Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

ESO: Un buen triunfo

No nos vamos a referir a los muy discutibles frutos de una determinada reforma educativa, sino al European Southern Observatory (ESO), el Observatorio Europeo del Sur, situado en Chile, en el que acaban de iniciarse, con gran éxito, las actividades del tercero de sus grandes telescopios de 8,2 m de diámetro.

La Comisión de Bruselas, en un documento sobre "un espacio europeo para I+D", indicaba hace unos pocos días que "la Investigación y la Tecnología representan ya entre una cuarta parte y la mitad del crecimiento económico". La Europa científica avanza y la situación de la Ciencia europea, como mínimo, puede calificarse de interesante, con una producción científica -medida por las publicaciones- que supera a los Estados Unidos, aunque su impacto, sobre todo el tecnológico, sea bastante inferior. Los europeos nos podemos sentir bastante orgullosos de algunos de los proyectos en los que participamos, encuadrados dentro de la conocida como "Gran Ciencia", es decir, proyectos muy ambiciosos que necesitan la colaboración internacional. Entre ellos destacan los astronómicos destinados a conocer mejor los aspectos fascinantes del Universo como son sus orígenes, su comportamiento, su destino, la posibilidad de existencia de vida extraterrestre, etcétera.

EVOLUCIÓN. Copérnico y Galileo mostraron que la Tierra giraba alrededor del Sol y también fueron astrónomos europeos los que vieron que el Sol era tan solo una estrella entre las miles de millones que pueblan la Vía Láctea. Además, la Ciencia Astronómica Europea ha sabido evolucionar en paralelo y participar en los grandes desarrollos tecnológicos: placas fotográficas sustituidas por detectores fotoelectrónicos enlazados a pantallas de vídeo, utilización de todas las longitudes de onda, no solo las luminosas, del espectro electromagnético, paso de la astronomía óptica a la radioastronomía, etc. Hoy día, además de la astronomía óptica, existe la de rayos X, la de rayos gamma, las ultravioleta (próxima y lejana), la infrarroja (próxima y lejana) y toda la gama de radioastronomías que van desde el submilímetro hasta los varios metros.

En todos estos campos la contribución europea es notable, incluso en las tecnologías que necesitan observatorios espaciales. Así, Europa participó con un 15% en la construcción del telescopio espacial Hubble y la Agencia Espacial Europea (ESA) desarrolla o ha desarrollado, entera o parcialmente, programas como el satélite de rayos gamma COS-B, los de rayos X EXOSAT y ROSAT, y el infrarrojo IRAS. Por otra parte los mejores radiotelescopios terrestres europeos se unieron en la Red Europea VLBI (interferometría de línea muy grande) que permite enlazar entre sí telescopios muy separados para poder observar las fuentes de radio con un extraordinario detalle. En otras ocasiones nos hemos referido a la colaboración intereuropea que se desarrolla en el Instituto de Astrofísica de Canarias. Ahora, nos detendremos en la más activa de las colaboraciones intereuropeas, la del ESO u Observatorio Europeo del Sur.

ESO. El aire nubloso y turbulento de Europa Occidental es muy poco adecuado para los observatorios ópticos. Por ello, un sueño europeo era el de crear un gran Observatorio del firmamento en el hemisferio Sur, donde las nubes de Magallanes y el centro de la Vía Láctea están disponibles fácilmente. En 1962, Bélgica, Francia, la RFA, los Países Bajos y Suecia fundaron el ESO, al que se adhirieron poco después Dinamarca, Italia y Suiza. Su sede central está en Garching, cerca de Munich, pero las instalaciones de observación se ubicaron en La Silla, en el desierto de Atacama, a 2.400 m de altitud y a 600 kilómetros al Norte de Santiago de Chile, donde se colocaron catorce diferentes telescopios, con diámetros de hasta 3,6 m, así como un radiotelescopio de submilímetros de 15 m, con todos los cuales se puede trabajar desde los centros de Investigación europeos. Con ellos, en 1998, un equipo suizo descubrió la existencia de uno de los primeros planetas extrasolares conocidos, una estrella situada a 35 años-luz de la Tierra, que orbitaba alrededor de Gliese 86, un pequeño Sol menor que nuestro Sol.

Un gran científico, antes en la Zeiss y ahora en la ESO, Raymon Wilson, hace unos años dio con la solución para el problema de construir y mantener con precisión la superficie óptica de un gran telescopio reflector, ya que este era el factor que limitaba el tamaño de los telescopios ópticos. Su solución utiliza un espejo delgado, algo flexible, fabricado con un material compuesto especial, vitrocerámico, que ajusta continuamente su forma, controlado por un ordenador, mediante una técnica denominada de óptica activa. Este fue el método usado para construir, también en La Silla, el llamado telescopio de Nueva Tecnología de 3,5 m, que ha constituido un gran éxito.

LOS VLT. ¿Por qué no avanzar más en ese camino?. Los países europeos del ESO decidieron usar esta nueva tecnología para construir un supertelescopio VLT (Very Large Telescope) que constaría de cuatro telescopios unitarios de más de 8,2 m cada uno, situados en fila, así como de tres telescopios auxiliares de 1,8 m. A los telescopios también se les adosaría un gigantesco interferómetro. El lugar elegido para su instalación fue el cerro Paranal, en una montaña a 2.600 m de altitud, en la parte seca del desierto chileno de Atacama. Los cuatro telescopios unitarios del VLT podrán funcionar con independencia o en cualquiera de las combinaciones posibles, pudiendo alcanzar, combinados, una resolución angular equivalente a la de un telescopio de 200 m de diámetro, con una potencia decenas de veces superior a la del muy conocido telescopio americano de 5 m del Monte Palomar, que durante casi medio siglo ha constituido una norma de excelencia para la astronomía óptica.

El VLT es actualmente el telescopio óptico más potente de la Tierra y es europeo. ¿Cuál es su situación actual?. Bautizados con nombres celestiales de la lengua nativa Mapuche, el primer telescopio ANTU (el Sol) se puso en brillante funcionamiento en mayo de 1998. El segundo, KUEYEN (la Luna) inició su gran andadura científica en marzo de 1999. El tercero, MELIPAL (la Cruz del Sur) tuvo su feliz alumbramiento hace unas fechas, la noche del 26 de enero del 2000, con unos primeros resultados que la directora general del ESO, la Dra. Catherine Cesarky, ha calificado de excelentes por la calidad y resolución de las imágenes obtenidas. Este mismo año se espera que también estará operativo el cuarto y último telescopio, YEPUN (constelación Sirio), con lo que los astrónomos europeos podrán alcanzar y estudiar los objetos más débiles y lejanos de nuestro Universo.