Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Vida celestial

Los continuos sobresaltos que nos transmiten los medios de comunicación sobre las aventuras y desventuras de la estación espacial rusa MIR son la mejor demostración de que su tiempo de vida útil ya hace bastantes años que fue sobrepasado y que sigue siendo operativa tan solo porque las penurias económicas rusas no dan para más y porque los resultados de las más de 140 investigaciones científicas que allí se han realizado están siendo de gran valor.

La solución para los problemas de la MIR, su sustitución por otra estación espacial mucho mejor y más ambiciosa, está próxima y se llama la Estación Espacial Internacional. Precisamente, sobre este proyecto, durante una semana, hasta el pasado jueves día 26, a través de Internet, han tenido lugar una serie de tele videoconferencias interactivas y abiertas. Los participantes, en todo el mundo, han sido desde pequeños escolares hasta los más preparados profesionales y científicos, pasando por un buen número de empresarios y hombres de negocios. El momento escogido es oportuno, ya que hace menos de un mes tuvo lugar, en Washington, la firma del Acuerdo intergubernamental entre Estados Unidos, Canadá, Japón, Rusia y los países miembros de la Agencia Espacial Europea, entre ellos España, para la construcción, puesta en órbita, operaciones y funcionamiento de la nueva Estación Espacial Internacional, cuyo primer módulo será lanzado próximamente. Será un laboratorio permanente dedicado a las investigaciones a largo plazo, diseñadas y controladas humanamente, pero realizadas en un ambiente de microgravedad único, inexistente en la Tierra. Las investigaciones se centrarán en dos áreas dominantes: ciencias de la vida y Ciencia de los materiales.

PRECEDENTES. En el presente año culminan muchos esfuerzos previamente realizados al respecto. En 1995 ya tuvieron lugar muchas operaciones de la fase I del proyecto y se habían fabricado más de 10 toneladas de los primeros componentes de la dotación física de la Estación. Esa fase I incluía un módulo-almacén, la cubierta para el equipo de conversión de la corriente eléctrica y el pasillo de conexión con los laboratorios. La mayor parte de la fase II, ahora en fase de terminación, ha sido construida en Rusia, aunque adquirida por Estados Unidos, e incluye el bloque de la energía, el almacén de combustible, la propulsión y otros diversos elementos. Otras colaboraciones internacionales incluirán, en el año 2000 un módulo japonés de experimentación, en febrero del año 2001 un laboratorio de la Agencia Espacial Europea y, en febrero del año 2002, un módulo de alojamiento americano. Ese mismo año, será adosado a la Estación un segundo vehículo que pueda facilitar cualquier evacuación de emergencia.

Una vez terminada, el tamaño de la Estación superará al de un estadio de fútbol, pesará cerca de 500 toneladas y el espacio presurizado en el que, usualmente, se desenvolverán sus ocupantes será superior al total disponible en la actualidad en un gran reactor 747. Además, contará con 7 sofisticados laboratorios: dos americanos, tres rusos, uno japonés y otro europeo. La batería solar principal, de origen americano, será capaz de generar, en sus cuatro módulos orientables solarmente, hasta 92 kilovatios. La Estación se situará a una altura de unas 240 millas y espontáneamente tenderá, suavemente a perder un poco de altura, por lo que cada 90 días necesitará un pequeño impulso energético para recolocarla en su lugar. Desde la Estación se podrá observar un 85% de la superficie del globo, en el que se agrupa un 95% de la población total de la Tierra.

Desde ahora, hasta alcanzar su completo funcionamiento, en junio del año 2002, se harán 73 vuelos para ir completando la Estación. De ellos 27 se harán con una Lanzadera espacial americana, y 44 con vehículos rusos Proton y Progress, reservándose un vuelo para el vehículo ucraniano Zenith y otro para el Ariane 5 europeo que transportará un módulo Columbus.

PUNTO DE PARTIDA. Los resultados científicos ya obtenidos, en la situación de microgravedad de la estación MIR, son muy prometedores. Entre los muchos datos interesantes existentes podemos destacar, al menos, tres campos: a) Biología Molecular y celular en microgravedad. Se han podido hacer crecer cristales de proteínas 30 veces más rápidamente que con las condiciones convencionales terrestres. Los ensayos de cultivos de tejidos se han podido alargar en el tiempo hasta el límite de meses, en lugar de semanas; b) Biología humana. Se han recogido datos importantes. Entre ellos, los relativos a las velocidades de pérdidas óseas; c) Biología vegetal. Diversas plantas se han sembrado y cultivado con éxito, lo que es un requerimiento previo para la autosuficiencia de las expediciones espaciales en el futuro.

Los anteriores logros son un buen punto de partida para que la futura Estación Espacial sirva de fuerza motora para poner a punto nuevas tecnologías emergentes que sirvan para propósitos varios, que irán desde avances en investigaciones médicas, que beneficiarán a la Humanidad, hasta el desarrollo de nuevos materiales y procesos con potencialidad industrial.

CIENCIA DE ALTURA. Tanto la NASA como los diversos países participantes (En España, por ejemplo, también existen convocatorias de ayudas específicas a la Investigación espacial) tienen estudiados variados proyectos de Investigación, entre los que se incluye la profundización en el crecimiento de cristales de proteínas en microgravedad ya que su alto rendimiento puede ayudar a determinar la estructura y función, en muchos casos aun desconocida, de muchas proteínas, así como a adquirir información valiosa para mejorar el diseño de fármacos en enfermedades que tienen que ver con el cáncer, diabetes, enfisema, infecciones parasitarias o desórdenes inmunológicos.

Asimismo, se espera que la casi ausencia de gravedad permita profundizar en aspectos concretos relacionados con la salud y fisiopatología humanas, aprovechables posteriormente para la prevención y tratamiento de las enfermedades relacionadas con las funciones pulmonares, cardíacas, renales o cardíacas, la osteoporosis o los desórdenes endocrinos y cerebrales. También se adquirirá experiencia con respecto a la permanencia, largos periodos de tiempo, en condiciones semejantes a las que pudieran haber en unos futuros largos viajes espaciales a alguno de nuestros cuerpos celestes más próximos.

Un tercer aspecto de interés es que, a bordo, los técnicos y miembros de la tripulación podrán estudiar procesos tecnológicos materiales en situación en que la gravedad no constituya un obstáculo. Los materiales a investigar incluyen polímeros (usados en la Tierra para multitud de aplicaciones diferentes), semiconductores para la electrónica y para los superordenadores de alta velocidad, así como superconductores que permitan una mejor eficacia del funcionamiento de los instrumentos electrónicos.

En resumen, el primer módulo, ruso, de la Estación Espacial Internacional, ya se encuentra casi dispuesto a su lanzamiento en la base de Baikanur, en Kazakstan. Cuando, dentro de pocos meses, llegue a su destino de ser el punto de partida de la Estación Espacial Internacional, ello será servirá de constatación de que, para bien de la Humanidad, la cultura de la paz y de la colaboración internacional puede sustituir a la cultura de la confrontación, que tan devastadores efectos ocasionan.