Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

La España de la Ciencia

Diversos indicadores pueden mostrar la importancia de un país. De datos correspondientes al anuario 1995 de la Encyclopedia Britannica, limitándonos a países de cierta entidad, en cuanto a tamaño y población, se puede deducir que España ocupa el puesto mundial número 16 por consumo. ¿Cuál es la situación en otros parámetros, entre ellos la Ciencia?.

Refiriéndonos, siempre, a comparaciones "per capita", ese puesto se convierte en el 20 por producto nacional bruto, el 24 por el número de tractores, el 33 por nuestro consumo eléctrico y en un vergonzoso lugar 84 por la lectura de periódicos. Eso sí, tenemos un sensacional puesto 7 por número de televisores. Como, de acuerdo con el director general de la Unesco, el ilustre español Federico Mayor Zaragoza, "la Ciencia y la tecnología han representado un papel principal en el desarrollo económico y social de nuestro siglo" sería interesante saber si también podríamos medir cualitativa y cuantitativamente nuestra situación científica en el mundo. Recientemente, se han publicado algunos datos interesantes al respecto, como los incluidos en el último World Science Report de la Unesco y dos excelentes artículos sobre la Ciencia española. Uno de ellos se debe a Eugene Garfield, director del ISI (Institute for Science Information de Filadelfia), y ha aparecido en Arbor. El escrito por Francisco Ayala, presidente de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias, se incluye en la revista Política Científica que edita la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología.

EVOLUCIÓN CIENTÍFICA. La evolución científica española ha sido muy notablemente positiva desde 1988. Ello coincidió con una mayor inversión relativa en Investigación y Desarrollo, a los que, hasta entonces, se dedicaba menos del 0,5 % del PIB, mientras que entre 1988 y 1992 se alcanzó el 0,9 %, aunque, desgraciadamente, a partir de 1992, se ha producido un total estancamiento económico al respecto. Como dato comparativo, es destacable que, superándonos, se encuentran gran número de países como Japón (con más del 3% del PIB), EE.UU, todos los de la Unión Europea (excepto Portugal y Grecia), gran parte del resto de Europa, Israel, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Rusia, etc, estando pisándonos los talones tanto China como la India con un 0,8% del PIB. Esta misma situación precaria se reproduce si nos referimos al número de científicos por cada mil habitantes (por ejemplo, Israel nos triplica) o el personal total (incluyendo científicos, ingenieros, técnicos y personal auxiliar) dedicado a Investigación y desarrollo. En este punto representamos aproximadamente 1/5 de las de Alemania, 1/4 de las de Francia, 1/3 de las de Reino Unido, ½ de las de Italia y, nada menos, que 1/20 de las de Japón.

Sorprendentemente, a pesar de la escasez de medios dedicados al sistema científico en España, nuestros científicos han conseguido en los últimos años mejorar muy sensiblemente la cantidad y la calidad de la Ciencia española. Nuestra producción, en 1984, solo representaba el 0,9 % del total mundial, el 2,5 % de EE.UU., el 20 % de Francia, el 15% de Alemania, el 13 % de Gran Bretaña y el 39 % de Italia. Al cabo de 8 años esos porcentajes, en general, se habían duplicado, significando la producción científica española el 2 % de la mundial, lo que le lleva a ocupar un muy honroso duodécimo puesto mundial.

CALIDAD.Respecto a la calidad de las investigaciones, buena parte de los estudios bibliométricos que se realizan en el mundo, se apoyan en los bancos de datos del ISI de Filadelfia. Estos datos recogen, prácticamente, a todas las publicaciones científicas importantes del planeta, analizando el impacto de la revista científica, así como el de los artículos. El impacto es una medida del número de veces que es citado un artículo en los años sucesivos tras su publicación, es decir, que el impacto, con todas sus limitaciones, sirve como una medida relativa tanto de la calidad de la revista científica como de la de los trabajos científicos que se consideren. Siempre se parte del supuesto que un trabajo es mejor cuantas más veces es citado posteriormente por otros investigadores, en sus propias investigaciones. ¿Qué calidad muestra la Ciencia española?. Aunque se encuentra por debajo de la media de la de los países de la Unión Europea, pero su impacto aumentó en 8 años un 48 %, mientras que el incremento medio de todos los grandes países mundiales solo fue de un 30 %, es decir, que nuestro ritmo de aumento fue un 50 % superior al de los demás

Concretando ello en nuestras comunidades autónomas la situación es dispar, Por una parte la centralización científica española ha hecho que entre Madrid y Cataluña superen por sí solas a todo el resto de la Ciencia del país, a pesar de que en población suponen tan solo un 28 % del total nacional. Por otra parte, la productividad científica de cada comunidad autónoma habría que ponerla en relación con el número total de sus habitantes. Por lo que más directamente pueda concernirnos, la Comunidad Valenciana supera el 6 % de la producción científica nacional, Murcia rebasa el 2% y Castilla- La Mancha, con reciente implantación de su Universidad, se queda en algo más del 0,2 %. Si asimilamos las cifras a los habitantes respectivos, se puede establecer una clasificación científica de las 17 comunidades autónomas, que lógicamente está encabezada por Madrid y Cataluña, siguiendo sucesivamente Aragón, Cantabria, Asturias y Murcia, continuando con Castilla-León, Navarra, Valencia, Andalucía, etcétera.

PERSPECTIVAS. La meta deseable sería la de alcanzar, científicamente, la media de la Unión Europea. Pero ello, necesariamente, significa la obligación de realizar un esfuerzo adicional presupuestario en el sistema de Ciencia español. Dado el abismo previo existente, aun reconociendo la mejora de los últimos años, al ritmo actual necesitaríamos decenas de años para lograr ese objetivo. Y no podemos olvidar que el desarrollo científico de un país guarda una estrecha relación inversa con lo que se paga por royalties, derechos de patentes e innovaciones a otros países más desarrollados científica y tecnológicamente.

Otro punto grave de preocupación, señalado recientemente por el investigador Ángel Pestaña, en la revista Nature, es el de la congelación de los puestos de trabajo estables como investigadores. La media anual ofertada estos últimos tres años no ha alcanzado, en todo el territorio nacional, los 45, en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, principal organismo investigador del país. Si a ello se une la ínfima cantidad de becas de Investigación existentes para los jóvenes titulados, ello hace que las jóvenes y, en general, bien preparadas generaciones, que salen cada año de nuestras universidades, se encuentren con un panorama desolador que, de perdurar, puede ocasionar un inmenso daño no tanto a ellos sino a todo el país. Y otro grave defecto de la Ciencia española es la falta de trayectoria investigadora industrial, que no alcanza siquiera el 30 % del total de la Investigación, mientras que en países como EE.UU la cifra correspondiente supera el 70 %.

Por tanto, el paisaje de la España científica constituye un claroscuro en el que la penumbra o la oscuridad es la escasez de fondos destinados a la Ciencia y la tecnología, mientras que la parte clara y positiva sin duda es la preparación y el rendimiento de los científicos españoles.