Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Nobel Científicos 1996

Aunque los de Literatura y de la Paz suelen ser controvertidos, los Premios Nobel de Física, Química y Medicina, normalmente, están acompañados de gran prestigio y carentes de grandes discusiones ya que suelen corresponder a investigadores brillantes y contrastados, cuyos resultados han sido plenamente confirmados y desarrollados.

Y ello es así a pesar de que, según voluntad de Alfred Bernhard Nobel, los premios se deberían conceder a "aquellos quienes en el año precedente hubiesen proporcionado los mayores beneficios para la Humanidad en los campos de la Física, la Química, la Fisiología o Medicina, la Literatura y la Paz". Sus disposiciones establecieron que la concesión de los Premios Nobel de Física y Química le correspondía a la REAL ACADEMIA SUECA DE CIENCIAS, el de Fisiología o Medicina al REAL INSTITUTO MÉDICO - QUIRÚRGICO KAROLINSKA, el de la Literatura a la ACADEMIA SUECA y el de la Paz a un COMITÉ noruego nombrado por el PARLAMENTO DE NORUEGA. En el año 1901 se inició la concesión de los premios, tan solo interrumpida algunos años debido, sobre todo, a las dos guerras mundiales. El primero de Medicina fue para el alemán Emil Adolf von Behring, por sus trabajos sobre terapia sérica; el de Física, al también alemán Wilhem Roentgen, descubridor de los rayos X, y el de Química, al holandés Jacobus Vant´ Hoff, por sus estudios osmóticos. El ritual se ha conservado desde entonces, con tan solo dos variaciones importantes: a) considerarlos como premio para la producción global, en lugar de la del año precedente; b) la incorporación de uno nuevo, el de Economía, en 1969, patrocinado por el BANCO DE SUECIA. Resumamos la cosecha Nobel científica del año 1996.

MEDICINA. De entre las múltiples propuestas en poder del Comité correspondiente desde el pasado mes de febrero, el pasado lunes se anunciaba su concesión a Peter C. Doherty y a Rolf M. Zinkernagel. El australiano Doherty cumplirá 56 años el próximo día 15. Cursó Veterinaria en Queensland, Australia, doctorándose en 1970 en la Universidad de Edimburgo, en Escocia. A partir de 1972 volvió a la UNIVERSIDAD NACIONAL AUSTRALIANA DE CAMBERRA y se estableció definitivamente, hace 6 años, en USA "por el tremendo respaldo financiero que allí tienen las investigaciones biomédicas". Dirige actualmente el Departamento de Inmunología del HOSPITAL INVESTIGADOR PEDIÁTRICO DE SAN JUDAS de Memphis, en Tennessee. En cuanto a Rolf M. Zinkernagel, suizo, de 52 años, estudió Medicina en Basilea y la tesis doctoral la realizó en la FACULTAD DE MEDICINA JOHN CURTIN DE CANBERRA, con el profesor Diherty, entre 1973 y 1975. Actualmente, dirige el Instituto de Inmunología Experimental de Zurich, en Suiza.

El trabajo galardonado lo realizaron ambos investigadores entre 1973 y 1975, y constituyó el doctorado de Zinkernagel. Los principales resultados fueron publicados en 1974 en dos artículos, en la revista NATURE y en la revista LANCET, respectivamente, en 1975. En el sistema inmune participan diferentes células blancas, incluyendo en ellas a los linfocitos T y B, cuyas funciones comunes son las de proteger al individuo contra las infecciones, mediante la eliminación de los microorganismos invasores y de las células infectadas. Simultáneamente el sistema debe evitar dañar al propio organismo. Por ello, es necesario un sistema de reconocimiento, que discrimine, por un lado, entre microorganismos y células infectadas y, por el otro, a las células normales. Pero, además, el sistema debe ser capaz de determinar cuando deben activarse las células blancas con capacidad de matar. En estas investigaciones Doherty y Zinkernagel usaron ratones infectados con virus productores de meningitis y estudiaron los linfocitos T, células asesinas o matadoras, que se producen como respuesta inmunológica a la infección. Comprobaron, in vitro, que estas células eran capaces de reconocer, atacar y matar selectivamente a las células del ratón infectadas con el virus, descubriendo que ello era debido a que esos linfocitos T reconocían, mediante receptores específicos, simultáneamente a las moléculas extrañas (antígenos) procedentes del virus invasor, así como también a las moléculas propias (antígenos de presentación; antígenos mayores de histocompatibilidad), de modo que eran capaces de atacar a las células propias infectadas por el virus pero no actuaban sobre células infectadas por el mismo virus pero procedentes de otros ratones.

El descubrimiento, en los términos expresados por el Comité Nobel " ha constituido la base para la comprensión posterior de la especificidad del sistema inmune celular", y tuvo un inmediato impacto sobre toda la Investigación inmunológica y la medicina clínica, tanto en enfermedades infecciosas como en condiciones crónicas inflamatorias como enfermedades reumáticas, diabetes y esclerosis múltiple. Uno de sus resultados más brillantes ha sido el de ayudar a desarrollar mejores tratamientos y a obtener vacunas más eficaces, así como el cooperar al desarrollo de vacunas para luchar contra las metástasis en diversas formas de cánceres.

FISICA. Esta semana se anunció que el Premio Nobel 1996 sería compartido por tres norteamericanos, David M. Lee, Douglas D. Osheroff y Robert C. Richardson, los dos primeros de la UNIVERSIDAD DE CORNELL, Itaca, Nueva York y el tercero de la UNIVERSIDAD STANFORD de California. Con ello se destaca un hecho esencial en la Física de baja temperatura cual es el descubrimiento, a principios de los 70, de la superfluidez del helio-3 a temperaturas de dos milésimas de grado por encima del cero absoluto (-273,15 ºC). La superfluidez no es comprensible en términos de Física clásica: los átomos súbitamente pierden sus movimientos al azar y se mueven coordinadamente, por lo que el líquido pierde toda su fricción interna, su viscosidad. Estos conocimientos han dado lugar a una nueva forma de la Física cuántica. Recientemente, dos equipos investigadores han utilizado estos principios para realizar pruebas preliminares respecto a ciertas teorías sobre el papel de las "cuerdas cósmicas" en la formación del universo. Estos inmensos objetos hipotéticos, que podrían haber jugado un importante papel en la formación de las galaxias, aparecerían como consecuencia de una rápida transición de fase ocurrida una fracción de segundo tras el BIG BANG.

QUIMICA. No ha sido una sorpresa. Los fullerenos se lo merecían y sus descubridores, los norteamericanos Robert F. Curl y Richard E. Smalley y el británico Harold W. Wroto, han sido laureados por sus hallazgos, comenzados en 1985. Tal como en una colaboración expusimos en su momento, los fullerenos son unas moléculas capsulares, en forma de balón de fútbol, con un número elevado de átomos de carbono, 60 o más. Sus propiedades están resultando ser muy interesantes en muchos campos, desde la astroquímica a la superconductividad. A ello se suma la posibilidad de unirse a otros átomos diferentes así como su relativa sencilla producción, todo lo cual abre unas perspectivas enormes a este nuevo tipo de moléculas.