Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Pero, ¿estamos solos?

En una ocasión le comentaron al gran físico y Premio Nobel italiano Enrico Fermi la posibilidad de la existencia de vida extraterrestre. Fermi rechazó abruptamente la discusión con un "decidme donde están". Años después, otro Premio Nobel, de Medicina, el biólogo francés Jacques Monod escribía con desesperanza: "Finalmente el hombre sabe que está solo en la incomprensible inmensidad del Universo, en el que ha emergido únicamente por azar".

Sin embargo, en la actualidad podemos calificar la situación de más compleja, ya que los astrónomos han comenzado a descubrir la existencia de planetas extrasolares en nuestra galaxia que contienen agua y están situados en las cercanías de estrellas semejantes a nuestro Sol. Ello significa que son sistemas que, en principio, podrían reunir las condiciones precisas para la existencia de ciertas formas de vida.

LA TIERRA. La filosofía antigua señalaba a la Tierra como protagonista central del drama cósmico del Universo. Por ello, su simple especulación sobre la posible existencia de otros mundos habitados condujo al filósofo Giordano Bruno hasta la hoguera, hacia el año 1600. Pero los descubrimientos de Copérnico y Galileo provocaron un cambio radical en la situación. Hoy sabemos que el Universo se originó de un modo, aun discutido, pero situado hace unos 13.000 millones de años. Tan "solo" cien millones de años después comenzaron a formarse los primeros cuásares y galaxias. Nuestra Vía Láctea, una más entre millones y millones de galaxias, apareció unos 1.500 millones de años tras el BIG BANG o GRAN EXPLOSIÓN. La Vía Láctea posee centenares de miles de millones de estrellas del mismo tipo que nuestro Sol. Concretamente, nuestro sistema solar es relativamente joven pues data de hace unos 5.000 millones de años. Diversas aproximaciones científicas han establecido la edad de la Tierra en 4.600 millones de años, cabiendo esperar, cataclismos aparte, que la energía del Sol permanecerá calentando la Tierra, sustentando la vida, durante los próximos 5.000 millones de años. Pero, ¿cómo se origino la vida en la Tierra?.

El punto de vista tradicional biológico consideraba la vida como un accidente, resultado de una improbabilísima concatenación de moléculas y circunstancias, lo que parecía concorde con el 2º principio de la Termodinámica que señala que el Universo gana entropía, desorden, dirigiéndose inexorablemente hacia el caos total. La vida, pues, sería un accidente estadístico. Sin embargo, paulatinamente gana terreno otro punto de vista: la complejidad surge espontáneamente a través de los procesos de autoorganización; la materia y la energía tienden a amplificar y canalizar la complejidad organizada.

VIDA INTELIGENTE. Tras la formación de la Tierra los grandes acontecimientos relacionados con la aparición de la vida se pueden resumir cronológicamente así: hace 3.900 millones de años ya existían las rocas y simultáneamente la química prebiótica hizo que se produjesen moléculas del tipo de las que conocemos hoy como ácidos ribonucleicos, a partir de oligonucleótidos aleatorios y de catalizadores; hace 3600 millones de años aparecieron los primeros organismos unicelulares, que han monopolizado el 80% de todo el periodo de vida sobre la Tierra. No fue hasta hace 1.000 millones de años cuando surgieron los primeros seres pluricelulares. Y la vida inteligente, característica del homo sapiens, solo tiene lugar en los últimos 200.000 años, lo que representa únicamente el 0,0004% del periodo total de existencia de la Tierra.

Por lo que acabamos de ver no bastaría con la existencia de miles de millones de planetas que fuesen semejantes a nuestra Tierra para que pudiera haber vida extraterrestre inteligente. Hemos de tener en cuenta otras consideraciones adicionales. Por ejemplo, que la longevidad media de los mamíferos terrestres se ha calculado, para las diferentes especies, en unos dos millones de años. La de nuestro antecedente más directos, el homo erectus fue de 1,4 millones años, mientras que la del hombre de Neandertal tan solo alcanzó 200.000 años. Para el cálculo de la longevidad de nuestra actual civilización inteligente el científico J. Richard Gott, en un estimulante artículo publicado en Nature, realizó una aproximación matemática basada en los límites mínimo y máximo para alcanzar el 95% de confianza en la estimación de diversos acontecimientos. Y, esos límites, para la civilización actual, con sus ya cumplidos 200.000 años de existencia, quedarían establecidos entre los 5.000 años y los 7,8 millones de años. Ello significa que sería razonable suponer que el homo sapiens permanecerá sobre la Tierra un periodo medio en torno a los dos millones de años. Fijémosnos en que esta cifra, si se alcanzase, tan solo supondría un 0,04% de la edad total de la Tierra. Es decir, que la estancia del homo sapiens sobre la Tierra será muy corta respecto a la edad total de este planeta.

VIDAS EXTRATERRESTRES. Por extrapolación de los datos anteriores, podemos admitir como válido el punto de partida de la posible existencia de vida, de vida inteligente, en otros planetas lejanos. Pero para que tuviésemos conocimiento de ello tendría que concurrir la coincidencia temporal entre los mínimos porcentajes de tiempo vividos en sus respectivas ubicaciones por las diferentes posibles civilizaciones, aparte del problema de la existencia o no de adecuados medios de comunicación entre tales civilizaciones interplanetarias lejanas.

Otra variante que se nos presenta es la de imaginarnos otros mundos cuyas químicas sean diferentes a la nuestra. Ello no es muy probable, ya que está comprobado que el Universo es esencialmente rico en hidrógeno y en compuestos orgánicos, lo que apunta hacia una cierta identidad química general. Identidad confirmada por hallazgos tan interesantes como el del bioquímico español, e investigador de la NASA, Juan Oró demostrando que moléculas tales como los neurotransmisores glicina, ácido glutámico y ácido gamma aminobutírico, tan importantes para la transmisión de impulsos nerviosos en los sistemas vivos, se han encontrado incluso en meteoritos como el Murchison. Por ello, para Oró el asunto está claro, opinando que: "es razonable que la vida exista en otros sistemas planetarios...El Universo no solo está preparado para la emergencia de la vida, sino también para la aparición de la inteligencia...el Universo puede estar poblado por otras civilizaciones, incluso más inteligentes que la que vive en nuestro pequeño planeta azul".

Ya que algunos científicos creen razonable la existencia de vida extraterrestre parece oportuno que, en la próxima colaboración nos ocupemos concretamente de algunos de los proyectos científicos que los humanos ya estamos desarrollando para intentar descubrir esos posibles mundos inteligentes extraterrestres. Tales proyectos incluyen observaciones de satélites, próximas operaciones en el telescopio Hubble, datos de naves espaciales como la Galileo y, sobre todo, el uso de una serie de radiotelescopios continuamente en funcionamiento con la misión de recoger y analizar los posibles mensajes que pudieran estar enviándonos las civilizaciones inteligentes planetarias extrasolares. La propia NASA, diversos ministerios americanos y variadas Universidades e Instituciones son los patrocinadores de estos proyectos cuyo carácter científico y actual debe ser destacado.