Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

El discutido Proyecto Haarp

Las regiones árticas tienen un valor científico inigualable por lo que no es de extrañar que rusos y americanos discutan la primacía de determinadas iniciativas y zonas. Hace unos días los medios de comunicación se referían al incidente provocado por la colocación de una bandera rusa en los fondos marinos del polo sur. No lejos de allí, a menos de 3000 kms de distancia, en Alaska, se encuentra la pequeña población (215 habitantes) de Gakona, adyacente al Parque Nacional Wrangell-St.Elias. Y, en las proximidades de Gakona, sobre una parcela de unos 150.000 metros cuadrados la Fuerza Aérea Americana posee las instalaciones del complejo HAARP (High Frequency Advanced Auroral Research Project), o programa de investigación de aurora activa de alta frecuencia.

¿Cuáles son sus propósitos?. Las contestaciones dependerán de los interlocutores e irán desde la loable y pura investigación básica a las más abominables acciones destructivas como la creación de catástrofes climáticas. 

IONOSFERA
Recordemos que nuestro planeta está protegido por la atmósfera, que se divide en varias capas. La primera es la troposfera, que se extiende unos 16 kilómetros desde el nivel del suelo. Entre los 16 y los 48 kilómetros se sitúa la estratosfera, donde se encuentra el ozono. Desde los 48 a los 350 kilómetros de altura se extiende la ionosfera. Aquí, el aire es menos denso y las radiaciones energéticas que llegan del exterior convierten las moléculas de gases en iones, de ahí el nombre de ionosfera.  Más allá se encuentran los llamados “cinturones de Van Allen”, que captan ciertas partículas energéticas que intentan penetrar en la Tierra desde el espacio exterior.

La presencia de iones y electrones en la ionosfera hace que la radiación electromagnética de origen terrestre pueda ser absorbida, reflejada y distorsionada. Ello causa fenómenos como el que una emisora de radio FM cuyo rango de alcance sea de unas decenas de kilómetros durante el día pueda llegar en algún momento de la noche y en algún lugar específico hasta miles de kilómetros de lejanía.

El conocimiento de la ionosfera es básico para el funcionamiento de buena parte de los sistemas de comunicación de alta frecuencia y distancia conocidos (entre ellos los GPS y el resto de satélites) ya que en sus ondas interfieren con la ionosfera.

HAARP
El proyecto HAARP comenzó en 1993 (http://www.haarp.alaska.edu/haarp/index.html) y se unió a otros proyectos parecidos en el mundo buscando una mejor comprensión de la ionosfera y el uso práctico de sus propiedades para aplicaciones concretas. Entre ellos se pueden citar algunas militares, americanas, comp las del Project Starfish (1962), el SPS o Solar Power Satellite Project (1968), posteriormente convertido en el SPS Military Implications (1978), etc.  En otros países también existen proyectos relacionados con el estudio de la ionosfera como son los calentadores ionosféricos de Arecibo, Puerto Rico, Noruega o la antigua Unión Soviética.

El HAARP pronto se convirtió en el más ambicioso de todos los proyectos. Las instalaciones, que se acaban de completar con los más complejos y sofisticados instrumentos de investigación cuentan, desde el año 2004, entre otros sistemas con un reticulado rectangular de 15x12=180 antenas orientadas al cielo que emiten señales de alta frecuencia (2,8-10 MHzs) con una potencia total emisora superior a 1 gigawatio. Los pulsos emitidos por las 180 antenas del proyecto HAARP estimulan a la ionosfera que actúa con un efecto espejo creando ondas específicas capaces de recorrer grandes distancias a través de la atmósfera inferior, para penetrar luego dentro de la Tierra y tras los correspondientes análisis servir para encontrar depósitos de misiles, túneles subterráneos, recursos minerales, permitir la comunicación con submarinos sumergidos, etc.

Otra posibilidad del HAARP es interaccionar con el electrojet. ¿Qué es el electrojet?. Existe una electricidad flotando sobre la Tierra llamada electrojet aureal y al depositar energía en ella se varía el medio, cambiando la corriente y generando ondas LF (Low Frecuency) y VLF (Very Low Frecuency). HAARP tiene la posibilidad de acercar el electrojet a la Tierra con el objetivo de aprovecharlo en una gran estación generadora consiguiendo hacer realidad, en cierto modo, el efecto TESLA de transmisión de grandes cantidades de energía mediante ondas. Los efectos pueden afectar a fenómenos climáticos, comunicaciones eléctricas y por cable e, incluso algunos piensan, al propio comportamiento humano.

AGOREROS
Mientras los defensores del HAARP aducen un sinfín de ventajas de carácter científico, geofísico y militar, sus detractores están convencidos de que podría tener consecuencias catastróficas para nuestro planeta, desde arriesgadas modificaciones en la ionosfera, hasta la manipulación de la mente humana. Existen libros e infinidad de artículos críticos y se ha intentado involucrar en el tema a diferentes organismos internacionales. Algunos llegan a afirmar que es un proyecto para manipular el mundo e, incluso, ya le atribuyen la autoría de maremotos, terremotos, inundaciones o sequías concretas.

Existe un punto de partida inicial incontrovertible y es el de que la energía impulsada a la ionosfera por el HAARP sería tan sólo un ínfima parte de las radiaciones que le llegan de un modo natural y que la frecuencia de la radiación es bastante diferente de la que puede causar peligro para los seres humanos. En todo caso este tipo de proyectos es el ejemplo de los que deberían ser objeto de la opinión y de un cierto control social ya que, posiblemente de un modo leve, con ellos se modifican sistemas muy delicados como el de la ionosfera, en los que las consecuencias de las variaciones son difíciles de predecir. 

Para finalizar con un poco de ironía se podría citar la frase de Pablo Capanna, filósofo, periodista, docente y escritor nacido en Italia y radicado en Argentina que es profesor en la Universidad Tecnológica Nacional: “Podrá discutirse si el HAARP es o no peligroso, pero existe algo mucho peor a lo cual parece que nos hemos acostumbrado. Se trata de una vasta red planetaria de antenas, cuyas ondas atraviesan la ionosfera y rebotan hasta en los lugares más recónditos del globo. Sus pestíferas radiaciones reblandecen el cerebro de los mamíferos superiores, provocando una encefalopatía espongiforme peor que en las vacas. Suelen inducirlos a quedarse horas pasmados ante un hato de prójimos en cautiverio como si miraran un criadero de pollos, o a extasiarse ante algunos ejemplares que se enroscan afanosamente en un barrote vertical. Es la televisión, claro...”