museo de la Ciencia de Barcelona e inteligentísima persona. Hace un par de años que un científico inglés, especialista del Estado Sólido, realizó unos experimentos en los que conseguía hacer levitar a una rana usando superconductores y potentes campos magnéticos. Los periódicos se hicieron eco de ello y, al poco tiempo, el investigador recibió una carta del responsable religioso de un cierto culto con escasez de fieles quien, entre otras cosas, le pedía ciertas informaciones: "1)¿Cuán grande es el imán?...es importante que sea invisible al público...2)¿Hace mucho ruido?. Si solo es un poco no molestará porque tenemos un órgano Hammond...3) Nuestra intención es hacer levitar cuerpos. ¿Han de estar desnudos?...Debe Ud. saber que nuestra iglesia es muy rica...queremos comprar su máquina por un millón de libras...he leído que quiere Ud. ceder su máquina para probar sistemas y sustancias químicas...Ciencia, ¡bah!. Tiene Ud. un don. Muchos son los llamados y pocos los elegidos. ¡Su máquina tiene que ser para Dios!". La historia, más detallada, la puso el científico en Internet

ACTITUDES. En la ponencia presentada ante la Academia de Ciencias de Nueva York por Sergei Kapitza, un destacado científico soviético, indicaba que "las crisis de la razón y de lo racional son un capítulo de la antropología social y deben ser tratadas como un objeto de estudio, como un petit mal de la sociedad...Un esfuerzo sistemático y sostenido para propagar la Ciencia como parte de la cultura moderna es críticamente importante para el futuro, para las generaciones que están por venir". Efectivamente, se trata de un problema de la sociedad. También lo es el analfabetismo. En todo caso, lo que a veces ha ocurrido es un cambio en la naturaleza de las creencias anticientíficas.

Pero analfabetismo científico es el culto a los OVNI, el pretendido secuestro por parte de extraterrestres, los dobladores mentales de piezas metálicas, los ajustadores milagrosos de los campos de energía de los humanos, los que se dicen reencarnados para recobrar sus vidas anteriores, los creyentes crédulos de las influencias de los astros en sus más nimios acontecimientos personales, etc. En todos los casos el combate contra la ignorancia es posible y deseable, a fin de que la ola de irracionalidad anticientífica no afecte al avance del conocimiento. ..

El respeto hacia la razón y la Ciencia solo se puede conseguir a través de la educación, corrigiendo las peligrosas actitudes que, frecuentemente, están empequeñeciendo a la Ciencia en muchos de los curriculos educativos. Si es positivo que el ciudadano comprenda mejor cómo funciona el mundo, ello ha de llevar consigo diseñar nuevas y más eficientes formas de enseñar Ciencia a la gran masa de los no científicos, en medio de la explosión de información y desinformación existente. Un ciudadano no científico, pero culto, actualmente debe tener ideas claras, por elementales que sean, de aspectos como las teorías de la creación del Universo, la naturaleza íntima de la materia y de la energía, cómo se mueven las placas tectónicas, el efecto invernadero, la naturaleza del material genético, la evolución de la materia viva y del proceso de hominización, cuáles son y cómo se interconvierten las principales biomoléculas, etcétera.

La aventura de la Ciencia, transformadora del mundo, como cualquier otra empresa cultural, debe estar sujeta a influencias políticas, económicas, sicológicas y sociales, pero, simultáneamente saber guardar el adecuado grado de objetividad e independencia respecto a tales influencias. En suma, se trata de que el ciudadano cuente con adecuada formación e información para que, realmente, pueda ser más libre.