Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Ciencia: ¿Ocaso o Renacimiento?

En la mitología romana Jano es el dios de los comienzos. Al igual que sucede en la moneda con su efigie que se conserva en la Biblioteca Nacional de París, la cabeza de Jano contaba con dos rostros, con barba o sin ella, uno mirando en un sentido y el otro dirigido al sentido contrario.


Este intento de visión simultánea hacia el pasado y el futuro se reproduce, en todos los ámbitos, en las ocasiones cercanas a los comienzos de siglo o de milenio como la actual. La Ciencia, como hecho asociado a la evolución humana, es un acontecimiento de muy corta duración. El que podríamos denominar más o menos humorísticamente como homo cientificus solo representaría unas pocas milésimas del tiempo del total que sobre la Tierra ha permanecido el homo sapiens.

Nadie duda del carácter exponencial que tiene, a lo largo del tiempo, la curva que muestra el número e importancia de los hallazgos científicos que hasta ahora hemos conocido pero, en el futuro, ¿continuará al mismo ritmo esta tendencia? O, por el contrario, ¿es el fenómeno científico un brillante, pero efímero destello en el transcurrir evolutivo del hombre?. Alguna luz al respecto pueden proporcionar la serie de actividades organizadas por la Facultad de Biología de la Universidad de Murcia para celebrar sus primeros 25 años de existencia, que incluyen un ciclo de conferencias sobre "Los desafíos de la Ciencia en el siglo XXI" en el que se debatirá sobre el previsible ritmo de avances científicos en el siglo XXI.

DUDAS. El profesor Juan Carlos Argüelles, coordinador del ciclo, en su presentación plantea muy bien el problema, al indicar que comienza un nuevo siglo y milenio donde la Investigación científica tiene planteados numerosos y serios interrogantes contemplados por toda la Humanidad, con una mezcla de esperanza y recelo, pero que el progreso de la Ciencia, como la evolución de la propia vida es, en sí misma, impredecible.

Las posturas críticas respecto a la capacidad para que el avance de la Ciencia continúe al mismo o mayor ritmo que el actual se pueden polarizar en dos grupos:

a) En primer lugar el de los antirracionalistas, que no quieren admitir que la Ciencia invada terrenos que ellos consideran impropios de la misma. Como ejemplo se puede aportar el del presidente checo Váchav Havel, quien expresaba sus deseos de que la disolución del Estado comunista significase el final de la "era moderna, dominada por la creencia fundamental...de que el mundo y el ser propiamente tal es un sistema cognoscible gobernado por un número finito de leyes universales que el hombre puede aprehender u dirigir racionalmente...".

b) En segundo lugar otras muchas personas, incluyendo a eminentes científicos, que opinan, como Bentley Glass, ex-presidente de la principal asociación mundial de científicos, la AAAS (American Association for Advancement of Science): "Somos como los exploradores de un gran continente.....Aún quedan innumerables detalles por esclarecer pero los horizontes sin fin han dejado de existir"

OCASO. Para John Horgan, conocido analista de la importante revista científica Scientific American, no existe duda al respecto. La mejor demostración de ello es uno de sus libros, verdadero éxito de ventas en muchos países en los que se ha traducido, entre ellos España. Se titula "El fin de la Ciencia". Por si ello no fuese suficientemente claro su subtítulo reza "Los límites del conocimiento en el declive de la era científica". Su conclusión principal es la de que la curva sigmoide que puede representar el nacimiento, desarrollo y estancamiento de cualquier acontecimiento o hecho, en el caso de la Ciencia ya ha alcanzado o está a punto de alcanzar su meseta superior final. Todas las grandes bases científicas ya están establecidas y se fundamentan en las leyes de la mecánica de Newton, la teoría de la selección natural de Darwin, la teoría general de la relatividad de Einstein y la de la mecánica cuántica.

A partir de esta situación lo único que queda es ir completando huecos y detalles, pero no se pueden esperar nuevos hallazgos básicos sensacionales. Para fundamentar su argumentación Horgan se vale del testimonio de numerosas entrevistas que durante la primera mitad de la década de los 90 mantuvo con muy importantes biólogos, filósofos, físicos, antropólogos, etc. mundiales. Más que entrevistas al estilo clásico se trata de conversaciones sobre la situación y perspectivas de la Ciencia, pero también de la visión que tiene cada uno del Universo, la vida, la consciencia, la trascendencia, etcétera. Ello da pie a los diversos capítulos de la obra que versan sobre el fin del progreso, de la filosofía, de la Física, de la Cosmología, de la biología evolucionista, de la Ciencia social, de la neurociencia, de la caoplejidad y de la limitología, para terminar ocupándose de la teología científica o el fin de la Ciencia máquina, con el problema de la gran pregunta o de un posible Dios que parece estar ocupado en mirarse las uñas. El libro de Horgan finaliza con la frase "...Y ahora que la Ciencia - la verdadera, la pura, la empírica - ha tocado a su fin, ¿queda ya algo en qué poder creer?".

FUTURO. El punto de vista opuesto lo podemos encontrar en otro analista y editor científico, John Maddox, de la revista Nature, en un libro muy interesante, también de gran éxito y traducido en diversos países, entre ellos España, con el expresivo título de "Lo que queda por descubrir" y el subtítulo de "Una incursión por los problemas aun no resueltos por la Ciencia, desde el origen de la vida hasta el futuro de la Humanidad". Lo finaliza así: "Las preguntas se han hecho más interesantes y exigen más esfuerzo...Los problemas aun no resueltos son gigantescos. Mantendrán ocupados a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos durante siglos, y tal vez hasta el final de los tiempos".

También muy importantes revistas científicas del mundo, como Nature (en sus diversas ediciones), Science, Scientific American, Science News, etc. se han venido ocupando en estos últimos meses de los grandes retos científicos que restan por aclarar y que se pueden expresar, como lo hacía una de ellas, en formas de preguntas: a) Nuestro Universo, ¿cómo surgió y es?, ¿es único o es un ejemplar de un más amplio Multiverso?, ¿qué es la materia invisible o negra?, ¿existe vida extraterrestre en otros lugares del Universo?; b) En Física, ¿se localizarán las partículas de Higgs?, ¿y el gravitón?, ¿cómo explicar los modelos más complejos que el estándar?, y, sobre todo, ¿se descubrirá la ley unificadora de la Física, es decir, la ley unificadora de la teoría estándar y de la teoría de la relatividad?; c) En Biología Molecular, ¿conoceremos todos los secretos escondidos de los genes?; ¿se aplicará adecuadamente el conocimiento del genoma de modo individualizado para la prevención, diagnóstico y terapia?, ¿se establecerán con precisión todas las etapas evolutivas de la vida sobre la Tierra?, ¿se producirá vida en el laboratorio?; d) Respecto al cerebro, ¿qué es realmente la consciencia?, ¿de qué modo emerge el conjunto de procesos que llamamos mente?, ¿cuáles son las bases biológicas de procesos como la imaginación o la capacidad de decisión?; e) De nuestra vida y entorno, ¿retrasaremos importantemente el proceso de envejecimiento?, ¿seremos capaces de conocer, predecir y controlar los factores que determinan el clima?.

De la importancia que les otorguemos a estas interrogantes dependerá nuestra propia postura personal en el dilema ¿ocaso o más relevancia futura para la Ciencia?