Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Tolerancia, evolución y ciencia

Tolerancia, evolución y ciencia

La tolerancia es un hecho consustancial a la vida que aparece a la vez que la vida animal en nuestro universo. Desde ese momento, todos los seres vivos tuvieron que buscar su espacio vital y se vieron obligados a establecer un diálogo con la naturaleza, a veces encarnizado, que les permitiera superar (tolerar) las condiciones inhóspitas del entorno, generalmente impuestas por la acción de predadores y microorganismos causantes de enfermedad.
 
DIVERSIDAD
La lucha por la supervivencia es un filtro que propicia la pervivencia del más apto, algo posible por la selección natural y origen de diversidad biológica. En los vertebrados, dos elementos clave estimulan la biodiversidad y son esencia de la tolerancia: la supervivencia individual como mecanismo de control poblacional y la reproducción, como fuente de variabilidad de las especies. De manera que, gracias a la selección natural, la evolución y la tolerancia quedan vinculadas.

La especie humana ha debido adaptarse a un mundo diverso en el que los estímulos de la naturaleza fueron determinantes para el proceso de humanización. La bipedestación hace unos 4 millones y medio de años dio origen a nuestros primeros ancestros, los preantrópidos (australopithecus) y en tiempos tan remotos como la era paleolítica, ya vivían sobre la tierra seres dignos del apelativo humano (homo habilis). Todavía su modo de conocimiento era irracional y su actividad mental dominada por las emociones y sólo sobrevivieron las especies que aprendieron a protegerse frente a la adversidad y a superar el desafío de un ambiente trágico. Los cambios anatómicos emergentes a partir del homo erectus, otorgaron nuevas opciones cognitivas al genero homo, en virtud de las cuales el homo sapiens pudo, no sólo leer, sino también interpretar el libro de la naturaleza y transformar las sensaciones primarias en sensaciones conscientes. De tal suerte que, a partir del homo sapiens, en el hombre prevalece el desarrollo cultural sobre el morfológico y una tendencia innata para la vida en sociedad, algo que exige buenas dosis de tolerancia. En este sentido, la tolerancia como la generosidad, puede ser concebida como la idealización de un reflejo innato: el instinto gregario que une en la naturaleza a los miembros de un grupo frente a los depredadores. Conducta altruista que el hombre consigue sublimar en sensación consciente que puede ser transmitida por la palabra como vehiculo connatural de la expresión de las emociones, algo que lo separa radicalmente del resto del reino animal.

Lo diverso es inherente a la vida y la vida es diversidad, pero la diversidad es y ha sido fuente de conflictos y de exclusión. Conflictos siempre vinculados a intolerancia, por discrepancias ideológicas, religiosas o por la afirmación de nuevos conocimientos científicos que, al chocar con dogmatismos y normas preestablecidas necesitaban de tolerarancia. La tolerancia humana en su concepción actual arranca de los conflictos surgidos tras la Reforma Luterana, cuando se habló por primera vez de tolerar a los equivocados en cuestiones de fe.

CIENCIA
Aunque la tolerancia, en general, se inscribe en discursos sociopolíticos contemporáneos, la idea beneficiosa de la misma tiene conexiones conceptuales y funcionales con la ciencia y la biología. Con todo, hoy por hoy, su visión es incompleta y solo se puede ofrecer una aproximación a su significación en referencia a cada contexto, ya sea puramente conceptual o científico.

En lo relativo al hombre como ser libre, los perfiles de la tolerancia para la conciencia individual (plano intrapsicológico) son distintos que para las relaciones interpersonales (plano interpsicológico), dualidad presente en cualquier ámbito, ya sea individual, institucional, social, científico o biomédico. De modo que, aunque la aptitud para la tolerancia venga influenciada por un determinismo genético, su discurso hay que ubicarlo en los límites de lo emocional, lo actitudinal o lo intelectivo y siempre en asociación con las conformaciones históricas y culturales.

En la ciencia del siglo XXI todo parece interconectado, pero en el plano de la realidad sensible, la ciencia de hoy deja de presentarnos un mundo predecible, objetivo y ordenado, como el que defendía en física clásica el paradigma mecánico newtoniano sobre la existencia de una sola realidad "objetiva", separada del sujeto que la conoce. A partir del siglo XX, la ciencia inicia un cambio de rumbo, surgen nuevos paradigmas y si se centra la mirada en el macrocosmos, se nos habla de "relatividad" en el tiempo y el espacio, mientras que desde el microcosmos, la cuántica postula que la energía puede ser simultáneamente inmaterial (una onda) o material (una partícula), que una partícula puede estar al mismo tiempo en dos sitios distintos y que los sucesos ocurren solo cuando interviene un sujeto que observa. La “Interpretación de Copenhague" (en honor a Niels Bohr), postula que entre el sujeto que conoce y el objeto conocido no hay separación y Werner Heisenberg, propone el “Principio de incertidumbre”, indicando que es imposible un conocimiento "exacto" y "objetivo". Todo ello, viene a mostrar que las teorías científicas, sus enunciados e implicaciones crean controversia y requieren tolerancia científica, una modalidad de tolerancia alineada con los niveles más profundos de la vida.

INMUNOLOGÍA
Dentro de las ciencias biológicas, la Medicina aunque sigue influenciada por el paradigma newtoniano, es quizás la que presenta mayor incertidumbre. Paradójicamente, aunque en su lucha contra la enfermedad y la muerte es intolerante con los dictados de la evolución, precisa de la tolerancia para aceptar alimentos, medicamentos, terapias revolucionarias y, muy especialmente para que el Sistema Inmunitario consiga ejercer su función defensiva, sin dañar los componentes propios de su organismo. Por eso, la idea de fomentar o controlar la tolerancia inmunológica, ocupa hoy un lugar privilegiado. 

Las diversas formas de tolerancia biológica y, en particular la inmunológica, emergen como la del ser humano vinculadas a un influjo sensitivo-educativo que entronca con la biología del desarrollo y los principios del neodarwinismo, pues para alcanzar tolerancia, aunque exista un cierto determinismo genético, se precisa también una educación apropiada y progresiva. Como señalara Kant “el conocimiento humano se incrementa con el paso de los años”, pero también la tolerancia inmunológica, se consolida a través un proceso educativo y de maduración progresiva, que comienza en la vida intrauterina. En ambos casos, como parte de la controversia científica, persiste el debate entre lo heredado o innato y lo adquirido (natura versus nurtura), de forma que la facultad para tolerar o rechazar tiene un doble perfil genético y de adaptación al ambiente y, una doble mirada hacia lo propio y hacia lo extraño.

María del Rocío Álvarez López es jefa del Servicio de Inmunología del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia.