Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Ciencia y Religión, ¿excluyentes?

Parecía una discusión superada, pero en algunos ambientes universitarios españoles surge una agria polémica sobre la contraposición e imposible convivencia entre Ciencia y Religión, con posturas que, frecuentemente, esgrimen sus defensores con demasiado dogmatismo, poca objetividad y excesiva extrapolación de los límites argumentales.

 

REALIDAD
Hace unos años el jesuita y bioquímico Ignacio Núñez de Castro reconocía que “experimentamos una imagen del mundo natural científica, profana, secular y, de alguna manera, concluyente en si misma….La verdad sobre Dios que nos transmite la Teología y la imagen del mundo que nos enseña la Ciencia, son muy distintas, tanto en su lenguaje como en sus contenidos”.

Sin entrar en el complejo fondo del problema de las relaciones entre Ciencia y Religión nos vamos a limitar a señalar la artificialidad de su contraposición, como demuestran las encuestas realizadas en diversos lugares del mundo que indican que la proporción de creyentes entre los científicos es parecida al del resto de la población y que un alto número de los más brillantes científicos modernos confiesan algún tipo de religiosidad una necesidad del concepto de Dios.

Partiendo de Dios como de “alguien a quien uno puede rezar esperando una respuesta”, diversas encuestas muy amplias realizadas entre científicos del mundo en los últimos 90 años, algunas publicadas en la revista NATURE, indican que aproximadamente un 40% de ellos se podían clasificar como creyentes, otro 40% como ateos y un 20% como agnósticos.  Pero una clara mayoría de los científicos y profesores de ciencias consultados opinan que la ciencia y la fe son “dos perspectivas distintas y complementarias con motivaciones diferentes” y sólo un 12% las considera incompatibles. Más aún, un abrumador 89% creen que su sujeción personal al método científico no era un impedimento para tener una visión del mundo más amplia que la que se desprende de la ciencia.

Otras conclusiones interesantes:

  1. Muy pocos de los grandes científicos son ateos militantes, se consideran ateos o hacen gala de ello.
  2. Una gran mayoría confiesan un profundo sentido de religiosidad basada en el orden manifiesto y grandioso que perciben en el universo al profundizar en la ciencia.
  3. Existe división entre los que no creen en la existencia de un Dios personal y los que si aceptan ello y un destino trascendente a este mundo.
  4. Son minoritarios los que siguen fielmente las prácticas de una religión concreta.

En cualquier caso los científicos suelen rechazar las imágenes estereotipadas, lo que en realidad está de acuerdo con lo que ya advertía ya San Efrén de Siria (Nísibe, actual Turquía, 306-aprox. 373): “Quien se haya imaginado ver a Dios, se ha visto a sí mismo y sus imaginaciones”.

 

LEMAÎTRE

Aunque cuando la Religión ha opinado u opina sobre cuestiones científicas frecuentemente ha cometido y sigue cometiendo tremendos errores ello no es obstáculo para encontrar valiosos ejemplos de  convivencia entre Ciencia y Religión protagonizados por grandes científicos. Un caso especialmente destacable es el del sacerdote católico Georges Henri Lemaître.

Nacido en 1894 en Charleroi, Bélgica, comenzó sus estudios de ingeniería civil en Lovaina a los 17 años y tras ser voluntario durante la Primera Guerra Mundial, estudió Física y Matemáticas, incluyendo la teoría de la relatividad de Einstein, recibiendo su brillante doctorado en 1920. Ese mismo año ingresó en el seminario de Malinas, ordenándose sacerdote 3 años más tarde. En 1927, publicó un informe en el que resolvió las ecuaciones de Einstein sobre el universo entero (a la vez e independientemente que Alexander Friedman), sugirió que el universo se está expandiendo, y que por ello se observaba un corrimiento hacia el rojo de la luz de las nebulosas espirales. En 1931, propuso la idea que el universo se originó en la explosión de un «átomo primigenio» o «huevo cósmico», lo que ahora se llama el Big Bang. En los años siguientes continuó participando activamente en la controversia científica y religiosa sobre el origen del Universo, cuya estimación de edad coincide con la aceptada actualmente. Al final de su vida su interés en los computadores y en la informática terminó por fascinarlo completamente. Murió en Lovaina, en 1966, poco después de oír la noticia del descubrimiento de la radiación de fondo de microondas cósmicas, la prueba de su teoría y tras haber dado un ejemplo de cómo ciencia y religión pueden convivir sin mayores problemas.

Una anécdota aleccionadora es que, en 1933,  Albert Einstein dio una serie de clases en la Fundación Universitaria de Bruselas y cuando un colega le preguntó si le habían comprendido bien todos los oyentes, respondió: "El profesor De Donder quizás, el canónigo Lemaître sin duda, los demás creo que no".

 

CONVIVENCIA
Francis Collins, actual director del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano Bethesda, Maryland, EEUU), líder de uno de los dos grupos que completaron el Proyecto Genoma Humano y uno de los científicos más importantes del mundo ha publicado recientemente el libro “El lenguaje de Dios” donde explica cómo reconcilia la ciencia con su profunda fe cristiana.

Collins, doctor en medicina, era ateo, pero encontró a Dios como consecuencia de sus experiencias científicas y de ver cómo la religión sostenía a sus pacientes gravemente enfermos. En 1978 se convirtió y desde entonces es un cristiano apasionado tanto de la ciencia como de su fe.

En diversas entrevistas se le ha preguntado sobre el conflicto entre ciencia y fe. He aquí algunas de sus respuestas: "Dios puede ser adorado en la catedral o en el laboratorio";  "Cada descubrimiento que hacemos es para mí una oportunidad de adorar a Dios en un sentido amplio, de apreciar un poco la impresionante grandeza de su creación. También me ayuda a apreciar que los tipos de preguntas que la ciencia puede contestar tienen límites”. “La ciencia me dirá cómo funcionan las cosas. No me dirá por qué estamos aquí, cuál es la finalidad de la vida, o qué sucede después de la muerte. Para esto necesito la fe".

 “Los científicos… llegan a la conclusión de que la fe es algo a lo que se llega exclusivamente por el sentimiento. No perciben la noción de que la fe puede ser una elección completamente racional, como lo fue para mí”.  “Necesitamos todas las formas de conocer posibles, todas las formas de decir la verdad. La Ciencia es una. La Fe es otra. No son opuestas para nada. Son formas diferentes de contestar a las preguntas más importantes”. “El conocimiento que tenemos sobre la biología y la genética humana no es ni bueno ni malo. Es sólo conocimiento. La aplicación que decidamos hacer de este conocimiento tiene un carácter moral”.